«La ausencia de ‘Selito’ deja a Faro y al concejo de Oviedo huérfanos, pero también profundamente agradecidos. Deja un legado inmenso, modelado por barro, que es un reflejo de la memoria y la tradición que supo preservar». Esas fueron las últimas palabras que Teresa Suárez, vecina y amiga del reconocido alfarero, le dedicó minutos antes de recibir sepultura. Visiblemente emocionada, con dificultades para terminar las frases, habló en nombre de todos los vecinos y allegados que compartieron momentos con José Manuel Vega, un hombre que dedicó su vida a extender el legado de la cerámica, heredado de su padre, y que el pasado miércoles falleció en Avilés a los 76 años de edad.
Las cunetas de las pistas que rodean la Iglesia de Santa María de Limanes empezaron a llenarse de coches desde las doce y media de la mañana. Un centenar de vecinos, familiares y conocidos quisieron dar el último adiós a «Selito», el último baluarte de la milenaria artesanía de Faro. El silencio invadió la plaza de la ermita cuando apareció el coche fúnebre; los trabajadores de la funeraria empezaron a sacar las coronas bajo la atenta mirada de los allí presentes.
El sonido de la gaita de Pedro Ainsua entonando la «Marcha d’Antón el Neñu» rompió el silencio inicial, anunciando la entrada del ataúd en la iglesia y provocando las primeras lágrimas entre los asistentes.
Como estaba previsto y con rigurosa puntualidad, la misa comenzó a las 13.00 horas. Los continuos detalles, las emotivas intervenciones y los guiños a la profesión que preservó durante más de medio siglo fueron constantes. El cáliz que se utilizó durante la ceremonia había salido de su taller y la primera lectura que se realizó fue de un pasaje bíblico conocido como «El Alfarero y el barro».
El encargado de oficiar la misa fue Juan Manuel Hevia, párroco de Limanes y amigo del fallecido. Rompiendo con el protocolo que se presupone en un acto religioso, aprovechó la ocasión para dedicarle unas palabras y recordar la relación tan especial que mantenían. Su primer encuentro había sido hace más de tres décadas, cuando Hevia encargó hacer en Villaviciosa un cáliz y una patena para dos sacerdotes que se iban a la Catedral de Oviedo. El cura no tenía ni idea de que en aquel taller trabajaba José Manuel Vega, con el que luego tuvo una bonita relación de amistad. «Siempre decía que el barro es su vida y, al fin y al cabo, del barro venimos todos», concluyó Hevia, haciendo un paralelismo con el Génesis bíblico.
Presencia institucional
Juan Carlos Llaneza, portavoz del grupo municipal del PSOE en Oviedo, y Cristina Pontón, edil de IU-Convocatoria por Oviedo, estuvieron presentes entre la multitud que acudió a Limanes a despedir al mítico artesano. El alcalde, Alfredo Canteli, no pudo acudir al funeral, pero aprovechó el Pleno para dedicarle unas palabras.
«Le conocí por su padre y siempre sentí mucha admiración por ellos. Oviedo y Asturias pierden un artesano irrepetible que representaba una saga que se termina con él», confesó Canteli. Además, aprovechó para recordar que ya se ha puesto en marcha el proyecto para construir un centro de interpretación dedicado a la cerámica de Faro. «Estamos trabajando con los arquitectos en los planos del edificio. Esperamos que se convierta en una realidad durante este año», apuntó.
Cambio de testigo
La noticia de su fallecimiento cayó como un jarro de agua fría entre los que compartieron taller y recuerdos con «Selito». No obstante, la Asociación de Amigos de la Alfarería de Faro no tardó en reaccionar y asegura que esta milenaria tradición no quedará condenada a la extinción, gracias al compromiso colectivo de artesanos, vecinos y nuevas generaciones.
«Con el total apoyo institucional desde el Ayuntamiento de Oviedo y vecinos a todas las actividades de investigación, divulgación y producción, seguiremos trabajando en la tradición que Selito continuó durante las últimas décadas en Faro», aseguró Alfonso Fanjul Peraza, presidente de la asociación alfarera.
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