El entramado societario bajo el que se organiza la norteamericana General Dynamics en Europa desdibuja el perfil de Santa Bárbara como empresa española y potencial beneficiaria de millonarios contratos de defensa. El gasto en material defensivo se ha convertido en prioridad y será el motor de una industria estratégica para el Gobierno de España en un contexto en el que se debe incrementar la inversión y en el que Estados Unidos ha dejado de ser el aliado fiable y protector de Europa que ha venido siendo desde la Segunda Guerra Mundial.
Precisamente esa estructura societaria y los flujos de capital internos son una de las claves que explican la batalla empresarial que disputan Santa Bárbara (con fábrica en Trubia pero ejerciendo como herramienta empresarial de la estadounidense General Dynamics) e Indra, la apuesta empresarial netamente española que cuenta con el paraguas del Ministerio de Defensa y que ha hecho de Asturias su principal plaza para desarrollar cuantiosos contratos de fabricación.
Más allá de la batalla entre competidores, la disputa entre Santa Bárbara (que lo es en realidad con el diseño societario radicado en Estados Unidos) e Indra, encarnizada desde que se pusieron sobre la mesa los planes de gasto público en defensa, es una batalla sobre cuál debe ser el modelo de industria de la defensa más favorable para la soberanía nacional. Desde el punto de vista asturiano, la contienda también abre el interrogante sobre cuál debería ser la mejor opción para Asturias: ¿contar con dos grandes empresas beneficiarias de contratos y capaces de generar empleo que compitan,que colaboren o que se constituya un único tractor nacional?
455 millones diluidos.
Conlleva ciertos peajes la pertenencia de Santa Bárbara a un complejo entramado de sociedades y empresas, constituidas para lograr beneficios fiscales y estratégicos, pero dependientes de una matriz incuestionable que es General Dynamics Corporation. Por ejemplo, la empresa radicada en Asturias ha aportado a la red de empresas un total de 455 millones de euros, según se extrae de documentación contable a la que ha tenido acceso LA NUEVA ESPAÑA. Esa transferencia de capital se ha establecido a través de la sociedad General Dynamics European Finance Limited. No se trata de una operación irregular, ya que el denominado «cashpooling» no es una práctica inusual en grandes corporaciones. En definitiva, se trata de que una sociedad gestione las ganancias y pérdidas de las distintas empresas de un mismo grupo, para compensar sus saldos. Es decir: Santa Bárbara aporta sus beneficios a una entidad que adquiere una deuda, pero que utiliza esos recursos para compensar las cuentas de resultados de empresas radicadas en otros países.
Aunque teóricamente esa deuda existe (es decir, Santa Bárbara podría reclamar esa cuantía), el saldo queda diluido en la contabilidad del grupo. Si desde una oficina de Estados Unidos se considerase que una factoría deja de ser rentable, el dinero ya estaría en otras manos.
Los traspasos internos de sociedades.
Santa Bárbara S.A. contaba en 2023 con dos participaciones societarias significativas: un 16,33% en el consorcio empresarial Tess Defence, en el que también participa Indra, y un 100% sobre GDLS Bridge Systems GMBH. Esta era una sociedad que centraba la fabricación de lanzapuentes y sistemas anfibios de carga de rápida instalación. En 2024, la sociedad implantada en España por la participación de Santa Bárbara pasó a Alemania, integrándose en la sociedad General Dynamics European Land Systems, radicada en el país germano.
Un gestor que opera desde una sociedad que solo administra personal.
La contabilidad interna de Santa Bárbara y otras empresas asociadas a la que ha tenido acceso este periódico constata también cómo las decisiones estratégicas sobre Santa Bárbara y su participación en los contratos públicos no se adoptan desde la sociedad, teóricamente española, sino desde ámbitos vinculados a la multinacional. El asturiano Antonio Bueno, que fuera presidente de Santa Bárbara, actúa como interlocutor con el Gobierno de España para la empresa con talleres en Trubia, pero lo hace a través de su cargo al frente de General Dynamics European Land Systems, que en el fondo no es más que una estructura de gestión directiva común para empresas radicadas en distintos puntos de Europa. De hecho, las cuentas de 2024 de esa sociedad, a las que ha tenido acceso este periódico, constatan que la sociedad que dirige Bueno es básicamente una entidad instrumental para llevar a cabo una gestión compartida de intereses empresariales que trascienden fronteras. Las cuentas de la sociedad, consultadas por este periódico constatan una cifra de negocio de 32 millones por «prestaciones de servicios» de los cuales casi seis millones de euros se destinaron a gastos personal, y 26 millones a «otros gastos de explotación».
En el ámbito empresarial de la defensa se produce una clara polarización de opiniones dada la encarnizada batalla entre el modelo que representa Indra y el que supone Santa Bárbara dentro del conglomerado de General Dynamics; se trata de una disputa que no está exenta de posiciones políticas.
Apuesta por Asturias
Los defensores del modelo Indra señalan su inequívoca implantación nacional. En el gobierno asturiano también se reconoce una apuesta clara por el Principado como base de operaciones: más allá de la compra de El Tallerón de Duro para la fabricación de blindados y obuses (los últimos contratos rozan los 8.000 millones de euros), la empresa busca ubicación en Asturias para una nueva fábrica, un circuito de pruebas y, al calor de su implantación, constituir un polo industrial de empresas auxiliares de la defensa. La mirada de Indra ya está puesta en terrenos que otrora fueran símbolo del desarrollo industrial de Asturias, de la mano de actores empresariales que facilitaron la compra de El Tallerón. Ese nuevo espacio estaría ubicado en un espacio de referente industrial en la costa asturiana.
De fondo, en un marco idílico, los actores políticos desearían un escenario de un tractor nacional que desarrolle lo que podía ser el mayor polo tecnológico de Europa en la fabricación de vehículos terrestres o una colaboración para dos empresas radicadas en Asturias, con solvencia técnica más que sobrada para llevar a cabo las necesidades de fabricación del Ministerio de Defensa y capaces, además, de crear sinergias tecnológicas. En cualquier caso, Asturias debería estar vigilante para que ningún proyecto de defensa adjudicado para la región se vaya a otras áreas geográficas por decisiones empresariales que se tomen más allá de las fronteras.
El Ministerio de Margarita Robles acaba de adjudicar los nuevos programas de tierra que facilitarán la fusión entre Indra y Escribano, sociedades en manos de dos hermanos (Ángel Escribano, presidente de Indra Group, y Javier Escribano, CEO de EM&E group), que conformará el principal fabricante de equipación de defensa de España. La apuesta inequívoca ha levantado ampollas en Santa Bárbara, habitual adjudicataria de los contratos de Defensa, pero el sueño de Moncloa sigue siendo establecer un «referente nacional» de la industria de la defensa que sume a todos los actores que existen sobre el tablero.
Cierto es que la documentación contable no solventa las dudas sobre cuál es la partida que realmente juega Santa Bárbara, bajo la dirección de General Dynamics. Ni siquiera está claro si los 450 millones trasladados a la sociedad multinacional regresarían en caso de que el gigante norteamericano considerase que ya no le interesa seguir jugando a las batallas empresariales en España.»Tampoco se dilucida si las bases imponibles negativas que Santa Bárbara arrastra y que les permite reducir sus impuestos a pagar en España pudiera ser una razón por la que siguen operando en el escenario nacional», sostienen fuentes conocedoras del campo de batalla empresarial..
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