El Barça aterrizó anoche en Jeddah (Arabia Saudí) para disputar la Supercopa de España, inmerso, muy probablemente, en uno de los momentos de forma más pletóricos de la temporada. El equipo llega con una confianza desmesurada y con la convicción de poder competir de tú a tú ante cualquier rival. El parón navideño y la más que probable llegada de João Cancelo dan aire al conjunto de Flick, que quiere ganarlo todo en un exigente tramo de temporada.
Una victoria moral
La victoria ante el Espanyol fue mucho más que tres puntos. Pese a no tener la repercusión mediática de un Clásico o un gran partido de Champions, dentro del vestuario se vivió de una manera muy especial pues era un día que se tenía marcado en el calendario a causa de las ganas que había de enfrentarse a un Espanyol en plena forma. Los jugadores lo celebraron con mucha intensidad pero especialmente aquellos criados en la casa, formados desde niños en la idea de lo que significa vestir esta camiseta y de lo que representa un derbi. Para ellos no fue solo seguir líderes en solitario por delante del Real Madrid, fue ganar al rival de siempre y viajar a Arabia Saudí con el orgullo intacto y el grupo más unido que nunca.
Un equipo que nunca cae del todo
Una de las grandes diferencias de este Barça respecto a etapas recientes está en la forma de afrontar la adversidad. Antes, cuando el equipo se veía superado o atravesaba momentos difíciles, el golpe anímico era evidente. Ahora la sensación es distinta y el grupo no se cae, sino que resiste y compite. Flick ha impuesto una filosofía de saber salir adelante en partidos donde el agua llega al cuello y donde muchos esperan el tropiezo para señalar y criticar. Pero siempre ha terminado ganando y el equipo ha respondido, que es lo que cuenta. De hecho, son ya ocho victorias consecutivas desde la derrota en Stamford Bridge y doce partidos sin perder desde El Clásico disputado del Bernabéu.
En lo físico, el Barça ha dejado atrás una etapa marcada por la acumulación de lesiones. Durante muchas semanas coincidieron en la enfermería jugadores clave para el equipo, llegando a tener más de media decena de futbolistas sin poder entrenar a las órdenes de Flick por molestias musculares. Ahora la mayoría de futbolistas se han recuperado y el equipo vuelve a contar con un fondo de armario que se nota en las segundas partes como sucedió en Cornellà, noche en la que los dos goles y las dos asistencias provinieron de jugadores que salieron del banquillo.
Dani Olmo regresó a lo grande con un golazo frente al Espanyolo / Gorka Urresola
Una ilusión desmesurada
Los jugadores tampoco son ajenos al ambiente que se vive en Barcelona. Aunque parezca que estén ‘bunkerizados’ y protegidos del ruido externo, lo cierto es que perciben plenamente la ilusión en la calle y en las redes sociales. Saben que la gente vuelve a creer y que el equipo transmite algo especial. Sin embargo, dentro del vestuario son conscientes de que todavía hay aspectos a mejorar, sobre todo en defensa, donde se han cometido errores que el curso pasado no aparecían. Esa autocrítica es parte del crecimiento del grupo y con la llegada de Cancelo se espera cubrir ese hueco para mejorar en tareas defensivas.
La motivación es máxima ante la posibilidad de disputar una final contra el Real Madrid. Para muchos futbolistas, especialmente los que llevan más tiempo en el club y conocen bien la rivalidad, ese escenario tiene un valor añadido. Están a un solo partido de una final que serviría para medir quién llega realmente en mejor momento y lógicamente existe el deseo de demostrar que el Barça está en plena subida y que el equipo blanco atraviesa una mal momento. Fuentes del vestuario aseguran querer dar «la estocada final a Xabi Alonso», lo que demuestra que la Supercopa, en estas circunstancias, es mucho más que un título. Es una oportunidad para enviar un mensaje claro y confirmar que este Barça vuelve a sentirse fuerte y preparado para todo lo que le venga.














