El Atlético de Madrid se divirtió con el balón y sin él y el Girona se enredó en su frustración de querer y no poder. Con esos ingredientes, el menú solo podía deparar una victoria colchonera que, para mayor escarnio de los catalanes, tomó la forma de goleada con un tercer gol en la última jugada del encuentro. Un castigo que Míchel quizá sienta como excesivo, pero que no cambia la realidad de que el Girona mereció una derrota que corta la inercia de su victoria en Anoeta de la semana pasada y que le hará pasar la Navidad en puestos de descenso.
El Girona es el prototipo de rival que más gusta a Simeone. Un equipo que reclama la pelota como propia y que asume riesgos en su retaguardia, invitaciones a que los lobos del Atlético salgan a la carrera. El plan del Cholo en Montilivi, en resumidas cuentas, era mucho más reactivo que propositivo, centrados sus jugadores en provocar pérdidas en zonas críticas y en cargar el área con centros que propiciaran segundas jugadas.
Koke celebra su gol contra el Girona. / David Borrat / EFE
Koke y Gallagher castigan en la primera parte
Así llegaron los dos goles colchoneros en la primera mitad. Abrió fuego el capitán Koke, con su tanto número 50 con esa camiseta. Recogió un balón que rebotó en Arnau y la empalmó hacia la escuadra desde fuera del área, uno de esos disparos tan golosos cuando ves el balón botando hacia ti. Ya en el tramo final, Gallagher culminó un contragolpe con un disparo en el área que golpeó en Vitor Reis en su camino.
La única mala noticia del Atlético había sido, precisamente, la entrada del inglés por la lesión de Nico González. Todo lo demás fue positivo para los de Simeone, con el único sobresalto de un remate del viejo amigo Witsel que acabó con Oblak haciendo una de las paradas del año, estirando su mano más allá de la línea de su hombro para sacar un balón que ya parecía dentro de la portería.
Fue la única ocasión de un Girona que daba una artificial sensación de dominio en el tercio central del campo, pero que era endeble en su defensa y romo en su ataque. Un quiero y no puedo agravado por la ausencia del ‘fantasista’ Ounahi, concentrado ya con Marruecos para la disputa de la Copa África.
Oblak siempre aparece
Trató Míchel tras el descanso de que Asprilla le diera ese plus que necesitaba. Pero nada, el colombiano sigue siendo un futbolista meramente aspiracional, un perfil demasiado recurrente en los últimos tiempos en este Girona. La cosa fue incluso a peor para los de Montilivi, porque el Atlético pasó a dominar la pelota y ejercer un control absoluto sobre todas las facetas del juego.
Una ocasión de Àlex Moreno, frustrada por Oblak, despertó a los Míchel, animando a Simeone a hacer un triple cambio para refrescar a su equipo y devolverle el ímpetu competitivo a partir del repliegue. Consiguió frenar el intento de reacción del Girona y colocó la puntilla en la última jugada de la tarde, gracias a un gol de Griezmann que transformó la victoria en goleada.
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