Que nunca nos quiten la capacidad para reinventarnos. Esta podría ser la frase de un anuncio de una marca deportiva o el mantra del último gurú de éxito en TikTok. Tal vez lo sea, pero le va como anillo al dedo a Iñaki Urdangarin (Zumárraga, 57 años), personaje patrio grabado en la memoria colectiva.
En Bevolutive, empresa de coaching que fundó hace unos meses, dice de sí mismo que es exdeportista de élite, medallista olímpico, consultor, entrenador y coach. El español medio lo describiría como el cuñado del rey que acabó en la cárcel. «Ha construido su trayectoria entre el alto rendimiento, la empresa y el liderazgo», dice de sí mismo a través de la web de la compañía. Yo añadiría que también hizo un anuncio de Cola Cao.
Condenado por delitos de malversación, prevaricación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y tráfico de influencias, al exmarido de la infanta Cristina le cayeron 5 años y 10 meses de prisión, aunque al final le abrieron la puerta después de mil días de estancia. No piensen en la cárcel de la película Celda 211. Estuvo hospedado en la prisión femenina de Brieva (Ávila), donde dice que lo pasó muy mal. «Lloré mucho», reconoció en una reciente entrevista al programa Pla seqüència de La 2Cat, explicando que él nunca tuvo «voluntad de delinquir».
Lo pasó muy mal, pero solo al principio. Según contó quien fuera consorte de la infanta, se puso a hacer deporte cuando le metieron en la habitación la bicicleta estática que pidió. Además, comenzó a desahogarse con una psicóloga especializada en estabilidad emocional. El truco para conseguir ayuda psicológica por la pública va a ser convertirse en delincuente. Tras una sesiones, ya estaba preparado para hacer yoga y mindfulness. Hasta se puso a estudiar y acabó sacándose un máster de Psicología y Coaching. Parece la historia de un gag de Pantomima Full.
«Desde Bevolutive, hoy acompaña a personas, equipos y organizaciones en procesos de transformación, propósito y evolución personal y profesional», se informa en el ‘Quienes somos’ de la empresa.
Con este panorama, no es de extrañar que el verano pasado fuera visto en un playa de Bidart (Francia) leyendo y subrayando libros de autoayuda como Los 15 problemas que deberás resolver para que tu vida valga la pena, de Álex Rovira y Francesc Miralles. También ha contado en alguna entrevista que se ha encontrado a sí mismo leyendo El hombre en busca de sentido, de Victor Frankl, un superviviente del Holocausto. Es entrar en la cárcel y todo se vuelven un poco intensos.
Dicen por ahí que, aunque él está enfocado en dedicarse a ayudar a los demás —previo pago—, lo que le están llegando son suculentas ofertas de radio y televisión. Obvio. Este es el país que ha puesto a una expresidenta de la Comunidad de Madrid a dar la vuelta al mundo con un programa de la televisión pública después de que toda España la viera robando cremas antiarrugas en el súper. A lo mejor La casa de los gemelos le queda demasiado punki, pero ya se le ocurrirá algo a Ana Rosa, que tiene hueco tras la salida de Alessandro Lecquio.
Mientras perfecciona la postura de la pluma del pavo real para sus clases de yoga, el coach ya ha anunciado lo que se viene para el próximo mes de febrero: Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes, sus primeras memorias. Se pensaría Felipe VI y Letizia que la última publicación que les iba a quitar el sueño eran las del emérito. Por cierto, en Reconciliación, dijo de su yerno que «firmaba sin pestañear todos los papeles que su socio le pedía». No sé si le está llamando tonto, pero es lo que el propio Urdangarin decía de su entonces mujer cuando estaba siendo investigada por el mismo caso.
La declaración de Urdangarin ante el juez Castro duró más de 22 horas. Dijo que no conocía la existencia de empresas para desviar dinero público y, como es tradicional, culpabilizó a su socio. Durante los años que duraron las pesquisas salieron a la luz documentos sospechosos que apuntaban a que el otrora duque de Palma (que firmó algún que otro correo como ‘duque emPalmado’) instó a varios gobiernos de comunidades autónomas a firmar acuerdos con el Instituto Nóos por trabajos que nunca se hicieron y, por supuesto, con honorarios desorbitados.
Ya apuntaba una gran capacidad para reinventarse el jugador de balonmano. Según la editorial, el libro será un relato íntimo en el que Urdangarin «repasa su infancia, su trayectoria deportiva, su exposición mediática, los años más difíciles de su vida y el camino de reinvención personal tras su paso por prisión». Vamos, una venganza en toda regla. Que tiemble la Casa Real.















