En una mesa de Nochevieja todo cuenta: la vajilla, la cristalería, la iluminación y, por supuesto, el mantel. Sin embargo, no siempre resulta fácil mantenerlo liso e impecable durante toda la velada, especialmente cuando se trata de telas grandes o delicadas que tienden a arrugarse con facilidad.
El truco sencillo y eficaz para que el mantel luzca perfecto durante la última cena del año
La clave está en plancharlo cuando aún conserva un ligero punto de humedad y colocarlo directamente sobre la mesa antes de que se seque por completo. El vapor y la tensión natural del tejido ayudan a que la tela se adapte a la superficie y mantenga un aspecto uniforme durante más tiempo.
Una vez extendido, conviene dejar el mantel colocado hasta que esté totalmente seco. De este modo, el tejido fija la forma y reduce notablemente la aparición de arrugas, incluso tras varias horas de uso. Para un acabado aún más cuidado, muchos optan por colocar debajo un muletón o una sábana fina, un detalle que aporta cuerpo, mejora la caída del mantel y refuerza la sensación de orden y elegancia en la mesa.










