Del creador de la comedia romántica ‘MAGA’, estrenada en España como ‘Haced a América Grande de Nuevo’, ahora llega la secuela de catástrofes ‘Estados Fallidos II’, a pesar del fracaso en taquilla del inicial ‘Estados Fallidos’ que rodó George Bush a principios de milenio. La interpretación del secuestro a domicilio como presuntos narcoterroristas de Nicolás Maduro y su esposa no debe interpretarse en clave de Estados Unidos, ni mucho menos de Venezuela, y el Derecho Internacional ni siquiera merece un ‘cameo’ en esta superproducción.
El protagonista único de la decapitación de Venezuela es Donald Trump, el emperador caprichoso, el Rey Sol que ha transformado la Casa Blanca en una imitación de Versalles con dorados de hojalata. Una «gran operación», pronto hablará de una «bella invasión». Ausente del reparto, Europa contempla la declaración de guerra camuflada de operación policial «con preocupación». El viejo continente se ha quedado sin trabajo, y asume la humillación antes que incurrir en las iras de Washington.
Ni un día sin Trump, que aumenta las dosis de truculencia de sus intervenciones para mantener a la audiencia adicta. Prometió el ensimismamiento aislado de Estados Unidos, y celebra un año en el poder con un espectáculo de fuegos artificiales mortíferos en su patio trasero. Se ha adueñado del bien más preciado del planeta, la actualidad. Bien que lo entendió la venezolana María Corina Machado, más peligrosa incluso que el presidente secuestrado, al recibir la notificación del Nobel de la Paz homenajeando al ‘imperator’ estadounidense.
El insaciable Trump persigue ahora el Nobel de la Guerra como un Joker que se ha visto frustrado en sus caprichos, la payasada del premio de la Paz de la FIFA no le ha servido de sucedáneo. Aunque esta historia solo admite un antihéroe, en algún momento habrá que abordar a los personajes secundarios. Maduro respondía bailando con impecable estilo caribeño a las provocaciones de Trump contoneándose con el ‘YMCA’ de Village People.
El ya expresidente venezolano, porque en ningún caso recuperará el papel que interpretaba en la representación, no es la única víctima de la «extracción» de su palacio de Miraflores. Decenas de jefes de Estado y de Gobierno del mundo entero escrutan hoy con miedo el cielo y a sus escoltas amenazantes, ningún refugio queda fuera del alcance de las garras de Joker Trump.
Cualquier hipótesis irracional halla acomodo en la mente de Trump, tal que secuestrar a Maduro para borrar las huellas del partenariado del magnate estadounidense con Jeffrey Epstein. O para transformar Venezuela en otra riviera turística a la altura de Gaza. Sobre todo, el ego más grande del universo quiere remediar la acusación de cobarde gallina que le persigue tras amagar sin dar en numerosas ocasiones. Así se acuñó el ofensivo apodo de ‘TACO’, siglas de ‘Trump Always Chickens Out’ o ‘Trump Siempre se Raja’, una afrenta que desea curarse a bombas.
De hecho, mientras el progresismo ramplón deploraba y la mayoría silenciosa aplaudía el hundimiento de supuestas narcolanchas venezolanas, el Napoleón de pacotilla avisaba en su interminable discurso de que «las acciones por tierra contra Venezuela son más sencillas que por mar». Dicho y hecho, el mundo tendrá ocasión de arrepentirse de haber tomado a Trump por un vulgar fanfarrón.













