Hay momentos en el deporte que no se repiten. Días en los que no solo se compite, sino que se inaugura algo que quedará grabado para siempre. El invierno de 2026 será uno de esos instantes únicos. Andorra, corazón de los Pirineos, se prepara para acoger los primeros Campeonatos del Mundo de Freeride FIS de la historia, una cita que va mucho más allá de un título y que marca el nacimiento oficial de una disciplina que siempre ha vivido al límite de lo posible.
Durante años, el freeride ha sido sinónimo de libertad, intuición y respeto por la montaña. Sin cronómetros, sin recorridos marcados, sin red. Solo el rider, la pendiente y la línea elegida en una fracción de segundo. Ahora, por primera vez, ese espíritu indomable se cita con la historia bajo el paraguas de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard. Y lo hace en Ordino Arcalís, un lugar que no necesita presentación entre quienes entienden la montaña como un lenguaje propio.
Las laderas de esta estación andorrana llevan décadas forjando leyendas del freeride. Sus canales naturales, sus pendientes técnicas y su orientación norte han convertido este rincón del Pirineo en un santuario para quienes buscan algo más que esquiar: buscan sentir. No es casualidad que aquí se hayan disputado durante prácticamente una década pruebas del Freeride World Tour ni que ahora se haya elegido este escenario para coronar a los primeros campeones del mundo.
La competición se decidirá en una sola jornada, en una ventana meteorológica tan imprevisible como apasionante. Un día en el que los mejores riders del planeta deberán leer la montaña, interpretarla y dibujar su verdad sobre la nieve virgen. No habrá margen para el error ni segundas oportunidades. Solo talento, valentía y conexión con el entorno.
Para Andorra, este Mundial es mucho más que un evento deportivo. Es la confirmación de una trayectoria impecable en la organización de grandes citas internacionales y la demostración de que los Pirineos también pueden ser el epicentro de los deportes de nieve más exigentes. El país se reivindica como destino de montaña de primer nivel, capaz de emocionar tanto al espectador experto como al visitante que descubre por primera vez la magia del freeride.
Este Campeonato del Mundo también simboliza un paso decisivo en el camino del freeride hacia el reconocimiento global, con la mirada puesta en un futuro olímpico. Pero, sobre todo, es una invitación abierta: a mirar la montaña con otros ojos, a entender el esquí como una forma de expresión y a vivir el invierno desde la emoción más pura.
En la salida se reunirán los mejores freeriders del planeta: 66 riders procedentes de 17 países, llamados a escribir el primer capítulo de esta historia. Entre ellos estará el andorrano Joan Aracil, que competirá en la categoría de esquí masculino y lo hará con un aliado invisible pero decisivo: el conocimiento íntimo de una montaña que le ha visto crecer, aprender y soñar desde niño. También estará presente el talento español con Núria Castán, Abel Moga, Elisabet Marina, Pol Sabido y Jokin Ruiz de Larramendi, que formarán parte de este capítulo inaugural, llevando consigo la pasión de una generación que ha crecido soñando con líneas imposibles y que ahora será testigo directo del nacimiento de la historia.
Porque hay campeonatos que coronan ganadores. Y hay otros, como este, que marcan un antes y un después.









