Cada 22 de diciembre, los bombos de la Lotería de Navidad se convierten en protagonistas absolutos del sorteo más esperado del año, el que reparte millones de euros en apenas unas horas. Sin embargo, pocas veces se explica qué hay detrás de su funcionamiento, qué principios físicos intervienen, qué protocolos de seguridad los rodean y qué pruebas se realizan antes de que miles de bolas comiencen a girar. Aunque la ceremonia se muestra transparente, buena parte del proceso previo se desarrolla lejos de las cámaras.
La mecánica de los bombos, la revisión de las bolas y los test internos son parte de un sistema diseñado para garantizar que el sorteo se desarrolle con total aleatoriedad. Pese a que todos los años surgen teorías de la conspiración que hablan de posibles amaños, lo cierto es que el historial del sorteo extraordinario de Navidad es inmaculado. Desde su fabricación hasta su puesta en marcha, todo sigue rutinas estrictas que se han perfeccionado a lo largo de los años, manteniendo la esencia tradicional pero incorporando controles cada vez más precisos.
Un mecanismo bien engrasado
Los bombos están construidos para asegurar una mezcla uniforme de las bolas mediante un movimiento continuo y equilibrado. Su diseño permite que el giro distribuya los números de forma aleatoria, evitando acumulaciones y garantizando que cada bola tenga las mismas posibilidades de salir. Este proceso se basa en principios de dinámica rotatoria, que aseguran que la energía del giro se mantenga estable durante toda la extracción.
El material de los bombos y su estructura de varillas también están pensados para ofrecer resistencia y transparencia, de forma que el público pueda ver el interior sin interferir en la mecánica. El conjunto está fabricado para minimizar rozaduras o áreas donde una bola pudiera quedar atrapada. La clave de su funcionamiento es la simplicidad: un mecanismo manual que reduce el riesgo de fallos y mantiene intacta la confianza del público.
Los bombos del Sorteo Extraordinario de Navidad, en una imagen del año pasado. / EP
Sin margen de error
La seguridad alrededor de los bombos comienza incluso antes de que lleguen al Teatro Real. Cada pieza se revisa minuciosamente para comprobar que no haya deformaciones, desperfectos o elementos que puedan alterar su funcionamiento. Estos controles se realizan siguiendo un protocolo que busca garantizar la integridad del sorteo desde su inicio.
Una vez en el escenario, los bombos permanecen vigilados hasta el momento de la apertura oficial. Se supervisan las condiciones de la sala, la estabilidad del soporte y la correcta colocación de todas las partes móviles. Además, durante la ceremonia hay personal técnico encargado exclusivamente de atender cualquier incidencia, aunque lo habitual es que el mecanismo funcione con total normalidad gracias a los controles previos. A partir de ahí, solo queda empezar a repartir premios.
Ensayos previos
Aunque la mayor parte del público desconoce estos detalles, antes del sorteo se realizan una serie de pruebas internas destinadas a comprobar que todo funciona correctamente. Estas pruebas incluyen giros de prueba, revisión de la caída de bolas y comprobación del sonido y la apertura de las compuertas. No se ensaya un sorteo de Navidad completo, pero sí se testean las partes críticas del mecanismo para descartar cualquier posible fallo.
Estas verificaciones se realizan a puerta cerrada y bajo estricta supervisión. El objetivo es garantizar que, cuando los niños de San Ildefonso entren en escena y comiencen las extracciones, el proceso sea perfecto y sin sorpresas. Solo cuando todo ha sido revisado varias veces se declara el sistema listo para comenzar el sorteo oficialmente.









