«Para unas cosas, paso de tortuga; para otras, en menos que canta un gallo». El Gobierno, que destituyó a un alto cargo de Moncloa cinco meses después de que se conociera que había denuncias de acoso sexual contra él, ha sido mucho más diligente a la hora de recibir a la persona que se querelló contra Adolfo Suárez por presuntos abusos ocurridos hace 40 años.
La denuncia contra el expresidente fue presentada el pasado 9 de diciembre, y el 7 de enero la ministra de Igualdad, Ana Redondo, recibió a la denunciante.
En el caso de Paco Salazar, secretario general de Coordinación Institucional en el Gabinete de la Presidencia del Gobierno cuando fue destituido, no consta que las víctimas hayan sido recibidas en el Ministerio de Igualdad ni que se les haya pedido disculpas en persona.
Las denuncias contra Salazar fueron presentadas en julio a través del canal interno del PSOE, pero hasta diciembre —cuando trascendió que la investigación interna se estaba dilatando y que los testimonios de las víctimas ya no eran accesibles— la ministra Redondo no calificó de «indignos» los comportamientos.
Tampoco consta que Redondo se haya reunido con las mujeres que denunciaron al presidente de la Diputación de Lugo, José Tomé, ni con las que acusaron al senador y miembro de la Ejecutiva Javier Izquierdo.
«¿Por qué unas sí y otras no?», se pregunta una militante socialista, subrayando el doble rasero. Ahora, con la denuncia contra Julio Iglesias también el Gobierno ha reaccionado con prontitud, respaldando a las denunciantes.
Es la misma crítica que formulan a EL ESPAÑOL algunas de las 600 feministas que ya han respaldado el manifiesto —en forma de carta— dirigido a la secretaria de Organización, Rebeca Torró, y a la secretaria de Igualdad, Pilar Bernabé, para pedir la convocatoria de una «conferencia de Igualdad».
La misiva, que inicialmente contaba con 53 firmantes, reclama que los denunciados por acoso en el partido sean «depurados con arreglo a las normas internas y a las disposiciones legales», y pide «superar los problemas y contradicciones que vive la organización» en este ámbito.
También aboga por un «rearme feminista» dentro de una organización, que aún arrastra las divisiones originadas durante la etapa de Irene Montero al frente del Ministerio de Igualdad, con normas como la ley trans o la del solo sí es sí, cuya aplicación ha permitido la rebaja de penas a agresores sexuales.
Tras la avalancha de adhesiones, Ferraz ha aceptado un encuentro con las promotoras del manifiesto. El próximo miércoles, día 21, la secretaria de Igualdad, Pilar Bernabé, las recibirá para escuchar sus propuestas.
De momento, Ferraz no convocará una conferencia política exclusiva sobre feminismo, tal y como pide el más de medio millar de firmas.
En cambio, la dirección del PSOE apuesta por una conferencia política «por la paz» y a favor del multilateralismo que se celebrará este primer semestre del año y al que están convocados agentes sociales y militantes.
«El tema es la paz», zanjaba este lunes la portavoz Enma López tras la Ejecutiva del PSOE en la que se convocaba este encuentro, que pretende ser un rearme ideológico en materia de política exterior, donde más cómodo se encuentra Pedro Sánchez.
Las feministas no quieren que se diluyan sus propuestas y creen que es necesario una conferencia en exclusiva para tratar el feminismo, tras «una profunda fractura» en el movimiento y después de haber visto «ignoradas y silenciadas» sus propuestas.
Entre las firmantes destacan nombres como el de la exvicesecretaria general Elena Valenciano; la diputada Ada Santana; la senadora Araceli Martínez Esteban; la exministra de Asuntos Sociales Matilde Fernández; la presidenta de Feministas Socialistas, Amelia Valcárcel; la exportavoz del Gobierno Rosa Conde; y la exdiputada Ángeles Álvarez.












