Asesor en Moncloa con Felipe González y ministro con Zapatero, el economista Jordi Sevilla confiesa su insatisfacción con el actual Gobierno socialista en la entrevista Un café en las alturas publicada este fin de semana por los medios de Prensa Ibérica.
Pregunta: En 2015 usted apoyaba a Sánchez y era una persona de su confianza. Hoy recela, ¿qué ha pasado?
Respuesta: Conocí a Sánchez en el 2000 cuando yo estaba en la Ejecutiva. Fue uno de los jóvenes que entró a trabajar en Ferraz y, como era economista, trabajó conmigo. Siempre tuve muy buena opinión de él y muy buena relación. En 2015, cuando se presentan las elecciones y la posibilidad de ganar, me llama para que me incorporase a lo que entonces se llamaba el Comité de Sabios. Me he sentido muy cómodo trabajando con ese Sánchez, con el que además coincidía en la necesidad de pactos transversales.
P: ¿Y cuándo se rompe?
R: El símbolo es el abrazo con Pablo Iglesias, el gobierno de coalición con Podemos, momento a partir del cual yo creo que él rompe todos los puentes con los pactos transversales y con la otra España, con la que tenemos que convivir y trabajar -que eso es la democracia- y se abraza al populismo de Podemos.
A partir de ahí Sánchez empieza un proceso de ‘podemización’ muy importante. Si miramos los datos económicos, vemos que son buenos como país, pero si luego miramos el informe de Cáritas que acaba de salir, vemos que es un país en el que no se reparte bien la riqueza. No está aplicando políticas socialdemócratas, está aplicando políticas populistas.
Y luego con el 23J, el gobierno de coalición que se organiza ya me hizo ver que “no es eso, compañeros; no es eso”. Yo veo los resultados y los partidos del Gobierno, que han perdido las elecciones, salen en Ferraz triunfantes porque pueden formar una coalición que frene la alternativa de Feijóo. Pero es una coalición con gente con la que yo no me siento muy próxima. Yo soy un socialdemócrata de toda la vida y no tengo nada que ver con Podemos ni con Sumar ni con Junts. No tanto como para formar un bloque de investidura.
P: ¿Usted lo que reclama es que Sánchez dé un paso a un lado dentro del partido de alguna manera y sea una nueva corriente la que recupere las esencias de la socialdemocracia?
R: Veo necesario que se recupere las esencias de la socialdemocracia. Lo más atípico que está pasando hoy en España es que los dos grandes partidos, que suman casi el 70% de los votantes, no son capaces ni de sentarse a hablar y ponerse de acuerdo en nada. Eso es lo que deberían explicar uno y otro cuando hay muchísimas cosas como la política de viviendas o la fragmentación social que solo se pueden arreglar pactando y negociando con comunidades autónomas, con ayuntamientos, con la oposición como se hace en democracia. En democracia quien no piensa como tú no es tu enemigo. ¿No hemos aprendido nada en estos últimos años? Algo estamos haciendo mal. Hemos arrinconado la democracia, que es pactos y consensos.
P: Ábalos, Koldo, Cerdán, Salazar, ¿qué cree que siente un votante socialista cuando estallan estos escándalos?
R: No es que lo crea, es que me lo dicen incluso compañeros militantes del PSOE. Primero, mucha sorpresa: ¿cómo ha sido posible que esto pase y nadie se haya enterado? Gente tan próxima al presidente del Gobierno y que ha tenido cargos muy importantes en el PSOE. Históricamente el secretario de Organización ha sido el número dos. Son dos secretarios de Organización y uno que iba a serlo. ¿Cómo gente con estas ideas y estos comportamientos ha llegado donde ha llegado? Y, sobre todo, en algunos casos como el de Salazar, ¿cómo ha sido posible que tardáramos tanto en darnos cuenta y en reaccionar? Esto ha hecho un cataclismo dentro del PSOE.
P: ¿Cuánto cree que hace de daño no tener presupuestos para sacar el país adelante?
R: Terminaremos la legislatura sin presupuestos. No tengo ninguna duda. Y el propio hecho de que se vanaglorien es, para mí, un desprecio a la propia democracia. Los presupuestos son el paradigma de la democracia. Los parlamentos surgen históricamente para controlar los dineros al poder absoluto. Por tanto, pensar que uno puede gobernar sin parlamento o gobernar sin presupuestos es vanagloriarse de que la democracia no me hace falta.
P: Sin presupuestos y sin reforma del modelo de financiación es muy difícil atajar problemas como el de la educación, la sanidad o la vivienda…
R: Y sin hacer la reforma fiscal. Uno de los principales problemas que tiene España, desde hace mucho tiempo es que tenemos un Estado que redistribuye poco y mal, de forma poco progresiva y poco solidaria. Esto para un socialdemócrata es abrirle un canal. ¿Qué estamos haciendo mal para que el informe de Cáritas os diga que el ascensor social está averiado o que casi la mitad de los trabajadores tienen trabajos precarios? ¿y el Gobierno no hace nada? A mí se me parte el alma.
P: ¿Es por ahí por donde se rompe España?
R: La frase de “España se rompe”, que se empleaba mucho contra Zapatero y contra el Gobierno, que entonces estábamos por el Estatuto de Cataluña. España no se va a romper territorialmente, pero se está rompiendo socialmente. Cuando el informe de Cáritas dice que la vivienda es un factor de fraccionamiento social entre la juventud no podemos mirar para otro lado. Hablamos de temas que son la esencia de la convivencia en un país democrático, sobre todo para un partido socialista y unas personas socialdemócratas.
P: Quiere decir que la economía española crece, pero que no todos se benefician por igual de ese crecimiento…
R: Efectivamente. Las empresas del Ibex 35 llevan unos cuantos años con una bolsa disparada, ganando cada año y batiendo récords respecto al año anterior, y yo me alegro; a nuestras empresas les va bien, y yo me alegro, pero conocemos que la gente sigue perdiendo poder adquisitivo, que la cesta de la compra y la electricidad suben más que los salarios, y yo no me puedo alegrar de eso. No puedo vender eso como un triunfo del Gobierno. Todo lo contrario.
Y veo que, en lugar de preocuparse de esto, el Gobierno se preocupa de otras cosas que a mí no me parecen congénitas a una España socialdemócrata, como lo que me piden Junts, Esquerra o Bildu. ¿Para eso merece la pena estar en el Gobierno? ¿para acabar haciendo la política que me imponen otros y no poder hacer la política que yo quiero defender? Yo creo que en esas condiciones no merece la pena estar en el Gobierno.
P: ¿Qué le pasa por la cabeza y por el corazón a Jordi Sevilla cuando desde el sanchismo se critican voces críticas tan importantes en la historia del socialismo moderno español como Felipe González, Alfonso Guerra o, actualmente, Emiliano García Page o el difunto Javier Lambán?
R: Es verdad que posiblemente algunas de las intervenciones públicas que ha hecho Felipe, que es el que tiene más peso, yo no le hubiera aconsejado que las hiciera en el tono en el que lo hizo; y así se lo he hecho llegar. No en el fondo, que estoy de acuerdo, sino en la forma. Él no puede olvidar lo que es y lo que representa.
Yo soy miembro de un partido socialista que ha tenido pluralidad de voces históricamente, que hemos incluso regulado la existencia de tendencias internas. Pero este cesarismo en el que hemos caído, convertido el partido en un club de fans del secretario general y un secretario general que lo decide todo sin contrapesos internos, no es bueno para nadie. Yo creo que no reconocer la pluralidad dentro del propio partido es un buen termómetro de cómo se es o no compatible con la democracia.













