La alarmante situación que vive la costa sur de España por el creciente narcotráfico, con medios cada vez mayores a su alcance, está suponiendo ya un daño ecológico al propio parque nacional de Doñana. Cientos de garrafas de combustible usado por las lanchas de los narcotraficantes son abandonadas en el mar y terminan en las costas de Cádiz, Huelva, Málaga y otros puntos del litoral, a menudo estrictamente protegidos. Es un daño ambiental que se suma a la tragedia humana que supone esta actividad ilícita.
Diversos medios de comunicación, así como las redes sociales, no dejan de dar testimonio de la proliferación de grandes garrafas de plástico vacías que van llegando por docenas a las playas de Doñana y a otras de las inmediaciones. Allí quedan durante meses y a veces de forma permanente, o bien obligan a un gasto en limpieza que no debería por qué producirse en condiciones normales.
Según la prensa local, no solo son garrafas las que llegan a la costa andaluza, pues también hay narcolanchas que, por avería, quedan abandonadas en cualquier parte de litoral, deteriorándose y liberando allí las sustancias tóxicas que contienen.
Paisaje litoral lleno de garrafas del narcotráfico para sus lanchas / instagram
Los riesgos para el ecosistema que representan estos elementos no se limitan solo al plástico de las garrafas, pues éstas suelen contener aún cantidades de gasolina que invaden las playas, hasta el punto de que muchas de ellas huelen literalmente a combustible. Esto afecta a las especies animales que viven en ellas.
Las condiciones geográficas de la costa afectada, poco accesible en muchos puntos, facilita la permanencia durante largo tiempo de estos residuos. No se trata de episodios ocasionales, sino de una llegada constante de envases de combustible por efecto de las mareas y las corrientes, según los testimonios recogidos en la prensa local y las redes sociales.
Recientemente, el secretario provincial de la Asociación Unificada de Guardias Civiles en Huelva, Lucas Lavilla, alertaba de que Doñana se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de droga en la península y en «el mayor parque natural sin vigilancia física de Europa».












