Las estelas de condensación que generan dentro de las nubes los aviones tienen un impacto climático importante. Estas estelas ‘ocultas’ o ‘incrustadas’ en los cirros naturales contribuyen de manera significativa al calentamiento global vinculado a la aviación, un sector cuyo efecto sobre el clima va más allá de las emisiones de dióxido de carbono.
Esta conclusión surge de una investigación del Instituto de Meteorología de la Universidad de Leipzig, que ha logrado cuantificar por primera vez el impacto de esas estelas, un fenómeno hasta ahora poco estudiado. Los resultados, publicados en la revista ‘Nature Communications’, revelan que estos rastros embebidos aportan alrededor del 10% del efecto de calentamiento de las estelas lineales visibles, lo que las convierte en un factor no despreciable que debe ser incorporado en los balances radiativos del planeta.
Y es que, aunque la formación de estelas de condensación y los cirros de estela han sido reconocidos desde hace tiempo como agentes de calentamiento, existía un vacío de conocimiento respecto a lo que ocurre cuando los aviones atraviesan cirros preexistentes.
Propiedades microfísicas
En estas situaciones, frecuentes según los datos, se generan estelas dentro de la nube, modificando sus propiedades microfísicas. La investigación, que combinó datos de posición de aeronaves con observaciones de satélites equipados con láser, analizó más de 40.000 casos entre 2015 y 2021. El método consistió en comparar las trayectorias de vuelo con las mediciones satelitales, examinando en los puntos de intersección si los cirros mostraban alteraciones atribuibles al paso de un avión.
Estela «inversa». / Dr. Torsten Seelig / Universidad de Leipzig
«Comparamos las trayectorias de vuelo de aeronaves individuales con datos de medición de un láser basado en satélite. En los puntos donde las trayectorias de vuelo y las mediciones satelitales se intersecaban, examinamos si los cirros mostraban cambios atribuibles al avión que pasaba», explica el equipo investigador.
Los hallazgos son claros: las estelas incrustadas ejercen un efecto de calentamiento local medio anual de aproximadamente 60 milivatios por metro cuadrado. Al extrapolar estos resultados a escala global, se estima que el forzamiento radiativo neto medio anual de estas estelas es del orden de 5 milivatios por metro cuadrado. Elevado.
Una estrategia inviable
Esto supone alrededor de una décima parte del impacto climático actualmente atribuido a las estelas lineales. Además, el estudio despeja una incógnita previa: la posibilidad de que estas estelas pudieran invertir la influencia de los cirros, provocando un enfriamiento neto. No lo hacen.
«Previamente, había habido especulación de que tales estelas podrían en algunos casos incluso revertir la influencia de los cirros, lo que significaría que las nubes enfriarían en lugar de calentar. Pero no encontramos evidencia clara de esto», señala el autor principal del estudio, Matthias Tesche. En otras palabras, desviar deliberadamente los vuelos a través de cirros para reducir el impacto climático de la aviación parece una estrategia inviable.

Estelas de condensación en el cielo de Barcelona. / Alfons Puertas / Observatori Fabra / RACAB
El análisis también capturó con nitidez el impacto de la pandemia de covid-19. La drástica reducción del tráfico aéreo en 2020 dejó una huella discernible en los datos, al disminuir la perturbación antropogénica a nivel de cirros y acercar el fondo atmosférico a condiciones más similares a las preindustriales.
La influencia de la posición del sol
Este episodio permitió observar cómo, en un escenario de menor saturación de partículas de aerosol por la actividad humana, la señal del forzamiento radiativo de las estelas embebidas se hacía más fuerte. No obstante, el efecto fue transitorio, ya que en 2021 los valores volvieron a los niveles previos a la pandemia.
La investigación subraya que el efecto neto de estas estelas depende de múltiples factores: las propiedades del cirro de fondo, la posición del sol –lo que se traduce en un efecto de enfriamiento diurno y de calentamiento nocturno–, y el tiempo transcurrido desde su formación. Las estelas más jóvenes, observadas antes de los 15 minutos, tienden a causar un mayor calentamiento que las persistentes, que se van mezclando con la nube circundante.
Todo ello complica la medición de su impacto, aunque el estudio identifica que los principales impulsores son el contenido de hielo de agua y el tamaño efectivo de los cristales de hielo en la nube perturbada. En todo caso, las implicaciones son relevantes para la evaluación del impacto climático total de la aviación.

Cirros. / PiccoloNamek
En busca del ‘vuelo verde’
«Primero, ahora sabemos que no solo las estelas visibles que vemos en el cielo, sino también las que se forman dentro de las nubes, deben tenerse en cuenta al evaluar el impacto de la aviación en el clima. Segundo, está claro que desviar deliberadamente los vuelos a través de cirros no es un método adecuado para el llamado ‘vuelo verde’«, resume Torsten Seelig, primer autor del estudio.
Los resultados llegan en un momento en que otra investigación publicada casi simultáneamente indica que las condiciones para la formación de estelas coinciden casi exclusivamente con las regiones donde se forman los cirros, sugiriendo que la mayoría de las estelas se generan probablemente dentro de nubes y no en aire despejado.
Este avance supone un paso crucial para reducir las incertidumbres en uno de los principales efectos de la aviación al margen del CO₂ y para diseñar estrategias de mitigación más informadas y efectivas en el futuro.








