Fuerteventura, esa isla que muchos creen plana como una mesa camilla y tranquila como un domingo sin viento, guarda una historia digna de titular con foto aérea y ceja levantada. Porque sí, aunque hoy la recorramos de Corralejo a Morro Jable sin más frontera que el precio de la gasolina, hubo un tiempo en el que la isla estuvo dividida por un muro. Un muro de verdad, de piedra, sin grafitis pero con mucha historia detrás. Nada de metáforas políticas ni líos modernos: hablamos de la pared de Jandía, una estructura que atravesaba el istmo que une la península de Jandía con el resto de la isla y que, según diversas fuentes históricas y arqueológicas, separaba dos reinos aborígenes: Maxorata, gobernado por Guise, y Jandía, bajo el mando de Ayoze.
Una isla partida en dos, ni más ni menos
Antes de que llegaran los normandos, los castellanos y los mapas con nombres impronunciables, Fuerteventura estaba organizada en dos territorios bien diferenciados. Así lo recogen las crónicas de la conquista, como las de Gadifer de La Salle y Jean de Béthencourt, y lo confirman estudios posteriores de historiadores y arqueólogos canarios. Maxorata ocupaba el norte y centro de la isla, mientras Jandía se extendía por el sur, separadas por una franja de tierra estrecha pero estratégica: el istmo de La Pared.
Y allí, para que no hubiera confusiones del tipo “yo creía que este gofio era mío”, se levantó una muralla de piedra seca de unos seis kilómetros de longitud. No era la Muralla China, pero tampoco un cercado para cabras cualquiera. La pared de Jandía tenía una clara función territorial, política y posiblemente simbólica.
La pared de Jandía: piedras con mucha historia
Los restos de esta muralla todavía pueden verse hoy, aunque hay que afinar el ojo y tener algo de imaginación, además de respeto. Se conservan varios tramos, especialmente en la zona conocida como La Pared, topónimo que no deja lugar a dudas. Investigaciones del Cabildo de Fuerteventura y del Museo Arqueológico de Fuerteventura señalan que la estructura estaba construida con piedras volcánicas locales, colocadas sin argamasa, siguiendo técnicas propias de la arquitectura prehispánica canaria.
Según estudios arqueológicos publicados y divulgados por instituciones como la Universidad de La Laguna (ULL) y recogidos en revistas especializadas de arqueología insular, la muralla no solo delimitaba territorio, sino que controlaba el paso de personas y ganado. Vamos, un control fronterizo a la majorera, sin sellos ni pasaportes, pero con mucha seriedad.
Los restos de esta muralla todavía pueden verse hoy, / La Provincia
Guise y Ayoze: dos reyes, un muro y mucho carácter
Los nombres de Guise y Ayoze no son fruto de la imaginación ni de una novela histórica de sobremesa. Aparecen citados en fuentes documentales del siglo XV y han sido analizados por historiadores como Antonio Tejera Gaspar y José Farrujia, investigadores vinculados a universidades y proyectos científicos en Canarias. Ambos reyes representaban dos formas de poder dentro de una misma isla, con organización social propia y normas claras.
El muro, en este contexto, no era solo una defensa, sino una frontera política. Algo así como decir: “De aquí para allá mandas tú, de aquí para acá mando yo”. Y si alguien se despistaba, la pared estaba allí para recordarlo, firme como una cabra en risco.
Arqueología, ciencia y algo de debate
Como suele pasar con el pasado, no todo está escrito en piedra, aunque aquí venga al caso. La cronología exacta de la pared de Jandía ha generado debate entre especialistas. Algunos estudios apuntan a un origen claramente prehispánico, mientras que otros plantean posibles reutilizaciones o modificaciones posteriores, incluso tras la conquista europea.
El CSIC, a través de colaboraciones puntuales con equipos canarios, ha participado en análisis del poblamiento prehispánico de Fuerteventura, aportando métodos de datación y estudios comparativos con otras islas. En portales divulgativos como los del Gobierno de Canarias y repositorios científicos europeos como Dialnet o Europeana, pueden encontrarse referencias a estas investigaciones, siempre con cautela y rigor académico.
Cuando las piedras se reciclan, sin pedir permiso
Con el paso de los siglos, la muralla fue perdiendo protagonismo. Ya no hacía falta separar reinos, pero sí construir casas, corrales y gavias. Y claro, las piedras estaban allí, a mano. Buena parte de los materiales de la pared de Jandía fueron reutilizados en construcciones posteriores, algo habitual en la historia de Canarias y del mundo.
Este “reciclaje” histórico explica por qué hoy solo quedan tramos visibles y por qué es tan importante la conservación del patrimonio arqueológico. Desde el Cabildo y colectivos culturales majoreros se insiste en la necesidad de proteger estos restos, no solo como atractivo turístico, sino como parte fundamental de la identidad insular.

Uno de los muros de piedra construidos solo con arena en un paraje insular. / Cabildo de Fuerteventura.
La pared hoy: senderismo, curiosidad y respeto
Actualmente, la zona donde se localizan los restos de la muralla forma parte de rutas de senderismo y espacios naturales protegidos. Caminar junto a la pared de Jandía es hacerlo sobre siglos de historia, con el viento de Fuerteventura soplando como siempre y el paisaje recordándonos que aquí pasó algo importante.
Diversas webs institucionales, como la del Patronato de Turismo de Fuerteventura o la Red Canaria de Espacios Naturales, ofrecen información contrastada sobre el lugar, combinando divulgación histórica y recomendaciones para una visita responsable. Nada de llevarse piedras “de recuerdo”, que eso no tiene perdón ni aunque lo haga el primo.
Una frontera que explica la isla
Hablar de la pared de Jandía es hablar de cómo se organizaban los antiguos habitantes de Fuerteventura, de sus conflictos, acuerdos y formas de entender el territorio. Es una prueba física de que la isla no siempre fue un todo homogéneo, sino un espacio diverso y dinámico.
Hoy, cuando Fuerteventura se promociona en Google Discover por sus playas infinitas y su tranquilidad, conviene recordar que bajo esa arena hay historia. Y de la buena. Un muro que dividió la isla, dos reinos con nombre propio y una herencia cultural que sigue ahí, aunque a veces pase desapercibida entre el selfie y la sombrilla.
Porque al final, como diría cualquier majorero con retranca, la pared de Jandía no separó tanto como ahora une: nos recuerda de dónde venimos. Y eso, mi niño, vale más que seis kilómetros de piedra.













