la diáspora en Madrid pasa de la euforia a la cautela

Una semana después de aquella madrugada de móviles en vela y mensajes cruzados a contrarreloj, la comunidad venezolana en Madrid sigue pegada a las noticias y saliendo a la calle. Ya no es la sacudida inicial. Esa mezcla de miedo, euforia y urgencia por saber de los suyos, sino una espera más sostenida, con los pies en el suelo. Entre los mensajes que van y vienen en los grupos de WhatsApp y las llamadas a casa, se instala una misma sensación: hay movimientos, pero nadie se atreve a dar la historia por cerrada.

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