La picaresca en la universidad existió desde siempre, sobre todo a la hora de librarse del tedio de hacer trabajos. Y no solo es hacer trampas, sino también aprender a esquivar los mecanismos existentes para detectarlas. De hecho, pedirle a Chat GPT que se ponga manos a la obra ya no es la primera opción para muchos estudiantes, que saben bien que sus profesores son capaces de detectar sus artimañas con herramientas punteras, bien entrenadas en la inteligencia artificial.
Sin embargo, hay un tipo de fraude que cuesta demostrar y del que es difícil conocer el alcance. Son los trabajos por encargo, sobre todo de fin de grado (TFG) y de máster (TFM), dado que estos son obligatorios para poder obtener el título correspondiente. Si bien siempre hubo alumnos (o antiguos alumnos) que se ofrecían a remangarse por unos cuantos euros y de los que se enteraba uno por el boca a boca, ahora existe una retahíla de páginas online que consultar y a las que hacer peticiones para ahorrarse esfuerzos.
Con una simple búsqueda se puede acceder al menos a quince webs distintas. Haz Mi Trabajo, Aprueba Todo, Haz Mi TFG, Universitarios en Apuros o Aprobaré son algunas de las que aparecen mejor posicionadas. Los precios oscilan dependiendo de varios factores. Pero, por ejemplo, uno de estos proyectos de fin de carrera de 80 páginas de la rama socioeconómica ronda los mil euros de precio.
Cuando accedes al portal de, por ejemplo, la última web mencionada, se presentan varias opciones. Tienen un precio estándar por página de once euros y advierten que el plazo mínimo de trabajo es de una semana, tiempo que contrasta con el que realmente aplican los estudiantes cuando rematan su grado. Ofrecen «confidencialidad completa», «pagos por etapas» y «correcciones gratuitas».
Para acceder preguntan por el tipo de trabajo: elaboran desde pequeños encargos para asignaturas sueltas hasta tesis. Piden un título, el número de páginas y la fecha de entrega. Además, permiten adjuntar material. Una vez que se introducen estos datos, un asistente de la web llama al interesado para hacer más concreciones. En estos momentos un TFG de 80 páginas cuesta alrededor de 1.050 euros.
En este tipo de webs presumen sin complejos de emplear la misma herramienta que la Universidade de Santiago para detectar plagios, el software Turnitin. El pasado año hasta 2.500 licencias fueron renovadas para ser utilizadas hasta 2028. Además, algunas tienen un amplio apartado en el que presentan a sus trabajadores. Las fotos están hechas con inteligencia artificial.
Reseñas negativas: «Fue copiar y pegar de otro trabajo»
Aunque algunas de sus reseñas son positivas, también tienen varias en las que advierten de que sus servicios son una estafa, por falta de calidad o indicando que había faltas de ortografía. «La bibliografía del trabajo ni siquiera tiene que ver con mi trabajo. Fue copiar y pegar de otro trabajo. Y cuando quise reclamar no me contestaron. Prometieron devolverme el dinero y no he visto ni un euro», dice la reseña.
En otras plataformas, como Haz mi Trabajo, ofrecen también la posibilidad de escribir para ellos. Sin embargo, sus trabajadores lamentan no haber recibido la remuneración esperada.
Por entregar un trabajo copiado, o hacerlo en un examen, la universidad puede considerar que se trata de un fraude académico e imponer sanciones que van desde un 0 en un examen a una expulsión temporal, llegando incluso a la pérdida de derechos de matrícula por un curso o semestre.
Se considera plagio copiar y pegar, tanto de internet como de compañeros como empleando IAs. También presentar ideas ajenas sin citar al verdadero autor (aunque sea el mismo y esté usando un trabajo pasado) o entregar una tarea hecha por otra persona.
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