Más que como un jarro de agua fría, el caso de Toni González ha sido para el PSPV uno de esos cubos de agua helada que despierta de golpe a quien lo recibe. El conocimiento de dos denuncias que afectan a un dirigente con cierto peso orgánico ha sacado del letargo a la federación valenciana que hasta entonces había visto la crisis en el seno del PSOE por las denuncias de acoso sexual (y la sensación de inacción ante ellas) con evidente contención, perfil bajo y sin ningún tipo de crítica hacia la gestión de Ferraz.
Con las miradas encima, la dirección autonómica del partido ha enmendado por la vía de los hechos cualquier sensación de arrastrar los pies o de titubeo ante un alcalde veterano con cargo en la estructura valenciana y líder de unas de las agrupaciones más pobladas. González ha dejado todos sus cargos orgánicos casi a la vez que se lo reclamaba Diana Morant, pero la diferencia está en que el alcalde de Almussafes defiende continuar con la vara de mando de la localidad que gobierna desde 2015 mientras el partido le exige el acta. Es un puñetazo en la mesa que ha sonado fuerte en un territorio que hasta entonces se mantenía adormecido.
Ese silencio en toda la federación (no solo su cúpula, también en las corrientes alternativas) ha sido más elocuente durante días si se compara con otros territorios. La que más se ha movido en la foto ha sido Adriana Lastra, exvicesecretaria general del PSOE con Sánchez, lo que algunos interpretan como una forma de preparar estrategias ante una futura caída del hoy presidente del Gobierno. Pero también ha habido expresiones contundentes por parte de la portavoz del PSOE de Andalucía, Ángeles Férriz, con su claro «estoy hasta el moño», del crítico habitual Emiliano García-Page («¿por qué se ha estado tantos meses con el tema tapado»?) o la responsable de Igualdad en el Congreso, Andrea Fernández, que pidió una «reflexión profunda» al respecto.
Frente a la marejada de baja intensidad que se ha advertido en varios territorios, la reacción en el PSPV ha sido de contención, cautela extrema y nada de grandes aspavientos. Uno de los motivos es que los socialistas valencianos tienen a sus principales referentes introducidas en las estructuras de Ferraz, lo que dificulta sacar los pies de los argumentarios oficiales: Rebeca Torró es la secretaria de Organización y Pilar Bernabé es la responsable de Igualdad del partido. Las número 3 y 4 en el escalafón de mandos federal.
La presidenta del PSOE, Cristina Narbona: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicesecretaria general del PSOE, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero y la secretaria de Igualdad del PSOE, Pilar Bernabé, durante la reunión de la ejecutiva. / Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
Ambas han tenido un papel protagonista en las últimas horas, varios días después de que estallara el caso Salazar, motor del conflicto. Torró fue la encargada de dar la cara este viernes en nombre de todo el PSOE, admitir que el partido «no ha estado a la altura con las denunciantes» y anunciar medidas al respecto. Su nombre había sido señalado en los días anteriores por la falta de actuación dada su previa proximidad a Salazar. «Ni yo ni nadie de esta organización ha tratado de tapar o de encubrir ningún caso«, dijo Torró. Bernabé, por su parte, dio la cara esa misma tarde ante el resto de secretarias autonómicas de Igualdad, donde el ambiente ha estado caldeado en los últimos días.
El congreso de la prostitución
Pero si los casos de acoso sexual han agitado ahora más las aguas socialistas es porque llovía sobre suelo mojado y se partía de todo lo sucedido en torno al valenciano José Luis Ábalos y los audios sobre la contratación de prostitutas. No es un tema baladí. La abolición de la prostitución se convirtió en la bandera del PSPV durante el 40 Congreso del PSOE celebrado en València al lograr que se incorporara a la ponencia del partido. Casualidades del calendario: aquel congreso fue el que escenificó la caída de Ábalos.
De aquella reivindicación que situó a la federación valenciana como un territorio en la vanguardia del feminismo en el PSOE se había pasado a un PSPV que queda a la expectativa de lo que determine Ferraz, con quien se asegura que se va en «coordinación» en la reclamación del acta de concejal a González. Esa contención de aliento no ha sido solo por parte de la dirección autonómica, donde la citada conexión con la sala de máquinas en el partido y el Palacio de la Moncloa dificulta discursos alternativos, sino también por parte de quienes se habían erigido en elementos críticos.
Nadie del entorno de Bielsa (en el pasado, cercano a Lastra) había levantado la voz para cuestionar la actuación llevada hasta la fecha, no se sabe si para no ser tachados de desleales o si para evitar más estigmas frente a Sánchez. Esta corriente socialista podía sentirse más interpelada ante el caso del alcalde de Almussafes, antes afín a Ábalos, quien formaba parte hasta este sábado de la dirección provincial con un cargo destacado y se había vinculado al proyecto de Bielsa. Pero el caso de González ha hecho también reaccionar al líder provincial, que se ha desmarcado claramente: «Ni la corrupción ni los machistas ni los puteros ni quienes abusan de las mujeres pueden formar parte de un proyecto político democrático, feminista y decente», ha señalado.
La única voz que en los días previos ha se ha salido del discurso oficial, si acaso, ha sido la del portavoz en Corts, exsecretario de Organización y referente de la órbita de los ‘Pelayo’ (los procedentes de Joves), José Muñoz, que ha recordado en X la figura de otra de las destacadas de este grupo, Sandra Gómez, y sus desavenencias históricas con Ábalos.
Así, una vez que la crisis de los casos de acoso ha tocado definitivamente el hueso del PSPV con afección propia, habrá que ver si la reacción inmediata es dar una patada o la pierna se queda colgando sobre la camilla. Será una evidencia de si la federación valenciana tiene constantes vitales propias.
Suscríbete para seguir leyendo











