Cuento de Navidad (6)

Se acurrucó en la penumbra desvencijada del campanario, entre vigas carcomidas y polvo antiguo, como un animal que eligiera la altura para espantar a los depredadores. La Navidad ascendía desde el pueblo en forma de luces temblorosas, pero para él, el francotirador más laureado de su ejército, no suponía más que un eco remoto. Había sido cazador antes que soldado, y en algún punto del camino —quizá cuando el frío helador de la guerra congeló su juicio moral— dejó de distinguir un enemigo de un trofeo. Apretar el gatillo se había convertido en un mero ejercicio de precisión. Cada víctima era una raya más en la pared del viejo campanario.

Fuente