Vecinos que no se conocen, tiendas de toda la vida que cierran la persiana para abrir apartamentos y turistas que van y vienen. Los barrios son otros, sus comercios son cada vez menos personales y sus gentes pasean entre el anonimato y el individualismo. Atropellada por una nueva sociedad, en la última década se ha ido desvaneciendo una forma de pagar basada en la confianza, la de dejar a deber y pagar días más tarde. En Alicante, y no es exclusividad, ya no se fía. O al menos con la pujanza con la que se hacía décadas atrás.
Las compras por internet, el asentamiento definitivo del datáfono y la aparición de las cajas registradoras, cada una a su tiempo, también han ido empujando al olvido a una transacción pretérita. También los bares se resisten a actualizar una y otra vez la libreta de los clientes morosos. Cada vez menos se oye delante de la barra aquello de “apúntamelo en mi cuenta”.
Estamos asistiendo a un proceso de avance de la racionalización y de la individualización
“El hecho de fiar es en realidad un crédito informal y ello es un vestigio de una organización social que está en desaparición, estamos asistiendo a un proceso de avance de la racionalización y de la individualización”, explica el sociólogo y profesor de la UA Mariano González Chouciño. Lo que fue un pilar de solidaridad comunitaria ha ido desapareciendo por la evolución de una sociedad cada vez más nómada y a la que le cuesta estrechar lazos para tener confianza con sus iguales. “Este tipo de transacción era un acuerdo entre conocidos basado en el honor y la reputación personal del fiado funcionaba como activo económico, el castigo de no cumplir con la deuda generaba incluso un estigma”, prosigue Chouciño. Esta afirmación la corroboran comercios que llevan décadas despachando en Alicante y han visto la evolución de esta manera de pagar. “Antes la gente era más cumplidora, que te sacaran los colores en la calle daba vergüenza, ahora da lo mismo”, confiesa Sergio Carbonell, de la ferretería El Pozal, en San Blas, una empresa que lleva abierta en Alicante desde 1917.
Sergio Carbonell, en la ferretería El Pozal de San Blas. / Pilar Cortés
Sin embargo, todavía quedan resquicios de esta operación informal en diferido; y se hacen con el propósito de fidelizar a los clientes para que sigan volviendo al negocio. “Es una manera de agradecer que vengan a comprarme a mí, muchos de ellos son autónomos y supone una ayuda para que salgan adelante; luego me pagan cuando les pagan a ellos”, indica un Carbonell que sin embargo reconoce que para cuadrar el año de 2025 hubo de hacer algunas llamadas para que le saldaran deudas de hacía varios meses.
«Ya no se fía como antes, aunque se hace alguna excepción todavía con los clientes de toda la vida»
Es éste un modelo basado en la confianza, en las relaciones interpersonales tejidas con el paso de los años, algo que cada vez cuesta más mantener por la volatilidad de la sociedad. “En las antiguas estructuras comunitarias, las relaciones eran interpersonales y duraderas, mientras que en la actual sociedad urbana moderna impera la individualidad y el anonimato y esto altera la naturaleza de la confianza”, matiza Chouciño. Esa cambio de tiempo lo atestigua Juan Antonio López Dols, propietario de la cafetería Xaloc: “Ya no se fía como antes, aunque se hace alguna excepción todavía con los clientes de toda la vida que un día se olvidan la cartera o porque llevan un billete muy grande para el que no tengo cambio”. Esta casuística se da más en los barrios, reductos en muchos casos de un sentido de pertenencia a una comunidad que se desintegra a pasos agigantados en el centro de las ciudades. En este sentido, López Dols recuerda cómo ha cambiado la parte vieja de Alicante. “Yo de niño vivía en Villavieja y recuerdo cómo baja a Ultramarinos Batiste y me fiaban porque luego irían mis padres a pagar, ahora eso ya no se ve”, explica.
Por la valía de sus productos, donde más se fio siempre fue en los bares, que durante mucho tiempo decoraron sus paredes con azulejos con mensaje subliminal. “Hoy no se fía, mañana tampoco”, “el que fía no está, salió a cobrar”. Paradójicamente cuando más lucían aquellos carteles era cuando más se fiaba; hoy cuesta encontrar uno de esos “manises”. En la plaza María Yolanda Escrich Forniés, la antigua División Azul, luce un rótulo hecho a mano que avisa al que quiera entrar: “No se fía”. De ello hablan también en la cervecería Gordillo: “Ya no se lleva, alguna excepción se hace pero poca, tampoco es una cosa que los clientes lo pidan, ha quedado antiguo”.

Beatriz Manzanaro, de la mercería Mabi, atiende a una clienta. / Pilar Cortés
La proliferación de grandes cadenas en detrimento, por ejemplo, de aquellos ultramarinos, también ha apartado del día a día el hecho de fiar, cuyos trabajadores quedan supeditados a normas estatales que les impiden hacerlo. “Hacerlo ahora es un hándicap porque no se conoce tanto al cliente”, explica Vicente Armengol, presidente de los comerciantes de la ciudad. “Yo aún recuerdo las libretas de los clientes, ibas anotando… Era pura cuestión de confianza con clientes que sabías de su vida y que te preocupabas si no lo veías en un tiempo”, señala, aunque reconoce que todavía fía, pero de otra forma. “En algunos trabajos se puede pagar en tandas, el resto cuando se recoge…”. En esa línea se explica también Beatriz Manzanaro, de la mercería Mabi, en la calle Poeta Quintana. “Antes fiábamos más, sobre todo a modistos, hoy muchos de ellos compran a nuestros proveedores”, aclara. Aun así, las comercios locales que siguen al pie del cañón, rodeados de apartamentos turísticos y franquicias, defienden su tradición y su manera de hacer las cosas: “Seguimos teniendo clientes que son segunda o tercera generación, como nosotros, son como familia y si en alguna ocasión necesitan pagar otro día, pues no hay problema”, aclara.
«Fiar ahora es un hándicap porque no se conoce tanto al cliente”
Sin embargo, este fenómeno en desuso todavía sobrevive en municipios rurales como una estrategia económica racional. “Continúa por un interés de supervivencia mutua, si en una localidad hay solo una tienda y no pagas cuando te fían, ya nunca podrás comprar allí, lo que supondrá un alto coste”, matiza Chouciño.
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