Estados Unidos había puesto precio a su cabeza: 50 millones de dólares por cualquier información que condujera a su captura, requerida por los tribunales estadounidenses desde que el Departamento de Justicia le acusara de “narcoterrorismo” en 2020. Aquella vieja aspiración de Donald Trump, el hombre que puso en marcha la imputación de Nicolás Maduro durante su primera presidencia, se ha hecho realidad este sábado. El autócrata venezolano ha sido “capturado” junto a su esposa, Cilia Flores, por las fuerzas especiales de EEUU en un lugar indeterminado de Venezuela y trasladado en helicóptero hasta el portaviones USS Iwo Jima, desde el que viajaría a estas horas con destino a Nueva York.
“Muy pronto enfrentarán toda la ira de la justicia americana en los tribunales en territorio estadounidense”, dijo la fiscal general del Estado, Pam Bondi, refiriéndose a Maduro y su esposa. No deja de ser paradigmático de los tiempos que corren que el brazo alargado de la justicia norteamericana se haya manifestado mediante una vulneración de la justicia internacional, según los expertos, una agresión militar de libro con el bombardeo de instalaciones civiles y militares venezolanas y el secuestro de su presidente. Una operación que recuerda a la captura del líder panameño Manuel Noriega en 1989, cuando Ronald Reagan era presidente. Noriega, como Maduro, había sido acusado de narcotráfico.
Hasta el momento solo se conocen algunos detalles sobre la aprehensión del venezolano, una operación que, según CBS News, corrió a cargo de la unidad de élite de fuerzas especiales del Ejército, conocida como Delta Force. Trump no quiso confirmar que fuera esa unidad en concreto, pero sí dijo que Maduro y Flores se encontraban en una “vivienda franca protegida por agentes armados” cuando fueron localizados por sus militares. “Una fortaleza”, en sus propias palabras. “Rompieron las puertas metálicas y los sacaron de allí en apenas unos segundos”, dijo el republicano en una entrevista a Fox News tras explicar que siguió la operación en directo desde de su residencia en Mar-a-Lago (Florida), rodeado de oficiales del Ejército y otros miembros de su Administración.
Operación retrasada por el clima
La operación había sido aparentemente preparada con extrema minuciosidad. De acuerdo con Trump, las fuerzas especiales construyeron previamente una casa “idéntica” a aquella en la que se escondía Maduro. Reprodujeron sus entradas y salidas, así sus medidas de seguridad. El plan inicial preveía llevar a cabo la operación “hace cuatro días” (en víspera del Año Nuevo), pero acabó posponiéndose por las inclemencias del tiempo. “De repente todo se abrió y dimos nuestro visto bueno”, explicó el presidente.
Otras fuentes señalan que el Pentágono fue capaz de identificar todas las rutinas del «ilegítimo dictador» venezolano, según lo llamó Trump. Sus “patrones vitales”: desde sus movimientos diarios a los distintos lugares donde pernoctaba, según ‘The Washington Post’. En las últimas semanas desplegó en la región a dos unidades de la Delta Force, una procedente de Oriente Próximo y otra del Norte de África.
Acusación contra Maduro
Trump sugirió que dos soldados estadounidenses resultaron heridos durante la operación, pero señaló que no hubo muertos. “Tampoco perdimos ningún avión. Todos regresaron. A un helicóptero le dieron duro, pero logramos recuperarlo”, apostilló el neoyorkino.
Ahora Maduro deberá comparecer ante un tribunal federal de Nueva York para responder a las acusaciones de narcotráfico y conspiración con terroristas. EEUU le acusa de dirigir El Cartel de los Soles, una red informal y corrupta de militares y funcionarios acusada de haber recibido durante años sobornos de la guerrilla colombiana de las FARC para transportar toneladas de cocaína a EEUU a través de Venezuela. Algunos expertos han cuestionado que Los Soles sea un cartel tradicional o que exista evidencia alguna del presunto liderazgo de Maduro sobre la organización.
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