«Con esto escapamos el año». Con esta frase resumía un lugareño, estacionado en el arcén de una carretera de Artenara, lo que han supuesto las lluvias que han regado el campo de Gran Canaria desde el paso de la borrasca Emilia el fin de semana del 14 al 16 de diciembre. En la cumbre y en medianías norteñas el verde ha tomado su protagonismo sobre el paisaje, con escorrentías y pequeñas cascadas que corren por los barrancos hasta los embalses y deja un alivio visible para el campo isleño con una estampa de fotografía.
Aunque aún no hay datos actualizados (hay que esperar hasta enero para conocer cuánto han aumentado su volumen los embalses de la isla), las previsiones apuntan que las ocho presas públicas del Cabildo de Gran Canaria tendrán a final de año una capacidad superior a los 2,5 millones de metros cúbicos. El último dato publicado cifraba en 506.550 metros cúbicos la cantidad de agua almacenada, es decir, el 2,15% del total, con algunos prácticamente vacíos en el sur de la Isla, como Ayagaures o Fataga.
Las lluvias no han cesado en Gran Canaria desde la entrada de la borrasca Emilia y han dejado ya más de 250 litros por metro cuadrado en varios puntos de la cumbre y del norte. Durante el fin de semana más intenso del episodio, las precipitaciones acumularon hasta 180 litros en tres días, una racha poco habitual en los últimos años por su persistencia y volumen.
Presa de Las Hoyas tras las lluvias. / José Carlos Guerra.
Desde entonces, ha llovido todos los días en la cumbre y en distintas zonas de las medianías del norte, según los registros de los pluviómetros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Incluso el lunes, jornada de transición entre el final de Emilia y la llegada de nuevos frentes nubosos, se registraron precipitaciones débiles, confirmando un episodio continuado que se prevé que se prolongue, al menos, hasta Navidad.
Más de 14 metros
En el municipio de La Aldea de San Nicolás, las tres presas de la comunidad de regantes del municipio entraron 2,2 millones de metros cúbicos de agua, tal y como ha publicado en redes el Foro Roque Aldeano. El embalse de Parralillo aumentó su capacidad hasta los 1.088.604 metros cúbicos de agua, es decir, el nivel del agua subió 14,37 metros. Allí, ante el mirador del Molino, desde donde se escucha el agua correr, se acercan coches con curiosos que se asoman para ver la presa.

Dos personas miran la presa de El Parralillo, donde las últimas lluvias han aumentado su nivel de agua más de 14 metros. / José Carlos Guerra
Fabián, de La Aldea, quiso asomarse junto a su familia para ver «si están cargaditas de agua«. ¿Y cómo ve El Parralillo? «La veo de puta madre, todavía le falta un poquillo que coger, pero pa como estaba… que le hace falta a la gente de La Aldea agüita pa los matos, a los que tienen frutas y cosas de esas, para que salgan pa´lante también», explica antes de seguir su ruta hacia Tejeda para «comprar algunos dulces».
Con una camiseta sin mangas, también se acercaba Saúl García junto a un amigo dispuesto a bajar para darse un chapuzón. «La ruta es bajar y en el primer charco que veamos, bañarnos», indica. Suele ser su plan habitual: después de unas lluvias, cuando vuelve a salir el sol, acercarse a los embalses los fines de semana desde temprano en la mañana, ya sea Parralilo, Los Azulejos en Veneguera o Las Niñas, en Tejeda. «Hay que disfrutar del paisaje natural que ofrece Gran Canaria», reivindica.
Natural de Firgas, celebra la lluvia «coño, qué hace falta» y señala a la presa de Parralillo, en la que se aprecian sus bordes blancos desnudos de agua a pesar del aumento de su capacidad: «Mira todo lo que falta de agua para que se llene eso».

Una pequeña cascada en la zona cumbrera de Gran Canaria. / José Carlos Guerra
Pilar, vecina de San Mateo, explica que el vínculo con este lugar es también una cuestión de memoria. Su padre fue ganadero y la familia vivió durante años en la primera casa que se encuentra al subir por la zona, rodeados de cabras que pastaban por los barrancos y las laderas, como los que ahora lleva su hermano en Acusa Verde. Recuerda cómo, siendo apenas una niña de entre 12 y 15 años, su padre la enviaba a buscar «baifitos» por el canal para que no se perdieran, y cómo los animales bajaban por las montañas para alimentarse antes de regresar al cortijo «grande y espacioso» para el ordeño y la elaboración del queso.
Pilar señala que ha llegado a ver la presa completamente llena e incluso rebosando, hasta el punto de tener que levantar pequeños muros para que las cabras no cruzaran el barranco. Ahora, junto a Nicasio, ha vuelto a la zona movida por la curiosidad y por los recuerdos, para comprobar cuánto ha crecido la presa tras las últimas lluvias. «Por eso hemos venido, por ver cómo está la cosa, por los años que una ha vivido aquí y simplemente por curiosidad, por ver si la presa había cogido agua», añade Pilar.
Lluvias débiles
Las lluvias, según las predicciones de la Aemet, incluso se podrían prolongar hasta la misma Nochebuena. Este domingo en el norte se esperan precipitaciones débiles y ocasionales, pudiendo ser más significativas en medianías y zonas altas expuestas, principalmente durante la madrugada, la primera mitad del día y a últimas horas. En el resto, intervalos nubosos, sin descartar alguna precipitación ocasional en zonas de interior durante la tarde.

Desprendimientos en una carretera de Gran Canaria. / José Carlos Guerra
Por su parte, el Cabildo de Gran Canaria, a través del servicio de Carreteras, mantiene cerrados varios tramos de la red insular por desprendimientos, en concreto la GC-400 entre los kilómetros 2+800 y 3+100, en Ariñez; la GC-200 en los accesos a Tirma y Faneque, y la GC-231 entre los kilómetros 7+000 y 9+000, en los accesos a El Sao y Los Berrazales, por lo que se recomienda extremar la precaución y atender a la señalización.












