Durante la meditación, el cerebro cambia la manera en que organiza su actividad, generando una complejidad neural mucho mayor que en el descanso ordinario: baja el ruido mental y permite separar los pensamientos uno a uno.
Durante años hemos creído que meditar es dejar que el cerebro se apague, algo parecido a dormirse, pero con los ojos abiertos. Un nuevo estudio con monjes budistas profesionales muestra que en realidad el cerebro no se desactiva, sino que simplemente cambia de marcha.
Investigadores de instituciones como la Universidad de Montreal, la Universidad Sapienza de Roma y otras, analizaron mediante magnetoencefalografía a monjes del monasterio Santacittarama, en Italia, mientras practicaban dos tipos de meditación. Uno de ellos, llamado Samatha, consiste en fijar la atención en un punto concreto, como la respiración. El otro, Vipassana, es más abierto: permite que pasen los pensamientos sin aferrarse a ninguno.
Los monjes no eran principiantes, sino hombres con miles de horas de práctica acumuladas. Los resultados de este trabajo se han publicado en la revista Neuroscience of Consciousness.
Datos clave de esta investigación
- Hallazgo principal: Durante la meditación, el cerebro no se desactiva, sino que genera una complejidad neuronal mucho mayor que en el descanso ordinario, reorganizando completamente cómo procesa la información.
- Metodología: Análisis con magnetoencefalografía de 12 monjes budistas expertos del templo Santacittarama (Italia) durante dos tipos de meditación: Samatha (atención enfocada) y Vipassana (seguimiento abierto), comparados con estado de reposo.
- Resultado destacado: Ambas prácticas meditativas redujeron el ruido de alta frecuencia pero aumentaron la flexibilidad cerebral, permitiendo que la mente responda al presente sin quedar atrapada en patrones repetitivos.
- Implicación fundamental: La meditación no es escape de la actividad mental, sino reorganización hacia estados más inteligentes donde el cerebro alcanza su máximo potencial de procesamiento.
- Próximo paso: Aplicar estos hallazgos para entender cómo el entrenamiento meditativo prolongado genera cambios duraderos en la estructura y funcionamiento cerebral, incluso fuera de la práctica formal.
Referencia
Meditation induces shifts in neural oscillations, brain complexity, and critical dynamics: novel insights from MEG. Annalisa Pascarella et al. Neuroscience of Consciousness, Volume 2025, Issue 1, 2025, niaf047. DOI:https://doi.org/10.1093/nc/niaf047
Reordenación neuronal
Lo primero que observaron los investigadores es que, cuando meditaban, ciertos patrones de ondas cerebrales de alta frecuencia disminuían. Los científicos esperaban más actividad, pero cuando miraron cómo se reorganizaba todo el sistema, descubrieron que el cerebro estaba haciendo algo mucho más complejo de lo que sucede en el descanso normal. No menos actividad, sino actividad más ordenada y versátil.
Para entenderlo mejor, piensa en una ciudad. En horas punta, hay mucho movimiento, pero también caos: embotellamientos, gente chocando, ruido constante. Durante la noche, la actividad baja, pero lo que ocurre en realidad es que los sistemas se organizan de otra forma. Los servicios de limpieza trabajan sin interferencias, los hospitales mantienen la vigilancia, hay cierto orden. Durante la meditación, el cerebro hace algo parecido: baja el «ruido» superficial pero la maquinaria interna se reorganiza de forma más coherente. Es la noche de la mente.
Efecto dominó mental
Una de las cosas que cambió durante la meditación fue lo que los neurocientíficos llaman «correlaciones temporales». Imagina que tus pensamientos están conectados unos a otros como fichas de dominó: cada pensamiento empuja el siguiente, haciéndose inseparables para la observación. Durante la meditación, esa cadena se afloja. No desaparece, pero deja de ser tan apretada. Esto permite que tu mente observe lo que ocurre en cada instante del pensamiento sin estar atrapada en lo que acaba de pasar. Es más libertad, en cierto sentido.
Al mismo tiempo, la capacidad del cerebro para generar patrones distintos aumentó. El sistema entero se vuelve más flexible, capaz de hacer más cosas. Es lo opuesto a lo que sucede cuando estás ansioso o rumiando: entonces el cerebro se queda pegado en los mismos patrones una y otra vez. Durante la meditación, ampla su repertorio.
Cambio de fondo
Los investigadores también observaron que, contrariamente a lo que dicen estudios previos sobre que la meditación aumentaba cierto tipo de ondas cerebrales, en realidad lo que sucede es un cambio de fondo más general en cómo se distribuye la energía en el espectro. Eso significa que probablemente hemos estado malinterpretando los datos.
Además, descubrieron que los dos tipos de meditación no producían exactamente los mismos cambios. La Samatha, la de concentración enfocada, generaba un patrón distinto que la Vipassana, la abierta. Esto tiene sentido: si tu práctica consiste en sostener la atención en un punto, el cerebro se organiza de una manera. Si tu práctica es soltar el control y observar, se organiza de otra.
Efecto más allá de la meditación
Hay un detalle final que vale la pena mencionar. Los monjes con más años de experiencia mostraban diferencias menores entre sus estados meditativo y normal. Es como si el cerebro, después de tanto entrenamiento, hubiera aprendido a mantener esa organización más coherente incluso cuando no estaban meditando formalmente. La práctica parecía dejar una marca duradera.
Lo que todo esto sugiere es que la meditación no es un escape de la actividad mental, sino una manera de hacerla funcionar de forma más inteligente. Cuando bajas el ruido, lo que emerge es una red cerebral más capaz, más flexible y menos atrapada en sus propios patrones. Es algo profundamente distinto a lo que sucede en el descanso ordinario o la somnolencia.
El cerebro no se apaga. Se resintoniza y, con el tiempo, prolonga esa reorganización neuronal en tu vida cotidiana, sin necesidad de estar meditando. Probablemente, un aprendizaje pare vivir mejor.












