La política de bloques vuelve a reproducirse en las elecciones de Extremadura, aunque esta vez con una holgada ventaja para la derecha, según todas las encuestas, que sitúa el foco en el grado de dependencia del PP con Vox. Las perspectivas de la izquierda se limitan a tratar de sobrevivir y evitar una desmovilización histórica que acerque a María Guardiola a la mayoría absoluta y redoble la desestabilización del Ejecutivo de coalición.
Con el PSOE en sus horas más bajas, arrastrado tanto por la crisis del Gobierno central como por la anomalía de presentarse con un candidato procesado, Unidas por Extremadura se presenta como dique de resistencia ante una caída crónica en las encuestas a nivel nacional de Sumar. Una oportunidad también para frenar las tentativas de Pedro Sánchez de aglutinar apoyos a su costa y de condicionar debates internos de cara a la redefinición de este espacio, pues en el 21D los partidos que lo conforman concurren bajo el paraguas de la misma candidatura, la que lidera Irene de Miguel.
En Moncloa y Ferraz asumen un resultado “complicado” y preventivamente tratan de encapsular lo que suceda en las elecciones de este domingo para preservar la hoja de ruta del Gobierno central. Esto es, blindarse ante las sensaciones de fin de ciclo y mostrar determinación para agotar la legislatura. Los socialistas se escudan en que «quien tiene más que perder es quien convoca», en referencia a que el PP no logre desprenderse de los peajes de la ultraderecha. El pesimismo es notorio y en Ferraz reconocen que las extremeñas marcarán tendencia de cara a los comicios que se irán concatenando en Aragón, Castilla y León y Andalucía durante el primer semestre de 2026. Al tiempo que admiten que esos datos pueden ser la puntilla necesaria para un cambio en el liderazgo socialista en Extremadura, que hasta ahora Ferraz no ha querido abordar pese a sus diferencias, y apartar a Miguel Ángel Gallardo, procesado en el caso de David Sánchez.
A nivel orgánico, la Ejecutiva federal afronta su propio examen en estos comicios. Los primeros de la era post Santos Cerdán, con un nuevo equipo en la Secretaría de Organización liderado por Rebeca Torró. Una dirigente que, tras apenas medio año en los mandos de la sala de máquinas federal, ha capeado con críticas internas la gestión del caso Salazar. Ahora afronta un ciclo electoral con las estructuras del partido en baja forma y sin tensionar por la precipitación de adelantos y la multitud de frentes abiertos.
La derecha, creciendo y condenada a entenderse
En el frente de la derecha se parte de una base que ni PP ni Vox dejan de reseñar, y es el enorme incremento de su representación conjunta en la comunidad autónoma sociológicamente más a la izquierda de España, solo con permiso de Andalucía, donde ya se produjo un cambio de hegemonía. Las previsiones demoscópicas, incluidas la de Gesop para EL PERIÓDICO, coinciden incluso en sus horquillas más bajas en que la suma de ambos partidos estará por encima del 50% de los sufragios, en una región donde solo una legislatura completa, la que lideró el popular José Antonio Monago entre 2011 y 2015, y los dos años que lleva Guardiola es todo lo que la izquierda ha estado fuera del poder en medio siglo de historia democrática y autonómica.
Al margen de ese hito, es indudable que es la primera vez que Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal miden fuerzas, aunque sea en una etapa intermedia de su gran carrera por las generales, desde que Vox comenzó a dispararse en las encuestas el último año. Y después del otoño más caliente entre ambos, donde han cruzado más invectivas que nunca y se han comunicado menos desde que Feijóo desembarcó en Madrid hace casi cuatro años. Feijóo, según declaró este viernes en una conversación informal con los periodistas que le siguen en la tradicional copa de navidad del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, el resultado del PP, que no alcanzará la mayoría absoluta, superará sin embargo en hasta diez puntos porcentuales al PSOE, cuando hace dos años empataron a escaños.
Para los populares eso y la posibilidad de que solo ellos sumen más escaños que toda la izquierda junta amerita que Vox no bloquee una futura investidura de Guardiola. No hablan de que los de Abascal se abstengan, pero a buen entendedor pocas palabras bastan. Ocurre que desde Vox la óptica es distinta, pues precisamente su aumento exponencial en apoyos les empodera más que nunca, máxime en lo que será el inicio de un nuevo ciclo electoral y sus consiguientes acuerdos poselectorales. Mostrar debilidad nada más empezarlo podría lastrar aspiraciones futuras, y es muy probable que la negociación entre el PP y Vox se repita en febrero después de las elecciones en Aragón, en marzo tras las de Castilla y León y cerca del verano cuando se celebren las andaluzas, siempre y cuando el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, no lograse retener la mayoría absoluta que obtuvo en 2022. Ambos, por tanto, medirán su dependencia mutua el domingo en las urnas y a partir del lunes en la casi segura negociación a la que se verán abocados para investir a Guardiola.
El resurgir de la izquierda a la izquierda del PSOE
Si Extremadura el PSOE espera una de sus cotas más bajas, los grandes premiados de la situación están a su izquierda. Unidas por Extremadura, la coalición de Podemos, IU y Alianza Verde apoyada por Sumar, es la única opción progresista que crece en el territorio. El primero de los motivos está directamente relacionado con la caída de los socialistas, al beneficiarse de un importante trasvase de votos a sus filas. Casi uno de cada diez electores que apostaron por el PSOE declara que cogerá la papeleta de Unidas por Extremadura. Es más, la candidata apela directamente a esos votantes «huérfanos» que no comparten la situación por la que atraviesa el PSOE
El optimismo en la izquierda alternativa también mira a su candidata, Irene de Miguel, que ha planteado una campaña en clave puramente extremeña y tratando de quitarse del foco nacional. Ese fue el germen de su propia candidatura, que se convirtió en una suerte de oasis en la guerra abierta en Madrid entre Podemos, IU y Sumar, y logró poner a los partidos de acuerdo y lograr el apoyo de todas las formaciones -los de Yolanda Díaz no entraron en la candidatura, más allá de un guiño simbólico-.
De Miguel se presenta por tercera vez a las elecciones autonómicas -la segunda como cabeza de lista-. Su discurso está centrado en los problemas autonómicos y es una cara conocida para los extremeños, en contraste con el candidato socialista, que ni siquiera tenía el apoyo de su propio partido y que saltó a la fama de una manera indeseada por su implicación y procesamiento en el caso del hermano del presidente, David Sánchez.
La candidata de Unidas por Extremadura ha apostado por asentar la marca autonómica, convirtiéndose en la única fuerza con representación nacional que tiene el nombre de Extremadura en la papeleta. En esta línea, ha querido apartarse de la lógica política nacional, y amagó en su propio partido con ‘independizarse’ en caso de que Podemos no aceptase un acuerdo con IU que la cúpula rechazaba hasta entonces.
Las buenas expectativas electorales chocarán sin embargo con la previsible imposibilidad de formar Gobierno, ante el hundimiento del PSOE. Y sin embargo, aspiran a dar un balón de oxígeno a un espacio que se encuentra desmotivado a nivel nacional, con pocas esperanzas de recomponerse de su propio pasado, con vendettas pendientes y vetos cruzados. El éxito o fracaso de la excepción extremeña marcará el camino a los partidos a la hora de trazar la hoja de ruta hacia las generales.
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