Los hiperliderazgos han generado uno de los grandes debates del fútbol actual. De un lado, está el modelo de vestuarios donde sus mayores figuras son los entrenadores. Ejemplos: el Arsenal de Arteta o el City de Guardiola. Del otro, clubes tomados por sus jugadores, como el Real Madrid de Xabi Alonso. En el fútbol femenino, las grandes autoridades están todavía por construirse, salvo casos como el de Sarina Wiegman. El triunfo de Sonia Bermúdez con España en la Nations propone una nueva alternativa, alejada del modelo masculino.
Hace apenas cuatro meses que una de las jugadoras más destacadas de su generación, capaz de proclamarse campeona con tres equipos diferentes (Rayo, Barça y Atlético), era nombrada seleccionadora. Sustituía a una Montse Tomé que nunca había llegado a encajar del todo con un grupo que se ha ido transformando tras el Mundial y el caso Rubiales, pero sin olvidar su esencia. Cada nombramiento, desde la abrupta salida de Vilda, se ha mirado con lupa. El prejuicio con el que cargó Sonia Bermúdez: no haber dirigido a un club antes.
Mientras que en el caso masculino se esgrime habitualmente que España es un país de equipos, en el femenino la selección es la joya de la corona. El tesoro que atrae audiencias, algo que, por el momento, no ha conseguido la Liga F y que es imprescindible para consolidar una industria alrededor de esta modalidad. Por esta condición de Santo Grial, lo que sucede alrededor del combinado español tiene siempre un mayor impacto. Sonia Bermúdez, que había sido doble campeona de Europa sub-19 y entrenadora de la sub-23, ha transmitido, en poco tiempo, el sentido de ser ‘una de las nuestras’.
Sonia Bermúdez terminó manteada por las internacionales que se sacaron, en parte, la espina de la derrota en la final de la Eurocopa. En la celebración, tanto la entrenadora como su staff acabaron empapados después de un chapuzón colectivo de una selección que cerró parte de las heridas del pasado. Una cicatrización posible gracias a decisiones como terminar con el ostracismo que sufría Jennifer Hermoso. Fue revictimizada tras el caso Rubiales, a pesar de estar haciendo méritos deportivos de sobra en México.
No hay que olvidar que la actual seleccionadora aparecía también en la foto de la maldita asamblea en la que el expresidente de la Federación, ahora metido a autobiógrafo, se negó a dimitir por el beso no consentido a Hermoso por el que sería condenado. A su lado estaba Montse Tomé, su predecesora. La diferencia entre ambas es que Bermúdez ha sabido tomar las decisiones para traer de vuelta el consenso a la selección que está construyendo una transición generacional desde Alexia Putellas a Vicky López, por citar un punto de partida y otro que ya explica el presente del fútbol femenino español.
Sonia Bermúdez ha tenido la capacidad de transformar la situación desde dentro, conociéndola mejor que nadie. Ha terminado con el mito de la ‘cama’ con el que han cargado las jugadoras desde siempre. La seleccionadora absoluta vivió en sus carnes la tiranía de Quereda, que impuso durante años un trato vejatorio. Las internacionales se plantaron en 2015 contra el miedo y el control que se mantendría en parte durante la época de Vilda, a pesar del triunfo en el Mundial, que dejó fuera a parte de ‘Las 15’, pero no sofocó una rebelión y limpieza que ha avanzado.
Con Montse Tomé ya se abrió la mano con uno de los aspectos que sus predecesores consideraban como un ‘capricho’. Algo esencial como el tiempo libre. Con Sonia Bermúdez, las jugadoras son dueñas de su espacio, lo que ha terminado por fortalecer los lazos con un ‘staff’ que da la cara por ellas. Esa muestra de compromiso también se plasmó en la final a doble partido frente a Alemania, donde la seleccionadora no se dejó amedrentar por Christian Wück, su homólogo germano, quien provocó un tenso apretón de manos.
Sonia Bermúdez, vallecana, fue parte del mejor Rayo de la historia. Una sección que daba lustre al club que la ha dejado morir. Vivió la transformación del Barça en un ejemplo para el resto. Se empapó del ‘soccer’ en EEUU, donde las futbolistas son auténticas estrellas. Trabajó en cafeterías o en un matadero. En pie, todos los días a las 6:00. Comida rápida para irse a dirigir a un equipo de niñas antes de ir a entrenar. Su viaje no es casual, por eso las jugadas llamadas a seguir haciendo historia para el fútbol español han entendido en poco tiempo que la seleccionadora es una de las suyas. Algo que ninguno de los ocupantes de este cargo había podido decir y sentir hasta el momento.











