La Paterna es un barrio joven de la periferia de Las Palmas de Gran Canaria, al menos en lo que respecta a su urbanización. Su desarrollo comenzó a mediados del siglo XX, con la construcción de viviendas para las familias que llegaban del campo y de otras islas en busca de trabajo. Sin embargo, el nombre y la zona tienen una historia mucho más larga, que abarca varios siglos.
Aunque hoy La Paterna se asocia exclusivamente con el barrio, originalmente hacía referencia a una de las hoyas que formaban parte del conjunto de Las Rehoyas, un territorio que se extendía desde la muralla del Castillo de Mata hasta Guanarteme y la Montaña de San Lázaro —donde se encuentra el cementerio—. Esta unidad territorial existió hasta bien entrado el siglo XX.
El origen de La Paterna
El historiador Juan Francisco Santana Domínguez, especialista en la historia del antiguo municipio de San Lorenzo, que comprendía esta zona hasta 1939, vincula el nombre de La Paterna a Cristóbal de Paterna, un espadero del siglo XVI. En su testamento de 1614, menciona a su esposa, Francisca Cabello, dejando a su viuda como heredera.
A lo largo de los siglos, la referencia a Paterna perduró. En 1641, se mencionó una cementera en la Hoya de Paterna, lo que sugiere que el nombre tiene su origen en Cristóbal de Paterna. Otros miembros de la familia, como Juan o Diego de Paterna, también vivieron en la isla, pero con menor relevancia.
En 1759, el Capitán Joaquín José Verdugo de Albiturría, regidor de la isla, arrendó un cortijo en la Joia de Paterna. El nombre continuó apareciendo en documentos, y no fue hasta la urbanización del barrio en el siglo XX cuando La Paterna pasó a designar el actual conjunto residencial.
Calle Manuel de Falla, en el barrio de La Paterna. / Andrés Cruz
La creación del nuevo barrio
Durante las décadas de los 60 y 70, la periferia de Las Palmas de Gran Canaria experimentó un gran crecimiento con la construcción de barrios de vivienda protegida y alquileres asequibles, dirigidos a quienes llegaban del campo en busca de trabajo. Este fenómeno estuvo marcado por el éxodo rural, impulsado por la crisis del sector primario y el auge del turismo y la urbanización.
En este contexto nació La Paterna, inicialmente concebido como un barrio de bajo coste. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se desarrollaron dos grandes fases de crecimiento. Entre 1966 y 1971, se construyó el primer proyecto residencial, dando lugar a áreas como Paterna Baja, Paterna Vieja y Paterna Alta, que conforman el núcleo original del barrio.
A finales de los años setenta, se creó la Nueva Paterna, una ampliación del barrio original, utilizando un sistema de construcción industrializada con prefabricados del sistema Camus, que permitió una gran capacidad productiva en poco tiempo. Así, se construyeron numerosas viviendas de protección oficial y se desarrollaron otros barrios contemporáneos de la ciudad, como Cruz de Piedra.
Durante sus primeras décadas, los habitantes del barrio enfrentaron numerosos problemas. Hubo zonas sin agua ni luz durante largos períodos, dificultades para obtener las llaves de sus nuevas viviendas, lo que provocó protestas, e incluso meses sin recibir correspondencia, porque Correos no tenía asignado un repartidor para la zona. Estos fueron solo algunos de los obstáculos que marcaron sus primeros años. Hoy, aunque las cosas han cambiado, los más de 8.500 residentes siguen lidiando con nuevos desafíos.











