«Quiero expresar el apoyo de todo el Gobierno de Israel a la firme decisión y acción de Estados Unidos para restaurar la libertad y la justicia también en esta región del mundo». El entusiasta saludo provino del primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, tras conocer la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por un comando de fuerzas especiales. «Debo decir que en América Latina en general estamos presenciando una transformación, y muchos países están volviendo al eje estadounidense y, como era de esperar, también a la relación con el Estado de Israel». Netanyahu y Maduro comparten algo: investigaciones de la Corte Penal Internacional (CPI). El primero tiene un pedido de captura. El segundo fue capturado y frente a ese hecho, Netanyahu se permitió vislumbrar un horizonte expansivo de la nueva Doctrina Trump que intenta redefinir las relaciones con la América Latina sobre la base de un dominio político y económico que no debe admitir discusiones ni competencias extraterritoriales.
Al comentar la operación que extrajo a Maduro de su búnker en Caracas para llevarlo preso a Nueva York, el magnate republicano no le cerró las puertas a un ‘efecto dominó’ regional o, inclusive, más allá del hemisferio. El giro comenzó con la intervención inédita de Trump en las elecciones de Argentina y Honduras. Luego vino Venezuela. «¿Qué sigue? ¿Groenlandia y el canal de Panamá? ¿Cuba, Nicaragua, México, Colombia, Brasil? «, preguntó en su editorial de este domingo el diario mexicano La Jornada. Llamó la atención de varios analistas las variadas menciones al caso cubano del presidente de EEUU. «Cuba no está muy bien ahora, pero es algo de lo que hablaremos en algún momento, es una nación fallida», dijo en su rueda de prensa. También habló de la «dependencia» de la isla del petróleo venezolano. «Muchos cubanos perdieron la vida. Estaban protegiendo a Maduro. Esa no fue una buena decisión», dijo luego el multimillonario a The New York Post. Y además presagió que la isla «está a punto de caer». Fue sin embargo Marco Rubio, su secretario de Estado de origen cubano, quien deslizó con más énfasis la posibilidad de desenlace de esa naturaleza. «Si yo estuviera en el Gobierno de La Habana, estaría preocupado». La isla, «es un desastre» y está administrada por «incompetentes». Y añadió: «Cuando el presidente habla, tómenle en serio». Miguel Díaz Canel respondió: «Este no es su patio trasero, ni territorio en disputa! ¡No aceptamos ni reconocemos la Doctrina Monroe, ni reyes ni emperadores trasnochados!».
La nueva doctrina
La mención a la Doctrina Monroe es recurrente desde hace semanas. Proviene del siglo XIX y proclama una «América para los americanos». Fue reescrita en 1901 por el presidente Theodore Roosevelt bajo la imagen del «gran garrote». Trump se considera una versión actualizada de esas dos estrategias políticas. «La Doctrina Monroe es algo importante, la superamos en creces. Nos olvidamos de eso, pero ya no nos olvidaremos. La prevalencia en el hemisferio occidental ya no será dejada de lado. Bajo nuestra Administración vamos a restablecer el poder de Estados Unidos en la región». Esa política expansiva no se entiende sin la incidencia de Rubio.
«Está ganando la era Trump», dijo sobre él Ross Douthat, columnista de The New York Times, pocas semanas antes de la intervención militar en Venezuela. «Estamos inmersos en el tipo de acción anticomunista anticuada que cabría esperar con un hijo de Miami como secretario de Estado». Y así como Maduro era una obsesión personal desde sus años de senador, también lo es Cuba y Colombia, así como cualquier Gobierno de signo progresista. Rubio ha podido «configurar la política exterior de manera acorde con sus creencias pretrumpianas».
México y Colombia
Al menos por estas horas, cuando el magnate habla sobre estos asuntos no hace más que acompañar ese ideario. «Algo habrá que hacer con México», se permitió decir Trump en un momento en que se detecta un mayor empoderamiento de la CIA por encima de la DEA en los asuntos mexicanos. La presidenta Claudia Sheinbaum intentó bajarle el tono al exabrupto de su colega norteamericano. Su país, recordó, tiene una muy buena relación con el vecino. Pero luego que Trump asegurara que Estados Unidos «administrará» Venezuela hasta que encamine una transición, Sheinbaum lanzó una advertencia a través de X: «la gran enseñanza de Benito Juárez (un presidente crucial en la formación del estado mexicano en el siglo XIX) en estos momentos debe guiar también a Estados Unidos: entre los individuos como entre las Naciones el respeto al derecho ajeno es la paz».
Trump no se privó de amenazar a Gustavo Petro con un tono de pendenciero de barrio. «Él tiene fábricas de cocaína, la cual es enviada a los Estados Unidos. Debería cuidar su culo». Un día más tarde la prensa le preguntó sobre la posibilidad de replicar en Colombia lo ocurrido en Caracas. «Me parece bien», dijo el multimillonario además de calificar de «enfermo» al gobernante de izquierdas que había destacado la posición del Papa León XIV sobre los sucesos venezolanos.
Brasil, al margen de momento
Brasil ha quedado por el momento al margen de las invectivas, pero pueden retornar en cualquier comento. Luiz Inácio Lula da Silva lo sabe. Tuvo que hacer milagros diplomáticos para restablecer la calma en las relaciones después de que el multimillonario impuso aranceles del 50% a las exportaciones del gigante sudamericano en solidaridad con Jair Bolsonaro. El ultraderechista fue condenado a 27 años cárcel. El Congreso ha dictaminado una reducción de esa pena y Lula dijo que la vetará. No se descarta que esa decisión reactive el conflicto con Trump.Todo puede ocurrir a partir de la captura de Maduro, y así lo reconoció el diario paulista Folha en su reciente editorial.
«La agresión militar de los Estados Unidos contra Venezuela reabre un período sombrío en las relaciones entre la superpotencia mundial y sus vecinos americanos. Para América Latina, en particular, la doctrina trumpista sienta un peligroso precedente. Se ha derrumbado una capa de protección contra las agresiones en la región». El comunicado conjunto suscrito por Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España para manifestar la preocupación ante cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos por parte de EEUU provocó una suprema indiferencia en Washington.
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