Los lazos entre Canarias y Venezuela son históricos. Una conexión que ha influido en la cultura, el habla, la gastronomía y la migración. Pero que actualmente no se aprecia en las relaciones comerciales. Aunque no siempre ha sido así. En la segunda mitad de la década de los 2000 -entre 2006 y 2009-, la conexión sí traspasó al ámbito económico y el valor de las importaciones de las Islas desde Venezuela llegó a rozar los cien millones de euros anuales. El Archipiélago, además de tener una relación fraternal con la llamada novena isla, contaba entonces con un aliado comercial al otro lado del Atlántico.
Venezuela pasó de ser un mercado de abastos importante para el Archipiélago a un país con el que las relaciones comerciales son casi inexistentes. Es cierto que las exportaciones nunca han sido el fuerte de Canarias, pero el otro lado de la balanza sí vivió una etapa de clara expansión. El cambio de tendencia comenzó en 2006, cuando el valor de las compras llegó a 66,4 millones. Solo un año después se disparó hasta los 149,9 millones de euros, la cifra más alta de la serie histórica al registrar un crecimiento anual del 126%. En ese momento, Venezuela concentraba casi una quinta parte de todas las importaciones canarias procedentes del continente americano. En 2008, la cifra bajó hasta los 84,3 millones y se mantuvo en 2009 con un valor de 88,3 millones de euros. En esos cuatro años, la media de las importaciones desde la novena isla se situó en 97,2 millones, mientas que la de las exportaciones solo llegó a 1,2 millones de euros.
Una conexión comercial que duró poco. El 2009 marca el punto de inflexión del hundimiento de las importaciones desde el país sudamericano. ¿Por qué motivo? Por la crisis bancaria. Concretamente la nacionalización del Banco Canarias en Venezuela. Una institución financiera venezolana fundada por un grupo de accionistas de origen canario y especializada en banca universal que fue intervenida a puerta cerrada por parte del Gobierno nacional. Los usuarios eran principalmente emigrantes de las Islas y todas las ayudas, subvenciones y pensiones del Gobierno canario se tramitaban a través de esta entidad. Su intervención y liquidación supuso un golpe significativo para la comunidad canaria en el país y debilitó los lazos financieros y las operaciones comerciales entre Canarias y Venezuela. Han pasado 16 años de eso y las relaciones comerciales nunca levantaron cabeza desde ese desplome a las puertas de 2010. En los últimos años las importaciones no han llegado ni siquiera al millón de euros anual, todo un hundimiento. Los últimos datos de 2025 -de enero a octubre- reflejan que la cifra solo llegó a 326.000 euros, convirtiendo a Venezuela en un mercado residual para el Archipiélago. En los últimos diez años solo hubo una excepción, el 2017, cuando las compras alcanzaron un valor de 14,3 millones, por otra parte muy lejos de las cifras de los años de esplendor.
Sin embargo, la caída del intercambio económico no supuso la ruptura de una relación mucho más profunda y resistente al paso del tiempo. Canarias y Venezuela siguen conectadas por una red de vínculos humanos que no aparece en las estadísticas comerciales, pero que se manifiesta a diario en la vida social, cultural y política del Archipiélago. A día de hoy, se estima que residen en Venezuela unos 62.000 canarios y descendientes directos, mientras que alrededor de 83.000 venezolanos -según los registros oficiales- están empadronados en las Islas. Una comunidad que ha crecido de forma notable en la última década y que ha convertido a Venezuela en uno de los principales países de origen de la inmigración reciente en Canarias, al representar el 3,7% del total.
Este trasvase humano no es nuevo. La emigración canaria hacia Venezuela fue una constante durante buena parte del siglo XX, especialmente tras la Guerra Civil y en los años de mayor dureza económica en las Islas. Aquella salida masiva dejó una huella que aún hoy se percibe. Durante décadas, Venezuela fue tierra de acogida y de oportunidades para miles de familias canarias, una memoria colectiva que explica en parte la especial sensibilidad de los isleños ante la crisis que atraviesa el país.
En los últimos años, ese flujo se ha invertido. La situación derivada del chavismo y consolidada durante el mandato de Nicolás Maduro ha provocado una salida constante de población venezolana, con Canarias como uno de los destinos naturales. La cercanía histórica, los lazos familiares y culturales y una red previa de apoyo han facilitado la llegada de miles de personas que, en muchos casos, no se consideran migrantes al uso, sino retornados o descendientes de canarios que buscan estabilidad al otro lado del Atlántico.
Este fenómeno ha tenido un impacto directo en la agenda política canaria. La atención a los venezolanos residentes, la gestión de ayudas sociales, los procesos de regularización y la defensa de los derechos de los canarios en el exterior han sido asuntos recurrentes en el Parlamento. Las movilizaciones de la comunidad venezolana contra Maduro, visibles en las capitales del Archipiélago, han trasladado el conflicto político venezolano al espacio público canario, reforzando la dimensión política de una relación que ya no se sostiene en el comercio.
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