“Si eres madre y estás divorciada, organizarse en Navidad es muy complicado. Mi exmarido y yo hemos pensado siempre en el bien de nuestras hijas y nuestra ruptura ha sido modélica y sin conflictos graves. Tenemos una relación cordial, pero sé que somos la excepción”. Laura Montes, madrileña de 48 años y madre de una niña de 12 y un niño de 10 años, vivirá este año su segunda Navidad como madre divorciada. El plan es idéntico al de 2024: los niños pasarán la semana de Nochebuena con ella y con los abuelos maternos y la de Nochevieja, con su padre y los abuelos paternos. En Reyes, Laura y su exmarido convivirán en la casa de él para disfrutar juntos de ese día tan especial, como hicieron durante los 14 años que estuvieron casados.
«Mi exmarido y yo no tenemos problemas en pasar dos noches esta Navidad bajo el mismo techo. Lo hacemos por nuestros hijos, son todavía pequeños y quiero que sigan disfrutando con nosotros dos. Sobre todo, en Reyes»
Tras dos años de descenso continuado, las disoluciones matrimoniales en España aumentaron el año pasado un 8,2% y se situaron en 86.595, según el INE. El 95,8% correspondieron a divorcios, el 3,2% a separaciones y el 1% a nulidades. Las estadísticas de la asociación de abogados de familia demuestran que uno de cada cuatro divorcios no llega a acuerdo amistoso y uno de cada 10 es altamente conflictivo.
No ha sido el caso de Laura y su ex, Miguel. Han esquivado cualquier batalla no solo por sus hijos sino también por su propia salud mental. “Creo que nos hemos librado de disputas y pugnas porque nuestra ruptura no estuvo causada por infidelidades, ni abuso de sustancias, ni problemas económicos, ni traiciones. Tengo muchos amigos que han pasado por un divorcio con estos ingredientes y ha sido infernal. Y más, en Navidad”, comenta Miguel, que se considera muy afortunado por el hecho de que cenar la noche de Reyes y comer al día siguiente los cuatro juntos sea “una situación cómoda” para todos.
Laura y Miguel, acostumbrados a «negociar», reconocen que cuando uno de los dos tenga una «pareja nueva», el tetris navideño se complicará bastante. No digamos si esa nueva pareja también tiene hijos. Será entonces cuando pasen a ser lo que se conoce como familia enlazada. Según el INE, en España hay unos 6,3 millones de hogares formados por parejas con hijos y la comunidad Somos Madrastras –liderada por Pri dos Santos– calcula que entre medio millón y un millón son familias enlazadas. Al igual que ocurre con las vacaciones de verano, las de Navidad son otra olla a presión en muchos de estos hogares.
“Cuando te conviertes en madrastra, la tendencia general es decirte que tu opinión o tus necesidades dejan de contar, no son tan importantes como las del resto de miembros de la familia. Y eso concluye con que la madrastra, también en Navidad, es siempre la que termina adaptándose a los demás. Por supuesto, esta creencia es errónea y lo que fomenta es que la vida en familia enlazada se sienta forzada e incómoda, dificultando el ajuste de todos los miembros”, explican Aina Buforn y Berta Capdevila, autoras de ‘Manual para la madrastra moderna’ y creadoras del programa terapéutico Ser Madrastra para promover el bienestar en las familias enlazadas.
El papel de los padrastros tampoco es un camino de rosas, pero no están tan estigmatizados. Nacho Solanas, que trabaja en una consultoría de Madrid, se convirtió en padrastro después de la pandemia de coronavirus, cuando comenzó a convivir con su pareja, madre de una niña de 3 años que ahora tiene ocho. Nacho asegura que todo fue natural y que la relación paternofilial es excelente. Las fiestas navideñas, en su caso, no son ninguna bomba de relojería.
«Quizá pasar las fiestas enteras en el pueblito de tus suegros no es la idea de Navidad que tenías en mente, pero puedes disfrutar de unos días y luego regresar para terminar las vacaciones con tu gente»
“La Navidad es una época de encuentros y tradiciones. Eso pone en juego a todas las nuevas familias porque cada miembro tiene una forma de celebrar las fiestas, un deseo por preservar sus tradiciones y aún no existe una cultura común. En la familia enlazada se complica porque entran en juego las expectativas y tradiciones de más partes implicadas”, añaden las creadoras de Ser Madrastra.
Mantener tradiciones y crear nuevas
Cuando una madrastra o un padrastro llega a la familia, normalmente ya existen unas tradiciones establecidas y unas dinámicas que rigen cómo van a ser las celebraciones navideñas. “Conjugar expectativas y miradas tan diferentes requiere de mucho esfuerzo y negociación de la pareja. Implica desterrar creencias sobre cómo deben ser las cosas y abrirse a recibir nuevas opciones de cara a que todos tengan un espacio en la familia donde poder ser ellos mismos sin sentirse apartados”, aseguran. Su consejo a todas las madrastras y padrastros es mantener algunas tradiciones de cada núcleo y, poco a poco, crear también nuevas tradiciones compartidas.
La receta para tener unas vacaciones lo más tranquilas y relajadas posibles pasa por la anticipación, la previsión y la voluntad de compromiso
La receta para tener unas vacaciones lo más tranquilas y relajadas posibles pasa por la anticipación, la previsión y la voluntad de compromiso. “Anticipar qué queremos que suceda, cómo deseamos celebrar y qué estamos dispuestos a negociar en pareja para abrirnos a nuevas opciones. Prever cambios y ajustes, necesidades de los demás y sobre todo, las necesidades de una misma para poder valorar de forma honesta a qué podemos comprometernos. Quizás pasar las fiestas enteras en el pueblito de tus suegros no es la idea de Navidad que tenías en mente, pero puedes disfrutar de unos días y luego regresar para terminar las vacaciones con tu gente”, concluyen Buforn y Capdevila.
Todo por escrito
“Mi ex y yo no tenemos problemas en pasar dos noches esta Navidad bajo el mismo techo. Lo hacemos por nuestros hijos, son todavía pequeños y quiero que sigan disfrutando con nosotros dos. Sobre todo en Reyes”, añade Laura, consciente de que sus fiestas navideñas sin guerras, ni enfrentamientos ni reproches con su exmarido es completamente excepcional. En el convenio de separación, donde ambos tuvieron la misma abogada, Laura y su exmarido dejaron por escrito el veto absoluto a comentarios dañinos sobre él o ella por parte de cualquier miembro de la familia, abuelos incluidos. “Que piensen lo que quieran, pero delante de los niños, nadie critica a nadie. Es fundamental para una buena convivencia”, sentencia Laura.
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