Es sabido que las luces del equipo dirigente del PP de Mallorca rozan el apagón; en el círculo de Marga Prohens no existe inteligencia estratégica, tampoco táctica. Es nulidad que se beneficia desde 2023 de la desaparición de las izquierdas, pues tanto PSIB (PSOE en elecciones) como la beatífica congregación de Més (antes PSM y antes del antes PSI) andan tan extraviados que ni siquiera pueden ser considerados actores de mero reparto. Lo suyo es el vacío. Lo dicho viene a cuento por la ocurrencia que ha tenido no se sabe quién en el PP de llevar al Parlamento balear la propuesta de prohibir las vestimentas islámicas en los edificios públicos alegando que atentan contra la dignidad de las mujeres. Lo de menos es que con anterioridad el PP votara junto a las izquierdas en contra de una propuesta casi calcada de Vox. Otra muestra de la simpleza del PP de Prohens. Lo trascendente en cuanto a estrategia política (de haberla) es lo que desprende la iniciativa: congoja a que en las elecciones de mayo de 2027 la extrema derecha les haga un roto fenomenal, les ponga en tal estado de precariedad que no les quede otra que aceptar todas y cada una de las iniciativas de Vox. No está en cuestión la mayoría absoluta de las derechas, que será abultada, sino la capacidad de Vox de mantener al PP uncido a sus intereses. De ahí la propuesta, propagandística, de prohibir el burka y el niqab en los espacios públicos. Son vestimentas que testifican la aberrante moral religiosa de una interpretación del islam que choca frontalmente con los postulados de la dignidad de la mujer, con los derechos inherentes a la democracia liberal, la que todavía impera en Europa y España. Eso es así. Y es profundamente lamentable, penoso, que ni las organizaciones feministas ni las izquierdas se den por enteradas de que estamos ante una nítida quiebra de los derechos de las mujeres. ¿Dónde están las belicosas mujeres de Podemos? ¿Por qué recovecos se han extraviado las feministas de Més? ¿En qué lugar se han esfumado las del PSOE?
Y vayamos a la sustancia de la propuesta del PP: es espuria; lo preocupante para sus intereses, solo beneficia a Vox. Defender el laicismo requiere medidas que van más allá de la prohibición de las esclavistas vestimentas islámicas, y el PP no entra en esos derroteros, sino lo contrario. Aducen que los símbolos cristianos, sus celebraciones, son mayoritarios en la sociedad mallorquina, lo que es cierto, pero no lo es menos que la sociedad laica no puede aceptar que las instituciones ensalcen, promuevan y subvencionen, fiestas religiosas. Al hacerlo, la ciudadanía mallorquina que profesa el islam demanda correspondencia con su acervo religiosos. Insistamos: burka y niqab, el velo, es muestra de la sumisión de la mujer. Inaceptable ¿No lo es (recuerda Matías Vallés) que la presidenta Prohens exhiba en el pecho la cruz? Si lo hace, cómo osa prohibir a una musulmana que lleve el burka o el niquab. El laicismo lo es para todos y para todo o no lo hay. Volvamos a las consecuencias políticas. Vox está satisfecho ante las necedades de su socio. Cuando se debata en la Cámara autonómica la atrabiliaria propuesta sonrojará al PP recordándole sus incongruencias; se permitirá alentarles a que continúe por el camino emprendido. Más y mejor munición electoral para la extrema derecha. ¿Y la izquierda? Interesante asistir al papelón que llevarán a escena sus portavoces. En especial resultará llamativa la intervención, de haberla, del reverendo obispo Apesteguia. Suerte tiene Francina Armengol de no ser diputada regional presidiendo el Congreso de los Diputados. Los ridículos quedan para Negueruela. Y recordémoslo: la moral islámica, la mayoritaria, colisiona frontalmente con los derechos que ampara la democracia liberal. La extrema derecha está sacando muy buen rédito electoral de las incongruencias de unos y las ausencias de otros.
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