La derrota del Real Zaragoza ante Las Palmas volvió a dejar ese regusto de injusticia y de merecer más. Otra vez. Pero también fue una prueba fechaciente de por qué un equipo como el canario está tan arriba y por qué el Real Zaragoza lo está tan abajo.
Pese al valeroso esfuerzo del equipo de Sellés por intentar igualar la clase y elegancia de Las Palmas en su juego a base de garra y arreones (no había otra manera de hacerlo), el duelo dejó bien claro que, si a un equipo le sobra calidad, al otro, al que está abajo, le falta en todas sus líneas. La diferencia es abismal y clamorosa, más allá de que falte mucho jugo por exprimir a un buen grupo de jugadores que están dando un nivel muy lejos de lo deseable y que no paran de acumular titularidades y minutos.
Así que el Real Zaragoza tiene que competir con otras armas. La presión, el balón parado, la intensidad y aprovechar las pocas ocasiones que tenga. Y ahí es donde se volvió a evidenciar la enorme falta de calidad que tiene este equipo y la mucha que tiene el contrario. Uno las metió, el otro no.
En cierto modo, la derrota recordó al partido contra el Deportivo. Compitió el Real Zaragoza, sabiéndose inferior a su rival, pero con este nivel de calidad en ambas áreas debe ocurrir casi un milagro para acabar sumando de tres este tipo de choques. Jonathan Viera, Manu Fuster, Loiodice y Pejiño tuvieron ratos de sentirse en el patio de recreo ante un Zaragoza incapaz de romper líneas sin un mal pase, un mal control o un mal desmarque que fue desesperante, como si fuesen dos equipos de distinta categoría.
Pero asumiendo que ahí Las Palmas era inigualable, al menos el Real Zaragoza optó por la garra, el juego directo y las jugadas aisladas y, a su nivel, no cuajó un mal encuentro. Se podría decir incluso que, si hubiese ganado, no hubiera sido inmerecido, como contra el Málaga y el Burgos, por ejemplo. Y otra vez se quedó en la orilla, con el dolor de otra derrota, el tortazo de ver la salvación otro punto más lejos y con la clara evidencia de que hay que fichar y mucho en este mercado de invierno como último clavo al que agarrarse antes de que el barco se hunda. Y hay que firmar, sobre todo, mucha calidad.
Esa ha sido la gran diferencia entre el Real Zaragoza y Las Palmas y, con estos jugadores, por más que el discurso en público de Sellés sea el que toca dar sobre los refuerzos, no le va a servir para salvarse. Pasó el conjunto aragonés de poder vencer con dos ocasiones de Kodro (una invalidada a las nuves), la segunda de ellas para tirarse de los pelos, a perder. Y lo hizo por una mala entrega de Guti en el medio, una horrible presión (como en el 0-1), peor basculación y una terrible defensa de la acción. Un lateral que no es lateral no tapa bien y un central que no es central falla. Todo eso, cuando Sellés volvió a regalar 65 minutos a un Soberón que juega de mediapunta sin serlo y que está totalmente desconectado del juego.
No va a servir cualquier jugador en enero si de verdad quiere dominar ambas áreas y ser un Real Zaragoza distinto. Necesita futbolistas de todas las líneas que sepan jugar en espacios cortos, no estén encorsetados, sepan dar un pase sin perderla, no les queme la pelota, generen superioridades y, de paso, que metan goles. La pelota, para Txema Indias.
















