La detención de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, durante una operación aerotransportada realizada por EEUU en la madrugada de este sábado ha puesto en evidencia la fragilidad de la alianza entre Moscú y Caracas. Separadas ambas capitales por cerca de 10.000 kilómetros de distancia, la Rusia de Vladímir Putin no ha podido impedir el arresto de su principal aliado en América Latina, y con el que acababa de firmar un acuerdo de «asociación estratégica y cooperación» que incluye una dimensión militar. Analistas rusos de oposición han destacado la precisión del ataque llevado a cabo por EEUU y la han comparado con la vacilante actuación del Ejército de su país en Ucrania, que en cuatro años no ha conseguido atrapar al presidente ucraniano Volodímir Zelenski y consigue en el frente bélico avances muy limitados a costa de grandes pérdidas humanas y de material.
«Rusia está ocupada en Ucrania, y no puede apoyar a sus aliados de forma rápida y efectiva», ha constatado a la cadena independiente rusa TV Dozhd el politólogo Iván Preobrazhenski, coordinador del Club Político de Moscú y columnista en Deutsche Welle. Este analista ha destacado la reciente firma entre Rusia y Venezuela del así llamado Acuerdo de Asociación Estratégica y Cooperación, cuyas cláusulas se desconocen pero que incluyen una dimensión militar. En principio, «Rusia apoya militarmente a Venezuela», ha recordado. Según la inteligencia ucraniana, Rusia ha desplegado en el país caribeño a 120 instructores militares que entrenan a las Fuerzas Armadas venezolanas, dirigido por el general Oleg Makarevich. Existe constatación, mediante testigos, que operativos de seguridad rusos asesoran a colegas venezolanos en interrogatorios y torturas de opositores.
Misiles rusos inefectivos
A juzgar por la libertad de movimientos que han tenido los helicópteros estadounidenses, las baterías antiaéreas de fabricación rusa, o no han sido efectivas para contrarrestar el ataque norteamericano o no han sido desplegadas. Hace poco más de dos meses, el propio Maduro presumía del despliegue de 5000 misiles portátiles Igla S, desarrollados por Moscú, que supuestamente tendrían gran eficacia en el derribo de helicópteros a baja altura. «Ni un helicóptero fue derribado, ni hubo pérdidas en el bando estadounidense», ha enfatizado Preobrazhenki.
El ataque estadounidense ha puesto en un brete a Rusia, cuyo Ejército lleva cuatro años empantanado en una guerra en la que logra tan solo avances muy limitados a costa de un elevadísimo número de bajas humanas que se contabilizan en cientos de miles. «Es difícil comparar esta operación quirúrgica» llevada a cabo en Venezuela «a distancia» con «lo que sucede en Kupiansk, ciudad que está situada a 40 kilómetros de la frontera rusa», ha asegurado, también a TV Dozh, Serguéi Auslander, especialista en cuestiones militares. Este experto hace referencia a la batalla desde que tiene lugar en esa localidad ucraniana de la región de Járkov, cuya conquista ha sido anunciada en varias ocasiones por fuentes rusas aunque luego desmentida, incluso por el propio presidente Zelenski viajando recientemente a la zona de combates. La comparación también es inevitable cuando se recuerda que Rusia, en las primeras horas de la invasión de Ucrania, intentó también descabezar políticamente al país vecino. Pero el comando enviado a asesinar a Zelenski fue neutralizado por Ucrania.
Eso sí. Rusia ejercerá influencia en la respuesta que presente el régimen de Maduro a la detención de su líder. de hecho, en las primeras horas del ataque, se informó que Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana, se hallaba en Moscú de viaje, aunque tal extremo fue desmentido posteriormente.
En su comunicado oficial, el Ministerio de Exteriores ruso ha condenado el ataque pero a la vez ha hecho un llamamiento al pragmatismo y ha conminado a que Gobierno y oposición «resuelvan sus diferencias mediante el diálogo», lo que se interpreta como una nueva señal de su incapacidad de contrarrestar las acciones militares de EEUU. De hecho, las acciones estadounidenses han sido un recordatorio y han avivado temores entre la élite rusa de que, si existe voluntad política, es posible descabalgar a gobiernos que han perdido todo atisbo de legitimidad popular. Dmitri Medvédev, expresidente ruso, verbalizó este temor al asegurar que solo «el arsenal nuclear» puede garantizar «la protección fiable» de un país.
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