Menudo fin de año que me he pegado debido a la dichosa gripe, ríanse ustedes de los peces de colores, ya venían avisando los medios de prensa de que la gripe este año era especialmente virulenta, con síntomas frecuentes de tos, fiebre, malestar general, congestión nasal, dolor de garganta, cefaleas, mialgias, escalofríos y trastornos en el olfato y el gusto, que yo pensé: ¿Qué exagerados? No será para tanto. ¿Exagerados? Se han quedado cortos, más cortos que las mangas de un chaleco, ¡que por nadie pase!, lo que he vivido yo en una semana da para una temporada y media de Strangers Things.
Todo comenzó como el que no quiere la cosa el día 29 de diciembre, con un respingo frío que recorría el cuerpo, algún que otro escalofrío, un golpe de tos de vez en cuando, poca cosa, pensé, pero, a medida que iban pasando las horas, como suele ocurrir en las sesiones del pleno municipal, la cosa iba tomando color, en concreto negro, mi organismo comenzó a sufrir los avatares de una tos seca de esas que te dejan la garganta como papel de lija, los mocos me invadieron, la cefalea convirtió mi cabeza en el bombo de Broncano y perdí el olfato y el gusto, todo a la vez y a una velocidad vertiginosa, transformándome en un cuerpo escombro, que apenas podía sostener. Con estos mimbres, conseguí arrastrarme hasta mi cama y, si me faltaba poco para bingo, ¡pum!, treinta y ocho de fiebre. ¡No quieras saber la noche que pase! Fue como subirse al Dragon Kan tras haberte comido dos morcillas de cebolla y tres huevos duros. ¡Una masacre!
Durante aquellas horas de duermevela, recuerdo vagamente que me visitó la Dama de Elche, la Reina de las Fiestas, don José Claudio vestido de Cantó, Calendureta, un tío vestido de capurucho que no dejaba de darme estampitas de la Virgen del Carmen, Carmen y Penalva, las amigas de mi hijo Pepe, Vidal con una peluca rubia, Koldo asando unas chistorras, el alcalde para darme una sorpresa, el que vende cupones de los ciegos, don Héctor Díez presentándose de candidato, Helen y Pablo cantándome el villancico de Elche, Rose Nylund de Las Chicas de Oro contándome anécdotas de St. Olaf, Minnesota, Leoncio el León y Tristón, la que más sabe urdiendo tejemanejes, el rector de la UMH en el corte de la primera haba temprana, Speedy González y su primo Lento Rodríguez, la señora Rodil dando el pregón de las fiestas, al rey Melchor diciéndome: «Si suspenden la Cabalgata, ¿qué hago con los mil quinientos kilos de caramelos?; y a Kevin, Stuart y Bob junto a treinta y tres Minions más tomándose un chocolate con churros en el Choco-Churro.
Menos mal que ya se me están acabando los medicamentos, o aún me voy a creer lo del TRAM y la Ronda Sur
Cuando desperté, estaba más sudado que el sobaco de un malabarista y lo único que deseaba era: «¡Ay, señor, llévame pronto!». Me dolían partes del cuerpo que no sabía ni que existían ni que pudieran doler. Ante este panorama, intenté sacar número para el médico de cabecera y me dieron una cita para finales de enero, vamos, siempre que sobreviviera, claro, ah, eso sí, me desearon un feliz año nuevo, todo un detalle por su parte. Desechada esta opción médica, fui a la farmacia y me dejé media paga extraordinaria con el Bisolvón, Fluimocid, Flutox, Espidifen, Pharisol y unas pastillas que no recuerdo el nombre, pero, eso sí, el farmacéutico salió de detrás del mostrador y me abrazó efusivamente, mientras las auxiliares de la farmacia tiraban confeti y me felicitaban por ser el mejor cliente del mes. Así marché a casa, destrozado, sin un duro y más malo que Sauron, volví a meterme en la cama y no volví a la consciencia hasta las campanadas, que al contemplar el vestido de la Pedroche, pensé: «¡Pepe, esto no va bien!». Y así acabé el año 2025: con mocos, sin olfato, sin gusto y más perdido que la oposición municipal en el debate del estado de la ciudad o en una imposición de bandas.
Las primeras horas del año 2026 no fueron muy distintas a las últimas del 2025. El proceso vírico seguía acampado en mi organismo y, quizás debido a los efectos secundarios de tanto medicamento, durante las siguientes noches me siguieron visitando personajes extraños, como unicornios de colores, algún que otro Demogorgon, pero también se me apareció en una ocasión el hombre que vende la regalicia, los de Parques y Jardines regando las macetas, Bob Esponja y Patricio, los maseros y un municipal vestido de heraldo. Menos mal que el tiempo transcurrió y poco a poco he vuelto a recobrar parte de la salud, no se crean, aún no he recuperado del todo el sabor, pero al menos por la noche no tengo alucinaciones y puedo salir a pasear, que, aunque parezca poco, es la leche, se lo digo yo, que me he visto más allá que aquí. Por eso, he incluido en mi lista de propósitos para el año nuevo el vacunarme, pero no al lado de los de ir al gimnasio, aprender inglés, tomar cerveza 0,0, dejar de fumar, aprender a bailar, que esos propósitos no hay quien los cumpla ni cuerpo que lo soporte, sino junto a otros propósitos más privados y sentidos que no los digo, porque con ellos ocurre igual que pasa con los deseos, que, si los dices, no se cumplen, y yo, este año, tengo el firme propósito de cumplirlos, si no todos, al menos la mayoría, y, sin duda alguna, el de vacunarme de la gripe será uno de ellos.
Así he comenzado este nuevo año, dolorido, mocoso y entre alucinaciones, esperemos que no sea una premonición, porque si no voy arreglado con poca ropa, y que solo se trate de un episodio vírico aislado de esos que te dejan flojo, desorientado y con un mal cuerpo que pa qué, estoy deseando recuperar la normalidad, porque aún padezco ciertas confusiones y no distingo la realidad de la ficción, prueba de esta situación loca es que me parece que los americanos han entrado en Caracas, han pillado a Maduro y a su esposa y se los han llevado a Nueva York a juzgarlos, así sin más porque ellos lo valen, y han puesto de presidenta a Delsy Rodríguez, la número dos de Maduro, y no ha pasado nada de nada, ni revueltas, ni insurrecciones, nada, allí siguen bailando bachata. Menos mal que ya se me están acabando los medicamentos, que, si no, aún me voy a creer que lo del TRAM y la finalización de la Circunvalación Sur para Elche son propuestas serias y no unas risas y un descojono.
Como dijo Aristóteles, «la única verdad es la realidad».
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