La Comisión Europea ha confirmado este martes su propuesta de rebajar el objetivo de reducción de emisiones a partir de 2035 a un 90% para los coches, que deberán compensar el 10% mediante el uso de acero con bajas emisiones de carbono fabricado en la Unión Europea, o mediante electrocombustibles y biocombustibles.
Bruselas ha escuchado las plegarias de la industria automovilística y ha rebajado sus ambiciones climáticas. Con esta propuesta, el Ejecutivo comunitario da marcha atrás en una de las medidas más polémicas, pero también más importantes de su plan para alcanzar la neutralidad climática en 2050. Fuentes comunitarias alegan que el objetivo se mantiene y la compensación a través de créditos permitirá lograrlo.
La Comisión dará, además, más flexibilidad a los fabricantes para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones intermedias y ampliará el tipo de energías que considera neutrales. El Ejecutivo defiende que esto permitirá que los híbridos enchufables, los extensores de autonomía, los híbridos suaves y los vehículos con motor de combustión interna «sigan teniendo un papel importante después de 2035, además de los vehículos totalmente eléctricos y de hidrógeno». En este sentido, Bruselas ha anunciado que los fabricantes de coches eléctricos pequeños en el bloque podrán beneficiarse de «supercréditos».
Al mismo tiempo, con el objetivo de promover la demanda, la Comisión ha propuesto introducir objetivos nacionales para impulsar el uso de vehículos de cero o bajas emisiones en las flotas corporativas. «La presencia de más vehículos de cero emisiones y de bajas emisiones en el mercado, tanto de primera como de segunda mano, beneficiará a todos los clientes», alega el Ejecutivo. Aunque para beneficiarse de ayudas públicas, esos vehículos tendrán que ser «Made in the EU» (fabricados en la UE).
Recchazo al plan de España
La pasada semana Pedro Sánchez envió una carta a la Comisión pidiendo que no cediera en su empeño de prohibir la venta de vehículos de combustión a partir de 2035. Una petición que chocaba con la que días antes había hecho el canciller alemán Friedrich Merz, quien en otra carta oficial dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, solicitaba que no llevara adelante esa prohibición. Al final parece que a España, tras presentar un ambicioso Plan Auto España 2030, se le ha gripado el motor.
En la misiva enviada por Alemania se proponía que la revisión prevista para diciembre contemplase un “espectro tecnológico más amplio” que no limitara el futuro de la movilidad únicamente a los vehículos eléctricos y de hidrógeno. Dos ideas distintas para un mismo rumbo. En un principio, la Comisión Europea tenía que haberse pronunciado el pasado 10 de diciembre, pero finalmente pospuso su comentario una semana más.
Al final, tras siete días extra de reflexión, la idea alemana es la que ha prevalecido, apoyada también por los fabricantes de coches, que han arrancado un compromiso de la Comisión Europea para suavizar la normativa de emisiones, prevista para 2035, ofreciendo una ampliación de la moratoria que permita la venta de vehículos de combustión híbridos enchufables (PHEV) y de autonomía extendida (con un motor de combustión que dota de energía a otro eléctrico) más allá del umbral de 2035.
El pasado 11 de diciembre, Manfred Weber, jefe del Partido Popular Europeo, afirmó ya que la prohibición de los motores de combustión había sido revocada y que el objetivo de 2035 de una reducción del 100% del CO2 se había reducido a solo el 90%. Frenazo y marcha atrás.
Propuesta estudiada
Con ello se confirma la teoría de hace cinco años cuando un alto responsabe de Nissan Europa confirmó a EL PERIÓDICO que podríamos vernos en un escenario con moratorias y adaptaciones de la norma restrictiva prevista para 2035, incluso por países. Así, la Unión Europea transitará hacia la electrificación total (a la que no se renuncia) pero con un calendario adaptado a la realidad social y tecnológica, introduciendo también los nuevos combustibles sintéticos como parte de la solución.
Paralelamente, y siguiendo la intención manifestada por la Comisión el pasado septiembre, se apostará por el impulso de la creación de una gama de vehículos eléctricos pequeños. Los fabricantes que produzcan estos coches pequeños obtendrían un coeficiente de 1,3 en el cálculo del objetivo de emisiones, lo que supone que si un fabricante de automóviles vendiera 10 de estos vehículos eléctricos pequeños, obtendría el crédito de emisiones por el valor de 13 coches.
Compra de créditos
Además, se permitirá que una marca que no alcance el objetivo del 90% de emisiones en 2035 pueda seguir comprando créditos de CO2 a un fabricante de automóviles que ofrezca menos emisiones (un lucrativo negocio para marcas como Tesla).
Hace un par de meses, los Länder alemanes solicitaron mantener abierta la propuesta del motor de combustión, defendiendo que tecnologías más limpias como los combustibles sintéticos, los híbridos enchufables y los motores de rango extendido pudiesen ser parte esencial de la transición energética más allá del año previsto para la prohibición de los propulsores de combustión interna.
Ha sido un pulso intenso, pero al final parece que se ha impuesto el sentido común. Ahora, la medida se presentará ante el Parlamento Europeo y ante los principales gobiernos de la UE, para su posterior aprobación definitiva. En el tarsfondo de todo ello parece haber jugado un papel clave la situación de guerra comercial con Estados Unidos y la presión de los fabricantes chinos, más adaptables a los cambios y con mayor capacidad de reacción.
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