«Iba muy preparada en el último Campeonato de España y la presión pudo conmigo, vi claro que o paraba o lo que ha sido lo más importante de mi vida, mi gran pasión, iba a acabar conmigo». Naiara Tena (Zaragoza, 11-09- 2003) frenó con 19 años y en 2022 una carrera en la élite del patinaje artístico sobre ruedas que le había llevado a ser campeona de Aragón varias veces, subcampeona de España, tercera en la German Cup, séptima en el Europeo… Paró lo que comenzó en el Club Patín La Almunia con solo 4 años y el patinaje, que había sido el centro de su vida, se mantuvo en ese sitio, orientado en la formación, en esa localidad y en La Muela, que forman el CP Valdejalón y desde hace menos tiempo en Calatorao.
Esta estudiante de Ciencias del Deporte, risueña y apasionada en todo lo que hace, como confiesa, podía haber estirado más esa carrera en la élite, un lustro más quizá, a la que tanto dedicó y que tantos esfuerzos de todo tipo supuso para Sonia y Javier, sus padres, pero decidió dar un paso a un lado porque la ayuda psicológica que recibió no bastó para dejar de sentir esa presión tan excesiva.
«He sido siempre muy competitiva, de las de querer llevar todo al extremo. No me importaba ser campeona si había fallado, prefería que se demostrara mi trabajo, aunque eso no significara hacer podio»
El muro de la mente
«Era una cuestión de que psicológicamente me iba a hacer mucho daño. He sido siempre muy competitiva, de las de querer llevar todo al extremo. No me importaba ser campeona si había fallado, prefería que se demostrara mi trabajo, aunque eso no significara hacer podio», narra, para añadir otro recuerdo de aquel tiempo donde el deporte que ama se convirtió casi en una pesadilla. «Me costó mucho abrirme y contarlo. Para mis padres y mi hermano Ander era muy duro ver cómo amaba ese deporte y que llegara a casa tan cansada y destrozada. Es que, aunque el cuerpo pueda, si la mente dice que no es un muro muy difícil de derribar».
Naiara Tena posa en el parque José Antonio Labordeta de Zaragoza.. / JOSEMA MOLINA
El CP La Almunia es «su otra familia», desde que dio sus primeros pasos tras probar en otros deportes, ballet o gimnasia rítmica, su entrenadora María Marquina fue la que le sacó toda la pasión por el patinaje, a lo que Naiara añadió sus grandes dotes para practicarlo. Llegaron los torneos en Aragón, en España, en Europa, la Beca Excelencia Bantierra, de la Fundación Caja Rural, en 2019, su mejor año sin duda, y en 2020, el parón por el covid y una carrera que después se atascó y que le llevó a dejarla en categoría absoluta. «El entrenamiento con niñas y niños fue apareciendo como claro futuro, vi que lo que más me llenaba era impartir lo que yo había aprendido. Ver que aprenden, disfrutan y se esfuerzan a mí me hace llegar muy feliz a casa cada día».
«El entrenamiento con niñas y niños fue apareciendo como claro futuro, vi que lo que más me llenaba era impartir lo que yo había aprendido. Ver que aprenden, disfrutan y se esfuerzan a mí me hace llegar muy feliz a casa cada día»
Unos 80 niños y niñas, que son clara mayoría, en La Almunia y otros 60 en La Muela dejan claro que el patinaje sobre ruedas llegó allí para quedarse y Naiara presume con orgullo de la tradición que se ha instalado en la Comarca de Valdejalón por un deporte que tanto le ha dado a ella.
«Me ha formado como persona, sé que muchos de los valores y las virtudes que tengo ahora, como la disciplina, el sacrificio o el esfuerzo, han nacido y se han perfeccionado aquí y me han servido de mucho como persona. El patinaje lo es todo para mí, literalmente y en todas las vertientes, en la iniciación que era más juego, en la alta competición y ahora en la formación. Siempre estará en mi vida», cierra, subrayando ese amor que en un tiempo se convirtió casi en dolor.













