Sara Solanas lleva casi diez años en el mundo del café y cuatro en la formación. Su proyecto de Academia Barista alcanzó la final del Premio Emprendedor 2025 de la Confederación Canaria de Empresarios.
Viene de Galicia, ha estudiado hostelería y no le convencía ni la sala ni la cocina. ¿Cómo descubrió que el mundo del café era su camino?
Hice un ciclo superior de Hostelería en A Coruña y los dos primeros trimestres no me gustaba nada: ni llevar platos, ni el servicio clásico… pero sí disfrutaba del trato con la gente. Cuando llegó el módulo de cafetería, algo hizo clic. Me empezó a intrigar por qué un espresso caía de una manera, por qué mi compañero lograba dibujar con la leche… Ahí descubrí una curiosidad enorme. Terminé el ciclo sabiendo que quería especializarme en café.
¿Qué papel jugó Café Sol, en Triana, en su desarrollo como barista?
Vine de vacaciones hace ocho años y descubrí la tienda de Café Sol. Trabajaban únicamente con café y, además, de especialidad. Me dije: «Yo tengo que trabajar aquí». Fui muy insistente con el currículum, me hicieron una entrevista y me aceptaron. Me mudé definitivamente y pasé ocho años como head barista y encargada. Con ellos me formé muchísimo, participé en competiciones y crecí profesionalmente. Les debo una parte enorme de lo que soy como barista.
Ha pasado de trabajar en barra a ganar campeonatos.
He competido en distintos módulos. En 2020 gané el campeonato de baristas profesionales de Foz, uno de los más exigentes. En 2023 quedé segunda en ese mismo campeonato y en 2024 me proclamé campeona nacional de AeroPress, representando después a España en el Mundial. Todo esto ha sido posible gracias a la formación y al apoyo de la empresa que tenía detrás. Se alinearon todos los astros y hubo mucho esfuerzo.
El que más me gusta es el filtrado, sencillo, limpio y permite apreciar todas las notas del café»
¿Cómo vivió ese proceso de preparación y de competición? ¿Qué significó ese título?
Competir es durísimo. Trabajaba ocho horas, comía rápido y luego entrenaba para la competición otras cinco o seis horas cada día. Muchas noches solo quieres dormir, pero tienes que seguir catando el café, ajustando y mejorando. Es un proceso de ensayo-error constante. Es muy sacrificado, pero también increíblemente gratificante: aprendes más de ti misma y del café que en ningún otro momento.
¿En qué aspectos técnicos del café se siente más fuerte y en cuáles sigue entrenando?
Sigo entrenando en todos. He pasado por latte art, cata, espressos, filtros… y me gustan todos. No busqué especializarme en una sola cosa, sino unir mis dos pasiones: enseñar y el café. No pretendo ser la barista que lleva 15 años dedicada solo al espresso, sino una formadora completa que puede transmitir conocimientos con cercanía y adaptándose a cada alumno, no al revés.
¿Cómo define su manera de entender el café?
El café es una forma de vida. Es mi trabajo, mi comunidad, mis amistades y mi día a día. Y cuando pruebas café bueno, ya no hay vuelta atrás. Te abre puertas, te conecta con personas y te acompaña siempre. Es una comunidad preciosa.
En Academia Barista impartimos talleres y cursos para profesionales y para amantes del café»
¿Qué métodos de preparación le apasionan ahora y por qué?
Mi gran favorito es el filtrado, especialmente la V60. Es sencillo, limpio y permite apreciar todas las notas del café. Es el método que más tomo. Por las mañanas disfruto un café con leche —de avena, normalmente— y al mediodía o la tarde prefiero un filtro o un espresso, según el momento.
Sara Solanas, en el Museo Elder, de Las Palmas de Gran Canaria. / Ángel Medina.
Hace poco inauguró su propia academia. ¿Cómo nació la idea? ¿Qué le motivó a dar el paso de abrir un espacio de formación?
Llevo más de cuatro años impartiendo formaciones, pero siempre en espacios cedidos. No quería dejar mi trabajo en Sol sin tener una base sólida. Durante esos años fui construyendo clientes, experiencia y confianza. Este año encontré un local pequeñito en la calle Perdomo 29 y visualicé mis cursos allí. Supe que era el momento de avanzar. Dejé mi puesto como encargada y me lancé de lleno a mi proyecto: formar a profesionales y amantes del café.
¿Qué cursos y talleres ofrece Academia Barista Sara Solanas?
Tenemos dos grandes líneas. La destinada a profesionales, cafeterías que quieren mejorar su servicio: espresso, latte art, regulación de molinillos, filtros… Es una formación técnica, aplicada directamente al trabajo en barra. Y otra para los amantes del café con talleres de cafetera italiana, catas, reconocimiento de tuestes, introducción a métodos… Se trata de ayudar a cada persona a encontrar el café que realmente le gusta y entender qué está tomando. Mucha gente no sabe que lleva años tomando cafés de baja calidad o mezclas con azúcar sin saberlo.
El café de especialidad no es que esté de moda, sigue el mismo camino que siguieron el vino y la coctelería»
¿Qué diferencia su academia de otras propuestas formativas?
Ahora mismo no existe en Canarias una academia dedicada exclusivamente al café. Existen escuelas de hostelería con módulos variados, pero no un espacio centrado al 100% en la formación cafetera. La nuestra es la primera especializada en este ámbito.
¿Qué perfil de estudiantes recibe?
De todo. En el ámbito profesional, desde los 20 hasta los 45 años, aunque el grupo más común es de 20 a 35 años: personas que quieren especializarse, progresar, ganar mejores salarios o incluso trabajar en Europa. Y en los talleres para amantes del café tenemos desde jóvenes de 17 años hasta señoras de 80 que quieren preparar bien su cafecito de toda la vida. El café une generaciones.
¿Cómo ve el café de especialidad en Canarias?
Ha crecido muchísimo. En 2020 casi no existía y hoy tenemos más de diez cafeterías de especialidad. No es una moda; es una evolución necesaria. Además, algunas cafeterías tradicionales ya sirven buen café de especialidad, aunque no sean puramente specialty. El café empieza a ser protagonista y eso es buenísimo para el consumidor y para las islas.
¿Qué cree que falta o sobra en la cultura cafetera actual?
Nos falta ser más abiertos. Muchas personas llevan toda la vida tomando un tipo de café y al ofrecerles uno de más calidad sienten que «eso no es café». Pasó con el vino, con la coctelería y ahora con el café. Las nuevas generaciones son más conscientes de la trazabilidad y buscan calidad, pero aún hay resistencia. El mensaje es: no se trata de atacar hábitos, sino de invitar a probar cosas nuevas.
El barista es el sumiller del café, es la persona que sabe prepararlo y que te asesora a tu gusto»
¿Ha cambiado el consumidor?
Ha cambiado muchísimo. Ahora pregunta, quiere saber de dónde viene el café y exige trazabilidad. En parte se debe a marcas como las de cápsulas o cadenas como Starbucks, que llevan años hablando de orígenes. Eso despertó curiosidad. Hoy el consumidor busca calidad en todos los niveles: en el de especialidad, en el comercial y en el de la hostelería.
¿Qué papel juega el barista ahora mismo como profesional?
El barista es el sumiller del café. Es quien sabe prepararlo en cualquier método y quien te asesora según tu gusto. Si no te gustan los sabores amargos, nunca te recomendará un tueste alto. Un buen barista es ese ‘amigo’ que te guía hacia el café que realmente te va a emocionar.
¿La hostelería entiende el valor del café de especialidad o todavía queda camino?
Aún queda camino. Muchas cafeterías usan café comercial por precio y costumbre, pero ya ven que el consumidor pide más calidad. El café de especialidad es una pequeña parte del mercado, pero está impulsando cambios importantes. Obliga a mejorar.
¿Qué consejo daría a las cafeterías que quieren mejorar su propuesta cafetera?
Que no tengan miedo. Cambiar una carta o incorporar un barista cualificado da vértigo, pero los beneficios son inmediatos. Con un café con leche bien hecho se puede cobrar más porque el cliente lo percibe como calidad. Es una inversión que retorna muy rápido.
A quien empieza le digo que no se rinda, encontrar cuál es tu pasión es algo que lleva tiempo»
¿Qué tendencia marcará los próximos años en el sector?
Veremos más cafeterías sirviendo café de especialidad, o al menos cafés de mayor calidad. Eso elevará el nivel global de la isla y hará que cafeterías tradicionales quieran ponerse al día. La especialidad no es una moda; está siguiendo el mismo camino que siguieron el vino o la coctelería.
Si pudieras darle un consejo a su ‘yo’ que comenzaba como barista, ¿cuál sería?
Que no se rinda. Durante seis meses pensé que la hostelería no era para mí. Y mira dónde estoy ahora: trabajo en lo que me apasiona, formo a profesores, a estudiantes, a profesionales… y siento que no trabajo porque me encanta lo que hago. Encontrar tu pasión lleva tiempo, pero llega.
¿Qué le gustaría aportar de manera duradera a la cultura del café?
Que el café se puede enseñar con calidez, adaptándose a las personas. No importa la edad: lo importante es querer aprender. Me gustaría que esa forma de enseñar —más humana, más cercana— se mantenga en el tiempo.
Mi café perfecto es una taza filtrada con notas dulces de fruta, toque floral a jazmín y acidez suave»
¿Cuál es el café que más le emociona preparar ahora mismo?
Los filtros de AeroPress o V60. Son un ritual: verter el agua, esperar, escuchar cómo cae el café… sigue siendo mi primer amor.
Describa la taza de café perfecta para usted.
Para mí, una taza filtrada con notas dulces de fruta —melocotón, albaricoque— y toques florales a jazmín, con una acidez suave que recuerde a la naranja. Puede sonar extraño para alguien fuera del sector, pero es muy común en cafés etíopes. Son tazas que enamoran.
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