«Nos estaba yendo muy bien, tenemos una clientela fiel». Es el lamento de Manu Romero, uno de los dos propietarios de La Llanda, que este lunes 5 de enero, víspera del Día de Reyes, cerrará sus puertas. Se pone fin, de este modo, a la trayectoria de un local que desde hace casi diez años era un referente del vermut -110 referencias en carta- y del aperitivo en la capital de la Plana.
El fin del contrato de arrendamiento y la venta del local, situado en la calle Císcar, están detrás de esta decisión. No habrá, pues, una segunda mudanza, después de que el establecimiento se trasladara en 2020 desde un local más pequeño, en la misma calle Císcar, a su ubicación actual. «No queremos empezar de cero otra vez«, resume Manu Romero, quien dará un giro a su trayectoria profesional y se irá a trabajar a la cerámica. Fran Moreno, el otro socio, ejercerá como chef en otro restaurante.
Especialidad en conservas
La Llanda, como su nombre indica, estaba especializada en las conservas portuguesas y gallegas. «Cada tres o cuatro meses cambiábamos la carta. Lo que más éxito tenía eran los mejillones», explica su propietario. También ofrecían arroces por encargo.
Interior de La Llanda. / Mediterráneo
El cierre llega en un buen momento para el establecimiento, tras haber superado una temporada pospandemia «muy complicada». «Ha sido una montaña rusa, con momentos muy duros. Pero ahora estábamos consolidados, nos habían dado premios en la Ruta Sabores y contábamos con una clientela fija».
El lunes será la última oportunidad de degustar un buen vermut acompañado de una lata de conservas. «Os esperamos para brindar, abrazarnos y decir hasta pronto», concluye Manu.
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