La Unidad de Pediatría del Hospital Universitario de Canarias (HUC) alberga una joya al final de los pasillos de la planta de hospitalización. Cuando las paredes del área quedan atrás –caracterizadas por estar repletas de personajes de Disney–, un árbol de Navidad da la bienvenida a los pequeños del hospital a su aula escolar. Se trata de un espacio que permite garantizar ese derecho a la educación de los menores y les ofrece la oportunidad de continuar con su formación académica, aunque ese es solo el objetivo más evidente.
La profesora de Educación Infantil y Primaria de este recurso, Soledad Pomares, señala que estos espacios permiten a los menores disfrutar de la etapa de vida en la que se encuentran, a pesar de estar ingresados en un hospital. «Es un lugar diferente a la habitación en la que descansan. Aquí pueden pasar su ratito de ocio y olvidarse de su situación de manera temporal, sin dejar de aprovechar y desarrollar sus competencias», agrega. De hecho, la sala cuenta con una gran cantidad de juegos de mesa, instrumentos, lienzos de pintura y hasta una consola.
Melodía de un piano
La melodía de un piano es lo primero que llama la atención al entrar por la puerta. Procede de un pequeño de ocho años, Asier Riera, que acaba de llegar al hospital con motivo de una intervención quirúrgica. Pero gracias al aula de la Unidad de Pediatría del HUC ha podido calmar los nervios que arrastraba y deleitar a sus familiares con una auténtica melodía navideña. «Hay un montón de juegos y lo que más me gusta son los instrumentos», menciona. Sin embargo, la PlayStation ocupa el segundo puesto en el ránking de gustos del pequeño.
Este recurso también se presenta como una herramienta de apoyo para las familias. O al menos así lo siente la madre de Riera, Amanda Ramallo. «Las profesoras nos han ayudado desde el minuto uno a integrarnos y eso nos ha servido para que nosotros también nos distraigamos de la situación», confiesa.
La familia Riera Ramallo, al igual que el resto de pacientes ingresados, conocieron la existencia del aula por el personal del hospital. «No sabíamos que había un recurso de este tipo y la verdad que estoy muy agradecida porque ha servido para calmar a Asier y estar más cómodo», señala.
Otras aulas hospitalarias
En Canarias hay al menos otras siete aulas de este tipo: tres en Tenerife, dos en Gran Canaria y una en La Palma, Lanzarote y Fuerteventura. Unos trece docentes se encargan de atender a estudiantes de Educación Infantil, Básica (Primaria y Educación Secundaria Obligatoria) y Bachillerato. Pero no hay un registro exacto del número de menores atendidos, ya que varía en función de las altas y las bajas hospitalarias. Aun así, desde la Consejería de Educación apuntan que una unidad educativa de este calibre se crea por cada treinta camas pediátricas en un centro hospitalario, pero aclaran que esto no significa que todas estén siempre ocupadas.
Aulas hospitalarias en Canarias
En total hay ocho aulas escolares en los hospitales del Archipiélago. Tres de ellas, en Tenerife. Dos en Gran Canaria. Y las tres restantes se distribuyen entre La Palma, Lanzarote y Fuerteventura.
- Tenerife. En la Unidad Pediátrica del Hospital Universitario de Canaria, en el Hospital de día Infanto-Juvenil Dr. Guigou y en el Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria.
- La Palma. En el Hospital General de La Palma.
- Gran Canaria. En el Materno Infantil de Gran Canaria y en el Hospital de día Infanto-Juvenil Juan Carlos I.
- Lanzarote. En el Hospital Doctor José Molina Oroso.
- Fuerteventura. En el Hospital General de Fuerteventura Virgen de la Peña.
Las aulas hospitalarias son diferentes a las clases de los centros educativos corrientes, y no solo por su ubicación. La profesora de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato del aula del HUC, Zaida de Ruíz, cuenta que en estos casos la atención es aún más personalizada. «Al final cada niño viene de un centro, tiene unas particularidades y tratamos de adaptarnos completamente a su estilo de aprendizaje, a su situación emocional y física», añade.
Una condición que tanto Ruíz como Pomares califican de ventaja. «Esto nos permite centrarnos en las necesidades de un alumno en concreto, cosa que en un centro ordinario no podría darse por el volumen de alumnos», confiesa. Pese a ello, admiten que esa constante rotación de niños puede ser una dificultad para planear las jornadas. «No dejan de ser niños enfermos y nos tenemos que adaptar siempre a sus circunstancias personales», recuerda Pomares.
Convivencia
Por otro lado, señalan que la convivencia de niños de distintas edades en un mismo entorno puede ser muy nutritivo para ellos. «Los mayores a veces ayudan a los más pequeños y es una manera de aprender que no se puede dar en un aula habitual», explica la profesora de Infantil y Primaria. Asimismo, menciona que otra particularidad común de este tipo de aulas es la presencia de familiares en las clases.
Las docentes realizan un esfuerzo para que los niños se sientan como en casa y para que el ir a clase no suponga una dificultad añadida a la enfermedad que padecen. Ese cariño les ha permitido un hueco especial en cada alumno. «Cuando se despiden, algunos incluso se van llorando», revela Pomares. Un acto que pone de manifiesto la buena labor que desempeñan estas profesionales.
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