No hay que exagerar las comparativas históricas, porque no siempre son justas ni iluminan razonablemente el presente. Pero tiene algún interés. En diciembre de 1982 juraron o prometieron sus cargos los ministros del primer Gobierno de Felipe González. El ministro de Educación y Ciencia fue José María Maravall, que se mantuvo en el Ejecutivo hasta 1988.
Actualmente, Maravall es considerado uno de los sociólogos españoles más prestigiosos. Pero ya antes de su llegada al Gobierno se había doctorado en Derecho en la Universidad Complutense y en Sociología en la Universidad de Oxford. En junio de 1981 había conseguido la cátedra de Sociología de la Complutense. Su bibliografía en español y en inglés ya estaba en marcha con varios títulos. Miembro del comité ejecutivo federal del PSOE desde 1979 había coordinado la propuesta programática socialista que propugnaba una reforma del sistema público educativo en España para ampliarlo y universalizarlo. En sus cinco años y medio consiguió aprobar tres grandes leyes orgánicas; la ley de Reforma Universitaria, la ley de Derecho a la Educación y la primera Ley de Investigación Científica y Técnica en España.
El presidente Pedro Sánchez se sacó de la insondable chistera de sus ocurrencias desplazar a varios barones territoriales para sustituirlos por algunos de sus ministros y convertirlos así en candidatos en las elecciones autonómicas que se celebrarán en 2026. Es brillantísimo, nadie puede dudarlo, convertir en la ministra más antipática de todas, la de Hacienda, en dueña y señora del PSOE andaluz y candidata a la Presidencia de la Junta. Lo de Óscar López para disputar con Ayuso la Comunidad de Madrid es como mandar al señor Potato a un concurso de belleza y simpatía con Barbie. Pero también fue notabilísimo que eligiera a Pilar Alegría, ministra de Educación, a las autonómicas aragonesas, y eso es lo que obligó a Sánchez a buscar una sustituta para el Ministerio de Educación. Para decirlo suavemente, Alegría solamente cursó la diplomatura de Magisterio, y jamás ejerció como maestra: se profesionalizó como política antes de los treinta años. El presidente, a la hora de elegir su relevo, se atuvo más o menos al mismo rasero curricular.
Milagros Tolón, la nueva ministra de Educación, también es maestra, pero con dos matices. El primero, que también se licenció en Geografía e Historia, el segundo, que durante más de una década dictó clases en un centro de educación para adultos. Pero universitaria e intelectualmente es tan poco maravalliana como su predecesora. Desde 2019 ha sido siempre un satélite en el sistema sanchista, pero su tutor inicial e iniciático fue Emiliano García Page, que la metió en la lista socialista a la Alcaldía de Toledo. Las relaciones entre ambos funcionaban como un reloj. Cuando García Page decide presentarse a la Junta de Castilla La Mancha en las elecciones de 2015, Tolón lo sustituye, con la bendición electoral de sus vecinos, en la alcaldesa toledana. Existe una terca chismografía que asegura que Tolón, que perdió el bastón de mando en 2023, quiso encaramarse al Gobierno autonómico, y su antiguo tutor, desconfiado, se lo negó. Al barón se le antojaba una abducida por el sanchismo. ¿No la habían nombrado presidenta del Comité Federal del PSOE acaso? La exalcaldesa reaccionó rápido y se plantó en Madrid. En un primer momento, Sánchez presionó para que se la incluyera en la lista electoral por Toledo en el Congreso de los Diputados y lo consiguió, desde luego. Pero unos meses más tarde Sánchez descubrió que podría exasperar más y mejor a García Page si designaba a Tolón delegada del Gobierno en la Comunidad de Castilla La Mancha. Y tenía razón: su flamante protegida buscó una y otra vez el enfrentamiento (o al menos un roce cotidiano) con el presidente de la Junta.
El nombramiento ministerial de Tolón estuvo adornado de una narrativa humanizadora: estaba casada, tenía hijos, lleva siempre una foto de sus padres, todos en la familia son unos bailongos. Muchos apuestan a que tarde o temprano será la candidata a la Junta de Castilla La Mancha una vez arrinconado o sepultado García Page. ¿Y el Ministerio de Educación? Qué cosas. A nadie le interesa mayormente el Ministerio de Educación.














