A Antonia, a sus 23 años, le han regalado una nueva vida. Por eso ahora se tiene que volcar en verse como la misma joven que era antes de su secuestro en Garapinillos (Zaragoza). No solo a nivel físico, sino también a nivel mental. Y en este proceso va a tener a su lado a su familia, a su madre (Trini), a sus hermanos y a su abogada (Marina Ons), con quienes ha podido conversar este diario apenas 72 horas después de que la joven recibiera el alta tras permanecer once días hospitalizada. «Mi madre se está dejando el alma. Es quien ve que me dan ataques de ansiedad cuando me curan, que lloro, la que se ha comido los once días de hospital», agradece Antonia. «¿Qué le voy a dar a mi hija? Todo mi cariño, toda mi fuerza, todo mi apoyo…», responde Trini.
Es un proceso en el que ya andan inmersos todos ellos desde que la joven fuera liberada el 30 de diciembre de 2025. Así que desde entonces se encuentra en tratamiento médico y psicológico tras ingresar en el hospital Clínico. «Se encargó el propio médico de ponerme un psiquiatra», apunta Antonia. ¿Y cuál es la clave para salir adelante? «Me dice que me lo tome con calma, que no piense (en lo que ha pasado) y que no me sobrecargue, pero es imposible y siempre estoy dándole vueltas a la cabeza desde que me levanto hasta que me acuesto», narra esta misma joven en el sofá de su casa, donde le acompaña su abogada, la letrada Marina Ons, quien se ha hecho cargo de la defensa de sus intereses.
«No me entra en la cabeza»
«Aun sigo sin creérmelo, no me entra en la cabeza. Mi mente está bloqueada. No encuentro la respuesta. Al perro que tenían lo trataban mejor que a mi hija», refrenda su madre. Y no es para menos, pues el informe clínico habla por sí solo: numerosos hematomas, quemaduras y cicatrices en diversas partes de su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Es «una locura» en palabras de Marina Ons, pues en ese mismo documento también se hace constar «desnutrición leve» y «anemia microcítica».
Dice Antonia que es «muy psicópata» todas las torturas que ha aguantado en esa parcela del Camino de la Almenareta (4). «Una vez intenté rajarme las venas, pero no tuve valor porque no puedo hacerle sufrir a mi madre y a mis sobrinos», recuerda desde su casa. Con esos mismos familiares se recupera ahora para tratar de ser la misma joven que era hasta hace unos meses. Allí, en su casa, lejos de ese infierno. Pero, claro, Antonia tiene «mucho miedo» porque los cuatro agresores están en libertad. «Me pueden llegar a hacer mucho si ellos quieren», se sincera.














