El PSOE y, por extensión, el Gobierno de Pedro Sánchez, ahondan su crisis. El golpe en las elecciones de Extremadura este domingo, al firmar un suelo histórico con 18 escaños y quedarse el conjunto de la izquierda cuatro por debajo de los 29 cosechados por el PP de María Guardiola, redobla la inestabilidad de los socialistas. Todo ello, sumado a la agitación por los escándalos de presunta corrupción y los casos de acoso sexual en el PSOE.
La dependencia del PP de Vox, que crece seis escaños frente a uno de los populares, lejos de la mayoría absoluta, es a lo que se agarran en el PSOE para desenfocar la victoria de Guardiola y acusarla de engordar a la ultraderecha por adelantar las elecciones. “Vuelve a la casilla de salida, pero más rehén de los ultras”, cuestionaba la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, en una breve comparecencia de urgencia sin preguntas desde Ferraz, sin desentonar de la lectura que previamente realizó el candidato del PSOE, Miguel Ángel Gallardo.
En Moncloa y Ferraz asumían un resultado “complicado” y preventivamente ya trataban de encapsularlo para preservar la hoja de ruta del Gobierno central. Esto es, blindarse ante las sensaciones de fin de ciclo y mostrar determinación para agotar la legislatura. Sin embargo, se ha producido una debacle inaudita de la que aseguran que tomarán nota. En una comunidad donde las siglas del PSOE fueron hegemónicas, ganando incluso en votos en los últimos comicios, lo que marca una tendencia más que negativa de cara al ciclo electoral de autonómicas.
En Ferraz hacen autocrítica por la fuerte desmovilización del votante socialista, además de asumir que el candidato, el procesado Miguel Ángel Gallardo, “tampoco ha ayudado”. Con todo, evitan por ahora empujarlo a dimitir. “Primero que hable con su ejecutiva” regional este lunes, señalan en la dirección federal dando cuenta de la presión para que dé un paso al lado. «Espero que mañana se asuman responsabilidades de una vez», avisan en privado otros dirigentes socialistas sin medias tintas.
El pesimismo es notorio y en Ferraz reconocen que las extremeñas marcarán tendencia de cara a los comicios que se irán concatenando en Aragón, Castilla y León y Andalucía durante el primer semestre de 2026. Al tiempo que se admite que estos resultados pueden ser la puntilla necesaria para un cambio en el liderazgo socialista en Extremadura, que hasta ahora Ferraz no ha querido abordar pese a sus diferencias, y apartar a Miguel Ángel Gallardo, procesado en el caso de David Sánchez.
El Gobierno se enroca por el momento en agotar la legislatura pese a la crisis por la concatenación de escándalos por presunta corrupción y acoso sexual en el PSOE, a la que se añade ahora esta debacle en las urnas. Como durante la campaña, se trata de desviar el foco a que los de Santiago Abascal tendrán la última palabra, sin dejar de admitir el pésimo resultado cosechado.
El resultado “malo, muy malo”, de estos comicios eleva así el grado de presión con el que tendrá que lidiar Pedro Sánchez. Fuera y dentro de su Gobierno, con el socio minoritario exigiendo un golpe de efecto. Los socios parlamentarios tampoco dejarán de calibrar sus nuevas facturas o la toma de distancia con el Ejecutivo que ha salido más debilitado de esta cita con las urnas. Este lunes se ha convocado una reunión de la ejecutiva federal para analizar el seísmo de las extremeñas.
Feijóo como “madre nodriza de la extrema derecha”
Antes de ello, Sánchez realizará desde La Moncloa una declaración institucional para anunciar la remodelación del Ejecutivo tras la salida de Pilar Alegría. La ministra de Educación y Deportes y portavoz del Gobierno se despidió el pasado martes de sus compañeros del Consejo de Ministros para centrarse en la campaña de las elecciones en Aragón, donde concurrirá como candidata del PSOE.
A nivel orgánico, la Ejecutiva federal sufre en su primer examen en las urnas de la era post Santos Cerdán. Con un nuevo equipo en la Secretaría de Organización liderado por Rebeca Torró que, tras apenas medio año en los mandos de la sala de máquinas federal, ya capeó con críticas internas la gestión del caso Salazar. Ahora afronta un ciclo electoral con las estructuras del partido en baja forma y sin tensionar por la precipitación de adelantos y la multitud de frentes abiertos.
El comodín recurrente de los socialistas es apuntalar su estrategia de resistir como dique ante una alternativa de PP con Vox, que ha quedado visibilizada este domingo. Reforzar su mensaje para apelar a una “responsabilidad histórica” de la izquierda en la necesidad frenar esta alternativa a nivel nacional. El argumento de mantenerse en Moncloa como “un contrapunto de políticas progresistas”. El resultado, según la lectura de Torró en Ferraz, es que el adelanto de las extremeñas sería “el reflejo perfecto de la estrategia de Feijóo” al convertirse en “la madre nodriza de la extrema derecha”.
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