Adiós ayatolás

Algo parece haber cambiado estos días en la percepción del mundo sobre Irán, un país declarado exótico como régimen extraño, de clérigos de turbante negro, consignas inflamadas y una retórica que parecía destinada más al consumo interno que a alterar seriamente el orden internacional. Sin embargo, desde 1979, el régimen de los ayatolás ha construido un Estado policial donde la disidencia se paga con cárcel, tortura o muerte. Periodistas silenciados, mujeres perseguidas por desafiar el velo obligatorio, minorías religiosas acosadas, opositores ejecutados tras juicios sumarísimos. Nada de esto es nuevo, pero durante años se ha preferido mirar hacia otro lado, en nombre de la estabilidad regional o de las oportunidades diplomáticas.

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