Aunque el medievo es un periodo generalmente masculino en el que la mujer se ve excluida con frecuencia, existen algunas voces femeninas que han conseguido alcanzar la posteridad. Se conocen más de 400 trovadores, pero solo ha llegado hasta nuestros tiempos el nombre de 20 trobairitz, un grupo de poetisas que surgió en el siglo XII al sur de Francia que compusieron y cantaron sus propios versos. Algunas de las más importantes fueron Maria de Ventadorn, Tibors de Sarenom, Azalais de Porcaraigues, Garsenda de Provença o la condesa Beatriz de Dia. En sus versos se habló del amor cortés tan de moda en la época.
Al igual que los trovadores, las trobairitz eran mujeres nobles del sur de Francia, pero también existieron en Italia y en Cataluña, donde escribieron en lengua d’Oc. Gracias al acceso a la cultura que les dio su estatus pudieron componer poemas siguiendo los cánones de la época al margen de las comunidades religiosas.
Debido a la misoginia imperante, no se empezaron a analizar en profundidad sus obras hasta el siglo XX. Los estudios demuestran que su género no está subordinado a la poesía masculina ya que no la copiaron, sino que crearon su propio estilo y desarrollaron una manera de escribir exclusivamente femenina. Se ha comprobado que hubo intercambio epistolar entre trobairitz y trovadores con el fin de comparar estilos, lo que parece indicar que existió cierto respeto entre ambos.
En el caso de los trovadores, el amor lo suscita la belleza de la mujer amada, mientras, el de las trovadoras lo despierta el intelecto, además, el amado debe ser de su misma clase social o superior. Algunas de sus obras quebrantan la actitud pasiva de la mujer medieval; hablan de mujeres que tomaban la iniciativa y que expresaban sus deseos, hablaban, incluso, del amor adúltero.
Además del amor cortés, trataron temas que interesaba a las mujeres como la maternidad o el matrimonio, pero también se discutieron temas religiosos y políticos.
El mayor número de obras conservadas pertenece a la condesa de Dia, la más famosa trovadora de lengua occitana de finales del XII. Su canción A chantar m’er de so qu’eu no volria es la única pieza que se conserva intacta de una trovadora. Es una canción que refleja el dolor del amor no correspondido y el vacío producido por el rechazo. Está escrita de forma epistolar:
Ahora deberé cantar de lo que no querría, / tanto me lamento del que soy amiga, / pues le amo más que a cualquier cosa en el mundo / pero no valen ante él ni la piedad ni la cortesía / ni mi belleza, ni mi valor, ni mi juicio, / porque soy engañada y traicionada / como sucedería si fuera poco agraciada. / Me conforto pensando que jamás y de ningún modo / cometería equívoco hacia vos, amigo, / sino que os amo más de lo que Seguis amó a Valensa, / y me agrada venceros en amor, / amigo mío, porque sois el mejor; / sois orgulloso conmigo en las palabras y en los modos, / mientras que os mostráis amables con todos. / Me sorprende como hacia mí vuestro corazón se muestra duro, / amigo, por lo que tengo razón para dolerme; / no es justo en absoluto que otro amor os aparte de mí, / sea lo que sea lo que os diga o conceda; / ¡y recordad cuál fue el inicio de nuestro amor! / el Señor Dios no quiera / que sea mía la culpa de la separación. / La noble virtud que habita en vuestro corazón / y el alto valor que poseéis me intimidan, / pues no conozco dama cercana o lejana, / que, dispuesta a amar, no sea atraída por vos. / Pero vos, amigo, tenéis tanto juicio / que bien debéis conocer la más perfecta; / y acordaos de vuestro pacto. /deben ayudarme mérito y nobleza / y la belleza y aún más la sinceridad de ánimo, / por ello os mando allá donde moráis / esta canción, que sea mi mensajera; / y quiero saber, mi gentil y bello amigo, /por qué sois tan altanero y cruel conmigo: / no sé si por orgullo o mal talante. / Más aún quiero que os diga el mensajero: / por demasiado orgullo mucha gente ha sufrido gran daño.
Algunos piensan que el siglo XII tiene destellos de liberación femenina, por ser el siglo en el que existieron mujeres tan brillantes como Leonor de Aquitania o Hildegarda de Bingen o por ser el momento de difusión de las beguinas y trobiaritz.
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