La sensación con la que se fue el madridismo del Bernabéu fue de rabia. Un sentimiento que se enfrenta directamente con la autocomplacencia que mostraron los jugadores del Madrid y su entrenador, Xabi Alonso, al que ahora todos liberan de culpa. Justo cuando el vasco ha adoptado un perfil a ras de suelo, donde no reprocha a nadie y se queda con competir, sus futbolistas le arropan. Como si lo que fuera a par de ahora en adelante ya estuviese escrito y el vasco fuese un enfermo terminal al que arropar.
Xabi Alonso le da la razón a Pep
El gran protagonista del partido fue Guardiola. El catalán ganó el partido en la previa, durante el transcurso del mismo y hasta en la comparecencia posterior. Porque el consejo que le dio a Xabi Alonso era una evidencia de maestro a alumno que el segundo entendió perfectamente. «Que mee con la suya» y el vasco dijo entender perfectamente lo que decía. Como sabiendo que está atado de manos y brazos, solo pudiendo ganar tiempo, pero nunca crédito. Y lo que es peor, resignándose.
El Madrid quiso proteger al mismo entrenador al que ha quitado todas las herramientas. Lo puso entre la alineación elegida y los suplentes para que el Bernabéu le diese un aplauso. Respondió el Bernabéu, como con la ovación final de la presentación para Mbappé, esperando un milagro que no llegó. Por una u otra situación, el francés no ha estado en ninguno de los momentos críticos recientes, como la eliminación frente al Arsenal. La situación ha llegado a un punto en el que todo depende de los jugadores.
El abrazo de Xabi Alonso con Rodrygo fue como el de un Cristo yacente. Un gol redentor después de una infinidad de partidos en una apuesta que tuvo un fruto demasiado pequeño para el coste de oportunidad invertido. El rostro del tolosarra fue de un profesional cansado que ha puesto el piloto automático y que necesita un descanso que solo encontrará el día que esté fuera del Madrid. Para soportar la presión de los banquillos de primerísima línea se necesita tiempo y poder.
Como el que tiene Guardiola, quien sacó de quicio una vez más al Bernabéu con el olor a un perfume de éxito que le da el haber sido el entrenador que más veces ha ganado en el templo blanco. «¿Cuál sabe mejor? Pues la primera, que fue un 2-6«, dijo con la socarronería que le caracteriza, sabiendo que la versión del Manchester City da para ganar a este Madrid, pero no para conquistar la Champions. Una misericordia con Xabi Alonso y el club que no soporta la afición que le odia.
Zidane, con gorro; el Bernabéu, hasta el gorro
Guardiola tiene casi siempre razón y esa invitación a Xabi Alonso para que pueda «mear con la suya» era una radiografía sincera de lo que está pasando el vasco. Por si fueran pocas las señales que le convierten en un cadáver viviente, Zinedine Zidane estaba de incógnito en el Bernabéu. Aunque es difícil no reconocer su perfil afilado, por mucho gorro con el que se cubra el que apunta a ser seleccionador francés. O eso es de lo que quieren convencerse los sectores que ven en una tercera venida una solución presentista.
Es la filosofía que ha dado combustible al club en los últimos éxitos, pero la misma que va camino de devorar a Xabi Alonso, aunque todas las miradas estén puestas en los jugadores. El Bernabéu de Champions es diferente al de Liga, mucho más comprometido y temperamental. Por eso fue impropio para un equipo que ha ganado 15 Champions haber convocado una ‘busiana’ en pleno diciembre. Lo que debería ser un partido de fase de grupos para asegurar el ‘top 8’ se convirtió en una final improvisada y perdida.
Porque si algo no soporta la hinchada blanca es que le engañen. Por eso, sabiendo además quien estaba en frente, se tomó el encuentro con el tono de ultimátum que se ha impuesto tras los resultados recientes. No hizo prisioneros. Recriminó a Asencio una mala conducción y el canterano se resolvió con una insolencia nuevamente castigada. Esas situaciones acaban pasando factura.
Pero si hay un gran señalado tras el partido ese fue Vinicius, al que sus carreras en el primer cuarto no le salvaron de una pitada silenciada por el Madrid con el Himno de La Décima que alguno no soporta. Porque nadie olvida que aquel cambio en el clásico, aun con el viento a favor, hizo la primera gran grieta de un barco a la deriva que consideró injusta la derrota. Un símbolo de debilidad e inferioridad.














