En lo más profundo del desierto del sur de Irak, una ingente cantidad de excavadoras extienden capas de arcilla húmeda sobre las dunas en un desesperado intento de combatir las cada vez más frecuentes e intensas tormentas de arena que asolan el país.
Irak sufre tormentas de arena y polvo desde hace mucho tiempo y es algo habitual en esa parte del planeta, pero en los últimos años se han vuelto más frecuentes e intensas a medida que se recrudecen efectos del cambio climático.
Las tormentas de arena, impulsadas por la grave sequía, el aumento de las temperaturas y la deforestación, cubren por completo ciudades y pueblos con una interminable neblina ocre, obligan a cancelar vuelos y llenan los hospitales de pacientes con dificultades respiratorias.
Las autoridades iraquíes han advertido que estas sofocantes tormentas se intensificarán aún más, lo que demuestra la urgencia de abordar el problema de forma inmediata.
Enterrar el desierto bajo arcilla
En una zona relativamente pequeña entre las ciudades de Nasiriyah y Samawah, no lejos de antiguas ruinas sumerias, los obreros trabajan arduamente para estabilizar el suelo aplicando una capa de arcilla húmeda de 20 a 25 centímetros de espesor, informa la agencia AFP.
Extensiones de arcilla depositadas sobre la arena en Irak / AFP
El proyecto también incluye la plantación de especies vegetales resistentes al calor, como Prosopis y Conocarpus, para estabilizar aún más el suelo.
«El objetivo principal es reducir el impacto de las tormentas de polvo transfronterizas, que podrían llegar a Kuwait, Arabia Saudita y Catar», declaró Udai Taha Lafta, de ONU-Hábitat, quien lidera el proyecto.
«Esta es una zona vital, a pesar de su pequeño tamaño, y se espera que ayude a reducir las tormentas de polvo el próximo verano», añadió Lafta.
Un objetivo a corto plazo es proteger una carretera del sur donde se han producido numerosos accidentes de tráfico debido a la mala visibilidad durante estas tormentas de polvo.
Aumentar las zonas verdes
El Ministerio de Medio Ambiente estima que Irak se enfrenta actualmente a unas 243 tormentas al año, y se prevé que la frecuencia aumente a 300 «días de polvo» para 2050, es decir, la mayor parte del año, a menos que se adopten medidas drásticas de mitigación.
En 2023, las autoridades iraquíes colaboraron con ONU-Hábitat y el Fondo de Kuwait para el Desarrollo Económico Árabe para intervenir en diferentes zonas especialmente afectadas.

Excavadoras trabajando sobre el terreno / AFP
El proyecto incluye varias estrategias diferentes en tres zonas del sur, incluyendo la excavación de canales y el suministro de electricidad para bombear agua del río Éufrates, preparando así terrenos actualmente áridos para que acojan la vegetación que se está plantando.
De hecho, uno de los objetivos del proyecto es aumentar las zonas verdes y que los agricultores puedan, con el tiempo, conservar las tierras después de que las sequías y la escasez crónica de agua hayan reducido drásticamente las superficies agrícolas.
Qahtan al-Mhana, del Ministerio de Agricultura, afirmó que la estabilización del suelo permite que los esfuerzos agrícolas en zonas arenosas perduren.

Tormenta de arena en Irak / Agencias
Añadió que Irak cuenta con una amplia y exitosa experiencia en la lucha contra la desertificación y las tormentas de polvo mediante la estabilización de dunas de arena. Desde la década de 1970, el país viene ejecutando este tipo de proyectos, pero tras décadas de inestabilidad política, los problemas medioambientales habían quedado prácticamente desatendidos.
Con el grave impacto que está causando el cambio climático, «se ha reanudado el trabajo», declaró Najm Abed Taresh, de la Universidad Dhi Qar. «Estamos logrando un progreso lento pero constante», concluyó Taresh.














