La represión de Donald Trump escala en las calles de las ciudades progresistas de Estados Unidos con agentes federales disparando a matar, y un balance de tres muertos en dos días en redadas contra migrantes. La primera víctima fue abatida dentro de su coche, en un control de tráfico en la ciudad demócrata de Minneapolis, en el estado de Minnesota, en la región norteña de los grandes lagos. Apenas un día después, el jueves, dos personas más recibieron sendos disparos en la cabeza en Portland, Oregón, bastión de izquierdas en la costa oeste, como la vecina California.
Esta escalada de violencia ha dado lugar a más protestas, a pesar de que la Administración Trump intenta que todo quede a la sombra de la política internacional, con la intervención militar en Venezuela y detención de Nicolás Maduro. Las marchas y vigilias se han sucedido en todo el país, desde Washington a Houston o Filadelfia, en un movimiento que evoca el recuerdo del asesinato de George Floyd en 2020, también en Minneapolis.
Las redadas, cada vez mayores, en más ciudades, y más represivas, han alimentado el temor de la comunidad migrante y la indignación ciudadana en los reductos progresistas en los que Trump se ceba, y donde los residentes no solo han salido a la calle a protestar, sino que han organizado cadenas humanas para proteger a sus vecinos. Tanto en Portland como en Minneapolis, las autoridades estatales y municipales han reaccionado con dureza: han puesto en duda la versión del Gobierno que alega autodefensa y han reclamado la retirada inmediata de los agentes desplegados.
Protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), cerca de la Casa Blanca, tras el fatal tiroteo de una mujer por parte de un agente de dicho servicio en Minneapolis, el jueves 8 de enero de 2026, en Washington / AP Photo /Rod Lamkey, Jr.
Versión oficial disputada
La policía de Portland informó de que ellos acudieron por un aviso por un tiroteo en las inmediaciones del campus del hospital Adventista, en el este de la ciudad. Poco después, recibieron otra llamada, a varios kilómetros de distancia, de un hombre herido que pedía ayuda. Allí encontraron a un hombre y una mujer con heridas de bala. Ambos fueron trasladados al hospital, donde murieron.
Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), los agentes federales enviados por Trump habían detenido un vehículo que sospechaban que estaba en situación irregular y que podía tener vínculos con una “banda venezolana”. La versión oficial sostiene que los disparos se produjeron cuando el conductor intentó atropellar a los agentes durante el control. “Temiendo por su vida, uno de los agentes realizó un disparo defensivo”, aseguró una portavoz del DHS.
Esa explicación ha sido puesta en duda desde el primer momento por las autoridades locales. El alcalde de Portland, Keith Wilson, afirmó que la confianza en el relato federal está seriamente erosionada. “Hubo un tiempo en que podíamos aceptar su palabra. Ese tiempo ya pasó”, dijo en una comparecencia pública. El jefe de la policía local, Bob Day, confirmó que se trata de una investigación federal, liderada por el FBI, lo que ha reavivado el debate sobre la falta de control local en este tipo de incidentes.
Testigos presenciales aportaron versiones que añaden complejidad al relato de los agentes federales. Uno de ellos explicó al diario local ‘The Oregonian’ que vio a varios agentes federales seguir a una camioneta Toyota hasta el aparcamiento de un edificio médico e intentar bloquearla. El vehículo habría maniobrado varias veces antes de huir del lugar, momento en el que se produjeron los disparos.
Protestas reforzadas
La reacción política en Oregón fue inmediata. La congresista demócrata Maxine Dexter, que además es médico, confirmó que las víctimas habían llegado con vida al hospital, aunque su estado era grave, y exigió que el ICE suspenda sus operaciones en la ciudad. “Solo han traído terror, caos y crueldad a nuestras comunidades”, denunció, acusando a la administración Trump de utilizar la violencia como herramienta de control.
El propio alcalde Wilson respaldó esa petición y advirtió del riesgo de normalizar la presencia de agentes “militarizados” en la ciudad. “Portland no es un campo de entrenamiento”, afirmó, reclamando una pausa de las operaciones hasta que se complete una investigación independiente.
Lejos de aplacar las protestas, estas se han reavivado. Decenas de manifestantes se concentraron frente al ayuntamiento y ante una instalación del ICE en el sur de la ciudad, coreando consignas como “Abolamos ICE”. La policía realizó seis detenciones al desalojar a los concentrados, en un ambiente que recordó a las protestas que se produjeron durante todo el año pasado contra un centro de procesamiento migratorio.
La sombra de George Floyd
El tiroteo de Portland se produjo cuando Minneapolis vivía su segunda noche consecutiva de protestas por la muerte de Renee Nicole Good, de 37 años, abatida por una agente del ICE durante un control de tráfico. El Gobierno federal sostiene que la agente actuó en defensa propia, calificando lo ocurrido como un “acto de terrorismo doméstico”. Sin embargo, vídeos grabados por testigos y difundidos ampliamente en redes sociales muestran a la mujer intentando abandonar el lugar con su vehículo, sin dirigirse contra los agentes.
La gestión del caso ha abierto una brecha institucional. El FBI asumió la investigación y revocó el acceso de las autoridades estatales, una decisión que el gobernador de Minnesota, Tim Walz (que fue candidato a la vicepresidencia junto con Kamala Harris) ha criticado abiertamente. “El estado debe formar parte de esta investigación”, reclamó, mientras el Gobierno federal insiste en que se trata de una cuestión de jurisdicción.
En Minneapolis, la muerte de Good sucedió a apenas pocas manzanas del lugar de donde la policía asesinó a George Floyd en plena pandemia, desatando una ola de solidaridad internacional. El despliegue de la Guardia Nacional busca ahora contener unas movilizaciones que puedan replicar el alcance que tuvieron entonces.
Mientras la administración Trump defiende su ofensiva migratoria como eje central de su agenda, los episodios de Minneapolis y Portland refuerzan la percepción de un país cada vez más fracturado, donde la aplicación de la ley migratoria se ha convertido en un nuevo frente de conflicto político y social.
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