Hay un derecho laboral que muchos dan por hecho y que, sin embargo, se recorta con más frecuencia de la que parece. No tiene que ver con el sueldo base ni con las horas extra, sino con algo que pesa en silencio en toda la vida laboral: la antigüedad. De ella dependen los pluses, la prioridad para elegir vacaciones y, llegado el momento, la indemnización por despido.
El aviso llega de la mano del abogado laboralista Miguel Benito Barrionuevo, que en uno de sus últimos vídeos lanza un consejo directo y fácil de aplicar. “Uno de los mejores derechos que tenemos como trabajadores es la antigüedad”, explica. El problema es que no siempre se reconoce como debería.
Cuando la empresa empieza a contar desde donde le conviene
La práctica es más habitual de lo que parece. “Algunas empresas quieren hacer trampas con este tema”, advierte Benito. ¿Cómo lo hacen? Reconociendo la antigüedad solo desde el momento en que el trabajador pasa a ser indefinido, ignorando los años previos con contratos temporales o incluso el periodo de prueba.
Ese recorte no es inocente. Menos antigüedad significa menos derechos y menos dinero, ahora y en el futuro. Y lo peor es que muchos trabajadores no lo descubren hasta que ya es demasiado tarde.
La antigüedad importa mucho más de lo que crees
Benito lo resume con ejemplos muy claros. La antigüedad sirve para “ser el primero en elegir vacaciones”, para cobrar pluses como los trienios y para que, “si te despiden, tu indemnización sea mayor”. No es un detalle administrativo, es una palanca de protección.
Cada año que no figura oficialmente es un año perdido a efectos económicos y legales. Y ese impacto se multiplica cuando llega un despido o una reestructuración.
Un caso real que lo cambia todo
El abogado ilustra el problema con una historia reciente. “La semana pasada vino una clienta a la que le reconocían la antigüedad solo desde que era indefinida”, cuenta. El resultado: le habían quitado cuatro años completos trabajados con contratos temporales.
La solución fue rápida y eficaz. “En 15 días, con un escrito y dos llamadas, conseguimos que le reconocieran esos cuatro años”. El efecto no fue simbólico: esos años permitieron sumar dos trienios más y 120 euros adicionales en la nómina cada mes, además de mejorar su posición ante un despido futuro.
Reclamar ahora o esperar: dos caminos posibles
Uno de los puntos clave del mensaje es que no hay una única estrategia válida para todos. Benito plantea dos opciones, según el perfil del trabajador y su situación:
- Esperar, si no hay derechos inmediatos en juego. “Si algún día te despiden, puedes reclamar entonces tu máxima indemnización”.
- Reclamar ya, si la antigüedad afecta a pluses salariales o si se prefiere regularizar la situación cuanto antes.
La diferencia entre una y otra opción puede traducirse en cientos de euros al mes o miles en una indemnización.
El error que muchos descubren demasiado tarde
El gran problema, insiste el abogado, es el desconocimiento. Muchos trabajadores asumen que su antigüedad empieza el día que firman el contrato indefinido. No siempre es así. El tiempo trabajado cuenta, aunque haya sido con contratos temporales encadenados.
El consejo es sencillo y contundente: revisar cómo figura la antigüedad en la empresa. A veces, un dato mal reconocido no es un simple error, sino un recorte silencioso de derechos que se arrastra durante años.
Porque en el mundo laboral, como recuerda Miguel Benito, la antigüedad no es pasado: es futuro. Y dejarla en manos de otros puede salir mucho más caro de lo que parece.
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