Una investigación ha sacado a la luz las denuncias de dos antiguas trabajadoras de las residencias caribeñas de Julio Iglesias, quienes aseguran haber sido víctimas de abusos sexuales y de un sistema laboral marcado por el control, la intimidación y la dependencia. Los hechos relatados se sitúan en 2021 en Punta Cana, República Dominicana y Bahamas.
Ambas mujeres describen un entorno que, lejos de la imagen de lujo asociada a estas mansiones, se caracterizaba por la presión psicológica constante y la falta de límites claros entre la vida laboral y la privada. El ambiente interno, según sus palabras, era conocido entre las empleadas como «la casita del terror«, una expresión que resume el miedo y la tensión cotidiana que aseguran haber vivido.
Julio Iglesias
Una de las denunciantes, dedicada a labores de limpieza y cocina, relata que el cantante, entonces de 77 años, la hacía acudir de noche a su habitación de manera reiterada. En su testimonio afirma haber sufrido penetraciones con los dedos, tanto anales como vaginales, sin consentimiento, acompañadas de insultos y bofetadas. Estos episodios, según explica, podían repetirse varias veces por semana y solo se interrumpían cuando en la finca se encontraban la esposa del artista u otras mujeres invitadas. La mujer sostiene que en algunas ocasiones las encargadas del hogar estaban presentes o participaban de algún modo en estas situaciones.
Además, asegura que se le imponían prácticas sexuales prolongadas durante horas con el argumento de aliviar dolores físicos del cantante. En uno de los pasajes más explícitos de su relato afirma: «Me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito […] porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba». Dice que con el tiempo llegó a sentirse «un robot» o «una muñeca», sin margen real para negarse, y que abandonó el trabajo con ansiedad, taquicardias y episodios de llanto que requirieron atención psicológica.

Julio Iglesias
La segunda mujer denunciante formaba parte del grupo de empleadas conocidas como «señoritas», que incluía a trabajadoras con funciones más especializadas, como fisioterapia personal, y con mejores condiciones que el servicio doméstico. No obstante, afirma que esa posición no la protegió de conductas inapropiadas. Relata tocamientos en la playa y en la piscina, besos con lengua en su habitación y propuestas insistentes para mantener relaciones sexuales en grupo con otras empleadas. Parte de estos comportamientos, explica, eran justificados por el artista como una supuesta curiosidad «médica» relacionada con su operación de pecho.
Los testimonios coinciden en describir jornadas laborales que podían alcanzar las 16 horas, ausencia de contratos escritos y descansos que se retrasaban durante meses. Según las extrabajadoras, la pandemia fue utilizada como argumento para restringir sus salidas del recinto, incluso cuando las normas oficiales solo imponían limitaciones nocturnas. Estas restricciones, afirman, no se aplicaban del mismo modo a las encargadas ni a determinados empleados varones.

Julio Iglesias
La investigación también detalla un sistema de contratación dirigido a mujeres jóvenes mediante anuncios de trabajo interno con alojamiento incluido, salarios cercanos a los 25.000 pesos dominicanos (unos 350 euros) y la exigencia de enviar fotografías de cuerpo entero. Los acuerdos se cerraban por mensajería, sin entrevistas presenciales ni documentación formal. Dentro de las residencias, las denunciantes describen una jerarquía estricta: en el nivel más bajo, el servicio doméstico; por encima, las «señoritas»; y en la cúspide, las encargadas.
Otros antiguos empleados consultados hablan de un clima de tensión permanente, con gritos, insultos, amenazas de despido, control del peso corporal de las trabajadoras y prohibiciones para hablar entre ellas o tomar fotografías. Una excocinera recuerda que ya a finales de los años noventa dejó la villa de Punta Cana tras pocos meses debido al «ajetreo» y al carácter irascible del artista. Otro exempleado asegura que el estrés vivido le provocó incluso caída del cabello.

Julio Iglesias
Julio Iglesias, retirado de la vida pública, no ha ofrecido declaraciones sobre estas acusaciones, ni tampoco su entorno más cercano o la actual responsable de la gestión del personal doméstico. Una antigua jefa de servicio, sin embargo, rechaza las denuncias y las califica de «patrañas», afirmando sentir «agradecimiento, admiración y respeto» por el cantante, a quien define como «humilde, generoso, un gran caballero y muy respetuoso con todas las mujeres».
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Las denunciantes explican que han decidido hablar públicamente para poder «estar en paz» y para alertar a otras mujeres sobre los riesgos de aceptar empleos internos con un alto grado de dependencia del empleador. Su intención, aseguran, es evitar que otras jóvenes acepten trabajos «a ciegas» atraídas por promesas de lujo y estabilidad y terminen, como ellas relatan, en contextos de presunto abuso sexual, explotación laboral y graves consecuencias psicológicas.











