Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo han mantenido solo seis reuniones desde que hace casi cuatro años el dirigente gallego tomó las riendas del Partido Popular (PP). Encuentros que se han espaciado notablemente en el tiempo, a excepción de los dos mantenidos en el marco de la ronda de contactos para sus respectivas investiduras en agosto y octubre de 2023. El último, celebrado en marzo del pasado año, se produjo tras 447 días sin un cara a cara.
Más orientados a reforzar posicionamientos propios que a construir acuerdos, su infrecuencia y falta de resultados dan cuenta de que la desconfianza entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición se ha ido incrementando. Mucho más que en ocasiones anteriores en un año, el 2025, marcado por escándalos como el de Santos Cerdán y los que afectan al entorno personal del presidente y por acusaciones como la manifestada el pasado mes de julio por Feijóo y sostenida desde entonces de que Sánchez habría financiado su carrera política con los beneficios de los «prostíbulos» de su suegro, fallecido hace dos años.
Pese a todo ello ahora, en un contexto geopolítico complejo, los respectivos gabinetes ven una ventana para el deshielo. De cara a la cita que se celebrará el próximo lunes, convocada originalmente para abordar el envío de tropas españolas en misión de paz a Ucrania ante la expectativa de un alto el fuego, al menos se traslada voluntad de diálogo y ha habido gestos como como la llamada este martes de la jefa de gabinete de Feijóo, Marta Varela, al jefe de gabinete del presidente, Diego Rubio, en la que ambos cerraron los detalles del encuentro, e incluso su fecha.
Desde Moncloa han evitado confrontar respecto a los asuntos a abordar, abriéndose a tratar no solo la aportación de España al plan de seguridad de Ucrania, como pretendían, sino a abordar de forma más integral todo lo referente a la seguridad nacional y a la defensa, como reclamó el PP en la citada llamada. “No vamos a discutir respecto a los temas”, trasladan fuentes del Gobierno, con cierto ánimo de acercar posiciones.
No en vano, reconocen que una medida del calado de un envío de tropas necesitaría de amplios de consensos, ya que además la ley obliga desde 2005, merced a una reforma impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero, a que se apruebe en las Cortes. Por ello, apelan a la “responsabilidad de Estado” del principal partido de la oposición. El apoyo del Congreso al envío de tropas a Ucrania en misión de paz se antoja casi imposible sin el concurso del PP. Socios como Podemos y BNG ya han anticipado su rechazo. Sumar lo condiciona a que se produzca bajo bandera de la ONU o la OSCE. La naturaleza de la misión que los líderes europeos esbozaron la semana pasada en París está aún por definir.
La necesidad de hablar
“Lo importante es hablar”, abundan en un tono poco habitual ante este tipo de interlocuciones. Como muestra de voluntad, recogen el guante de los populares y avanzan que también se abordará “la estrategia de seguridad y diplomacia que está desplegando el Gobierno para responder a ellos”. Otras fuentes inciden en la necesidad de que ambos líderes «se sienten y se reúnan», a pesar de la escasa interlocución y la evidente animadversión que ha llegado a traspasar la línea de lo político para tocar en ocasiones lo personal.
La conversación entre ambos gabinetes se produjo a primera hora de este martes. El equipo del Partido Popular (PP) trasladó a Moncloa su disposición a un encuentro con Pedro Sánchez y sugirió el lunes como un día posible para el mismo. Una fecha aceptada por Moncloa, pese a haber planteado celebrar la reunión este jueves o viernes. Según comunicaron los populares, se le trasladó asimismo al equipo del jefe del Ejecutivo que la entrevista no debería circunscribirse a Ucrania y al eventual envío a ese país de tropas españolas. En Moncloa no tardaron en responder al requerimiento del PP, aceptándolo de pleno.
«El Presidente del Gobierno estará encantado de recibir al líder de la oposición este lunes y explicarle los cambios geopolíticos que se están produciendo en el mundo”, explicaron, en un enunciado que podría sonar incluso despectivo, aunque ni siquiera en Génova lo han percibido así. Asimismo, mostraban su voluntad de tratar el resto de asuntos, en materia de defensa y diplomacia. Con todo, evitan anticiparse a la petición de llevar a votación al Congreso el gasto en defensa, aunque su voluntad es presentar los Presupuestos, con marzo como límite, donde se desglosan estas partidas.
La intención del jefe del Ejecutivo es espaciar el resto de encuentros con los grupos del que mantendrá en primer lugar con Feijóo. Tras ello, viajará a Davos (Suiza), para participar el próximo martes y miércoles a la reunión anual del Foro Económico Mundial. Así al menos, y a diferencia de lo ocurrido el año pasado con la ronda de contactos con los grupos políticos sobre el aumento del gasto militar, se realza la visita a la Moncloa del líder de la oposición con respecto a la de los portavoces parlamentarios del resto de fuerzas con representación en la Cámara Baja. Todas, como es habitual, salvo Vox, cuya exclusión es tan querida por Sánchez como por Santiago Abascal, quien no perdió la oportunidad de atacar a Feijóo por aceptar la invitación del presidente.
Pese al buen clima, el PP no olvida la crítica al propósito inicial del encuentro, como trasladan fuentes de la dirección del partido. «¿De verdad la prioridad de los españoles, ahora mismo, es el envío de tropas a Ucrania?», se preguntan retóricamente los populares, en referencia a una misión que ni está realmente concretada ni se sabe qué naturaleza tendría. Feijóo le pedirá a Sánchez información muy detallada y precisa en el terreno militar sobre el tamaño que tendría ese eventual contingente, y el coste del mismo. Pero también le reclamará explicaciones, sin salir del ámbito geopolítico o de asuntos exteriores, sobre las relaciones con la administración Trump del Gobierno, y si eso afecta a la posición de España, así como sobre el papel del Ejecutivo en la crisis en Venezuela.
De manera bastante gráfica, aducen en Génova que si el presidente pensaba que se podía despachar este encuentro como uno cualquiera con alguno de sus aliados habría pecado de «cándido». Y en la misma línea señalan que sentarse con Feijóo requiere, como mínimo, el mismo respeto y atención que, por ejemplo, su reciente entrevista con el líder de ERC, Oriol Junqueras, para cerrar el acuerdo de financiación en su apartado específico para Catalunya.
En definitiva, el mero hecho de que se celebre la reunión el lunes, y de que se haya podido acordar sin excesivos problemas la agenda del mismo es un síntoma de deshielo y de mejora de la relación entre ambos líderes. Aunque al mismo tiempo una prueba evidente de que las relaciones entre Moncloa y Génova distan mucho, hoy por hoy, de ser fluidas.
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