En la UD Las Palmas fallan cosas. Independientemente del gol, que es una cuestión obvia, el conjunto de Luis García no sabe rematar los partidos. No es falta de ambición ni mucho menos de hambre, sino más bien una falta de concentración de cara a los minutos finales. Anoche, en el Alfonso Murube de Ceuta, la UD naufragó y más que ganar un punto perdió dos. Cuando restaba un minuto —más el añadido en el descuento—, la expedición amarilla vio pasar la oportunidad de la jornada con el gol del empate del Ceuta. Un fin de semana desastroso para los primeros equipos de la tabla y que Las Palmas no supo aprovechar pese a tener el pastel en la mano.
Un momento del partido entre el Ceuta y la UD Las Palmas / LOF
El viaje fue una odisea, en eso coincide todo el que haya seguido el minuto a minuto de lo que estaba pasando con el avión del equipo, y en el caso de Lukovic y Cedeño, con el barco que estuvo sorteando hasta el último momento si salía o no. Las dos horas de descanso que tuvo la expedición en el hotel —llegaron a las habitaciones cuando faltaban menos de cuatro horas para que rodara el balón— también pasó factura en la mentalidad de unos jugadores que tenían la esperanza de que el Juez de Competición tuviera un poco de compasión con el poco tiempo y los kilómetros que tuvieron que hacer hasta llegar a Ceuta. Pero no hubo suerte y pese al cansancio, tuvieron que saltar al verde.
El estreno en el once de los dos viejos rockeros tuvo muchas críticas por parte de la afición. Viera y Jesé quisieron poner la cordura y la veteranía, necesaria en momentos como el que estaba viviendo la UD. Y con ambos en el terreno de juego llegó el gol. Una asociación Viera-Amatucci-Clemente que hizo enloquecer a los aficionados desplazados, esos que esquivaron la borrasca para dejarse la garganta y llevar en volandas a la UD. Lo cierto, pese a los críticos, es que justamente con Viera y Jesé en el campo, los amarillos lograron batir la portería rival en el 52’. ¿Es cuestión del destino o de la casualidad?
No hay cambio que funcione
Pero lo que no termina de funcionar en la UD Las Palmas son los cambios. Esos revulsivos que entran con el objetivo de aguantar un resultado o, siempre y cuando salgan con tiempo, intentan que el equipo vaya a por el partido y logre los tres puntos. Han pasado 18 jornadas, y Luis García todavía no tiene la suerte de decir que sus revulsivos marcan diferencias. Más que nada porque así lo dictaminan los datos, esos que ponen sobre la mesa la realidad de que ninguno de los 19 goles que ha anotado el conjunto amarillo han sido obra de los suplentes. Siempre son las mismas caras, esas que aparecen en la foto del once inicial, las que solucionan las papeletas.

Once inicial de la UD Las Palmas ante el Ceuta / LOF
Y anoche en Ceuta no iba a ser menos. Decían los detractores que con Viera y Jesé de inicio el equipo iba a tener un alivio al no contar con ellos como revulsivos. Pero es que el problema no son ellos, sino el conjunto. Porque para lo bueno y para lo malo, son un equipo. Lukovic no supo reaccionar. Ni otros 45’ hubieran sido suficientes para que pudiera oler el gol. Lo mismo le pasó a Cedeño, que volvió a disfrutar de minutos un mes después y que la suma de su participación en Liga este curso no llega a los 100’. Iván Gil, Álex Suárez y Cristian Gutiérrez completaron la nómina de los jugadores en los que Luis García quiso ver la esperanza. Esa que se esfumó cuando el árbitro —que por cierto, llegó junto al resto de colegiados en barco y con la hora justa—, pitó el final del partido en el Alfonso Murube.
Sin un asalto a la segunda posición
La UD, que fue de menos a más en el primer tiempo y de más a menos en el segundo, volvió a ver pasar la oportunidad de asaltar el segundo puesto ante los tropiezos de sus contrincantes. Del éxtasis en el mes de noviembre con tres victorias consecutivas a la mesura después de una derrota y dos empates. Avisaron todos de que esto podía pasar y no se equivocaron. Y aunque está claro que la maratón de Segunda es muy larga, lo que también está claro es que a la UD le fallan cosas. Empezando por la falta de gol y terminando por los revulsivos, esos que a estas alturas de la temporada siguen sin demostrar nada, como si eso de salir en las segundas partes no fuera con ellos, incapaces de cambiar (para bien) la situación del equipo.
La historia se repite, y a la vuelta de la esquina está el mes de enero, el nuevo año y el inicio del mercado de invierno, ese que hace que la afición coja un poco de aire de cara a la segunda vuelta. Los fichajes, si finalmente llegan —sin contar con el ya firmado Nicolás Benedetti— son la esperanza de un equipo que sigue remando por llegar a la Primera División en el mes de mayo. Anoche fue cuestión de un equilibrio que no llegó y una falta de cansancio que no es excusa. Se remó a contracorriente sin el premio de la victoria, y aunque hay muchas cosas que cambiar, las ganas siguen ahí. La cita contra la Cultural en casa es un nuevo pretexto. Un partido en el que ganar es la única opción. Sin excusas ni llantos, menos cuando cuentan con la tercera plantilla más valiosa de la categoría, valorada en 39 millones y donde en teoría todos tienen que ser válidos para brillar.
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