La noticia de la detención de Nicolás Maduro tras una intervención militar de Estados Unidos provocó una celebración espontánea de la comunidad venezolana en Gran Canaria. Varios centenares de personas se concentraron al caer la noche en la plaza de España de Las Palmas de Gran Canaria para expresar su alivio y esperanza ante lo que consideran el inicio de una nueva etapa para su país.
Música, bailes, brindis con champán y sonrisas marcaban el ambiente en la céntrica plaza. El sonido de un descorche se mezcla entre los cánticos contra Maduro que resuenan por todo el lugar. Procede de una botella de champán traída por la familia de Carlos Aguilera, llegado a Canarias hace ocho años.
“Esto representa una puerta que se abre para todos los venezolanos en cada rincón del mundo, una oportunidad real, tangible, hacia la libertad”, afirma emocionado. Para él, la noticia reaviva la ilusión por un retorno largamente postergado. “No me importa el petróleo hoy ni EEUU, me importa la posibilidad de visualizarlo. No sé cómo ni cuándo, pero la oportunidad de hacerlo hace que sea un día grande”, señala. “Poder ver mi país renacer, el que yo viví de niño y que muchos no han podido sentir, esa Venezuela llena de alegría, de colores, de vida y que hoy es la que está por el mundo repartiendo eso de manera dispersa”, apunta.
Aguilera reconoce que no pudo contener la alegría al ver la imagen de Maduro detenido. “Es como un sueño. Ver esa foto es reflejar todo lo que no hemos podido ser y todo lo que no hemos podido hacer como país”, comenta. “Esperamos que esto para Venezuela sea un renacer, un paso más hacia la recuperación de nuestro país, de nuestra identidad, de nuestra cultura, de nuestro reencuentro y de todas las cosas bonitas”, concluye.
Un comienzo de año “excelente”
Un sentimiento similar compartía Carlos, otro venezolano que llegó a las Islas hace cuatro años. Para él, lo ocurrido supone “un comienzo de año excelente”, aunque admite que desde fuera puede resultar difícil de entender la celebración. “No es sencillo explicar que se celebre un golpe de fuerza, pero después de 25 años muchos sentimos que no había otro camino”, explica.
Carlos no oculta que la posibilidad de un conflicto con víctimas civiles genere contradicciones, pero justifica su postura por la situación vivida en el país durante décadas. “Durante años las cifras de muertes durante el chavismo parecían partes de guerra”, afirma. En su caso, la imagen de Maduro preso despertó lo que define como “una alegría desbordada”, vinculada a la idea de justicia para quienes han sufrido persecución. “Cuántas personas inocentes pasaron por eso en nuestro país, que sienta lo mismo”, apunta.
Sobre la intervención militar estadounidense, asume el dilema abiertamente: “No es que esté contento porque bombardeen mi país, estoy feliz porque va a empezar un cambio”, resume, consciente de que esa percepción no es compartida por todos.
“Era algo que esperaba toda Venezuela”
Andy Camejo observa la celebración de sus compatriotas desde lo alto de uno de los parterres que rodean la plaza. Desde allí comenta que lo sucedido era algo anhelado por todos. “Seguramente no de la forma en que se dio, pero era lo que se esperaba”, apostilla.
A su juicio, el chavismo se había convertido «no ya en un problema para la propia Venezuela sino para toda la región» y «se hizo lo que tenía que hacer”. Hace nueve años que salió del país y desde 2017 forma parte de la Asociación Solidaridad Venezuela, de la que es vicepresidente. «Ahora debemos esperar un proceso de transición en tranquilidad y paz», pronostica.
«Hay gente que habla de una intervención de EEUU cuando realmente es una liberación”, considera Camejo. Y añade que “lo vemos así porque, al fin y al cabo, lo que queremos no es sólo que Venezuela sea libre sino que recupere su plenitud de derechos, de progreso, de prosperidad y de paz, cosa que no ha hecho este régimen”.
Camejo admite que al ver la imagen de Maduro llegó a sentir compasión. “El régimen ha matado a tanta gente directa e indirectamente que es increíble pensar en un sentimiento de odio, lo que hay no sólo es compasión sino más bien una ilusión por el renacimiento de la nación”, comenta. “Cuando vimos esa foto, sentimos que es un paso más para lograr la justicia en nuestro país”, finaliza.
Una esperanza para Cuba
Junto al amarillo, azul y rojo de banderas, gorras y camisetas con las que acudían vestidos los venezolanos a la plaza de España destacaba también una gran enseña cubana. Ingrid, que salió de la isla hace 26 años, se muestra ilusionada con el futuro de Cuba.
“Que Venezuela sea libre es una alegría y, sobre todo, la esperanza de que los siguientes seamos nosotros”, sentencia.
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